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 “del Diario de Teresa y Sylvia

Por Maria Ignacia Jeldes

Para comenzar debo decir que leí el libro creo que varias veces. Es una obra muy breve, me consta, pero por ser breve estimo que tiene muchas cosas implícitas que hay que darse el tiempo de descubrir.

Buscando pistas en el libro me fijé primero en su organización: cada Sábado, de Julio, Agosto y Septiembre de 1921, da inicio a un texto. Octubre alcanza a proporcionar dos fechas y de pronto la continuidad se rompe, saltando de aquí al 24 de diciembre. Además entre cada mes hay un texto “libre”, sin fecha, incluyendo el que va después del 24 Diciembre y que da fin al libro. Tales antecedentes revelan una preocupación importante del autor por la estructura de su texto, y considero que es una seña de madurez formal que hace la obra más atractiva. Esto porque no se trata de una ordenación muda, sino que envuelve un significado. La periodicidad de las fechas hasta la segunda semana de octubre nos habla del carácter continuo del libro, que tiene que ver con la relación que en él se describe, con la evolución de la misma y una cierta “ciclicidad” al fijarse, dentro de la ficción de la obra, el Sábado como instancia de escritura. Ahora bien, el salto al 24 de Diciembre sin lugar a dudas también funciona como simbolismo: al instante de leer la fecha, tras el 8 de octubre, nos revela de pronto que se dio una ruptura prolongada en esa continuidad, siendo una fecha que al mismo tiempo evoca nociones de paz, unión, amor, bondad. Por tanto algo de contradictorio hay ahí, de paradójico, hasta doloroso.

Hasta aquí todo lo que he dicho apunta a la forma, nada más. Claro está que al leer el libro, forma y contenido se reciben simultáneamente, pero para efectos del análisis, creo que me resulta mejor mirarlos por separado. Habiendo hecho esa aclaración sigo con los aspectos “arquitectónicos”:

Voz  y voces. La verdad es que incluso hasta ahora tengo la fea duda de cuántas voces poéticas aparecen en el diario. En una primera lectura definitivamente veo dos: dos mujeres que cada sábado - momento en que se encuentran- escriben en un diario en común, aunque una a la vez. Ahora bien, pasa que me cuesta diferenciar cuando está hablando quién. Noto sí a veces un cambio de tono, de actitud, de fuerza en la voz: una de las mujeres se me presenta más débil, sutil, acaso más triste que la otra, y así se me revelan dos personas. En todo caso, mi mayor “evidencia” para hablar de dos voces es contraponer los fragmentos trabajo con la hostil belleza, ya te lo dije... (13) y “trabajo con la belleza” – repetía como siempre (31). Por supuesto, el título parece ser una pista cierta: del diario de Teresa y Sylvia. Pero ¿realmente existen (dentro de la obra) Teresa y Sylvia? ¿no puede ser Sylvia un anhelo de Teresa, un desdoblamiento?. La última parte del libro ayuda a hacer –más- confuso este punto. ¿Teresa cambió su nombre a Sylvia porque extrañaba a una Sylvia real, o por transformarse en la persona amada que nunca existió?.

Todas estas preguntas me hacen darle vueltas a las páginas, buscando respuestas ciertas. Si bien es cierto que la imaginación es activa (y entonces puede que el libro sea efectivamente el diario de dos personas independientes una de otra) estas cosas que no acaban de quedar claras, o que yo no alcanzo a captar, le suman mucho interés. Me parece un admirable ejercicio de escape a la obviedad, a lo que es demasiado evidente para no darle una segunda lectura. Porque releyendo el libro es cuando las posibilidades que he nombrado más arriba pueden comenzar a abrirse, a ofrecer interpretaciones nuevas al lector.

Pero claro, el asunto de las voces poéticas da para más. Pues cuando lee uno el epígrafe final advierte que se le atribuye a una tal Teresa Wills Montt junto a los años 1893 – 1921. Y resulta entonces que Teresa se convierte en una persona real, que vivió y murió en este mundo, aunque el lector jamás haya oído hablar de ella. Lo más probable es que como lector se llegue a la conclusión de que el personaje del libro no toma demasiados elementos de esta mujer verídica. Excepto quizás el nombre y la fecha 1921 coincidiendo en tanto muerte de T.W.M y final del diario. Y entonces la fecha 24 de Diciembre adquiere una nueva significación: se abren aún más puertas para transitar por la obra.

¿Y qué hablar de la poesía que es prosa? Me imagino que el hecho de abocarse a crear a un diario de vida sugiere el uso de prosa. No tengo nada que replicar a esto; me parece que el autor demuestra tener un manejo narrativo, por así decirlo, bastante lúcido. Me enfoqué aquí principalmente en la puntuación, pareciéndome adecuada a excepción de cierta sobreabundancia de puntos suspensivos, que dejan los textos demasiado abiertos, sin que puedan concluirse a sí mismos, como si necesitaran algo más. Creo que en este punto se pierde un poco de solidez  en la escritura, dando demasiada liviandad sin asidero, que sin embargo podría estar justificada en el ánimo de los textos.

Como es claro, sólo con estos elementos, referidos casi exclusivamente a la forma, tengo bastantes cosas que pensar, pero es hora de darle protagonismo al contenido, y comenzar a unir ambos planos si es posible.

Si bien mi dificultad para distinguir certeramente cuantas personas hablan desde el texto puede afectar mi apreciación sobre el logro de la(s) voz(ces) en cuanto femeninas, me parece que debo comenzar por aquí. Como ya decía, unos textos se me hacen más sutiles, más frágiles que otros en sus maneras de expresión y contenido; ahí percibo una diferenciación. Pero mi primer punto a tratar es propiamente la construcción de un hablante femenino. 

Me acerqué por primera vez al libro con el supuesto de que necesariamente el autor tuvo que trabajar con ciertos prejuicios (claro, también pueden ser llamados supuestos) sobre “la condición femenina” para la construcción de la obra, supuestos que se forjan desde el punto de vista masculino. Sin que mi intención sea iniciar una discusión sobre las posibilidades y limitaciones que ofrecen los puntos de vista desde donde uno como escritor se sitúa y que están implicados en la pertenencia a un género o al otro, debo decir que no pude más que leer la obra buscando señales que confirmaran mi idea de que el poeta había operado con ciertas “fórmulas” generalizadas que darían cuenta de la manera en que la mujer se explica el mundo (fórmulas que por cierto también existen para el caso masculino). En estos textos específicos: cómo la mente y emocionalidad femenina procesa una relación amorosa. Que aquí se hace conflictiva y compleja, puesto que el objeto amoroso es otra mujer, por lo que aquí entran elementos como la duda, la culpa, la aceptación, etc, que refieren a múltiples planos de la experiencia personal.

Quizás estoy enredado demasiado el asunto y llevándolo a una esfera que le falta poco para ser psicológica; sé que no es lo que más interesa del comentario del libro. Pero me parece importante extenderme sobre esto para que se vea la profundidad que alcanza el ejercicio poético realizado, tanto aquí como en general en las creaciones ya comprometidas por así decirlo a una voz individual y distintiva. A lo que voy es que el libro entraña un alto número de variables que el autor hubo de tener en las manos, de las cuales no es indispensable ni seguro que se hayan tenido todas en cuenta al momento de creación, pero sí en la instancia de revisión. Por todo esto veo en el planteamiento del tema del libro un desafío ya arduo, que sin dudas necesitó gran trabajo para ser asumido y desarrollado.

Y bien. Tras barajar las expectativas y supuestos de lo que iba a estar en las páginas de del diario de Teresa y Sylvia ¿Qué encontré? Un hablante con una expresión lírica muy bien definida: detallista, profusa, descriptiva. Originales adjetivaciones por doquier, que no carecen de precisión y delicadeza. Hay una solicitud que envuelve los escritos, dotándolos de una atmósfera especial. Y ésta es una de las cosas a las cuales me refería con las “fórmulas generalizadas” sobre la mujer. La figura ideal clásica de la mujer se asocia a la minuciosidad, ligereza, cierta elegancia incluso (claro que también a otros elementos que se alejan de éstos, pero estoy tratando de centrarme en el período 1900, lo cual en todo caso no sé si sea un error). Esto es principalmente lo que me da la impresión que el poeta quiere plasmar, y que en general pienso que logra ampliamente. El hecho de que la mujer corresponda o no realmente - o históricamente - a dicho modelo no es exactamente el punto a estudiar, y da más bien para observaciones de género que me interesan pero que retendré para otra ocasión. Me inclino a pensar que el trabajo reflejado aquí se alimento de lecturas de autoras femeninas; si no fue así, aprovecho de expresar que me parece un esfuerzo que habría favorecido más al libro.

Consideraciones particulares merecen temas que salen a flote en libro, algunos bastante recurrentes, como es la sexualidad, la noción de represión, la extrañeza de la propia condición, entre otros. Es claro el alto erotismo que alcanzan ciertos pasajes de los textos, en algunos siendo el motivo principal, y que hasta en momentos se tornan densos y tirantes. Sin desmerecer en absoluto tales características, pues creo que le dan consistencia, en general estos párrafos se notan sumergidos en la ya mencionada atmósfera sutil. Ahora, me parecía un asunto delicado el poder encontrarme con referencias que muy comúnmente estuvieran ligadas al “mundo sexual femenino”, esto es, lugares comunes que sin dejar de ser ciertos podrían dar pie a una insistencia en ellos que acabarían desmereciendo el trabajo poético. Y la verdad es que no encontré tal insistencia, lo cual me parece loable. Creo que el autor está muy consciente de que la obra se centra en la relación de dos mujeres, por lo que el cuidado que veo puesto ahí es sobresaliente. La delicadeza a la cual aludía está presente de manera muy potente en esta forma de plantear una instancia erótica que se da entre las supuestas Teresa y Sylvia, y no tanto necesariamente en el lenguaje y poesía misma que versa sobre lo erótico en la obra, puesto que no está exento de toques de aspereza que liberan a los textos de un extremo carácter almibarado. Lo que puede jugar en contra aquí son ciertas expresiones o palabras que me parecen francamente forzadas, quizás por la misma intención de dar con un lenguaje que se desentienda de alusiones demasiado comunes. Un ejemplo de esto es: “su siniestra se desplaza por la calma espalda, mientras desliza su diestra por el postrero...” (18).

Aludiendo ahora a otras referencias habituales en relación a las mujeres, creo que en general no están mal situadas, y ayudan a dar una dimensión de realidad al lirismo presente, que dentro del contexto de “diario” es positivo. Algunas de ellas son el maquillaje, la primera menstruación, el corsé, los inciensos y las velas, etc. Y qué decir del mismo hecho de representar un diario, que es muy asociado a una conducta femenina. Una pequeña cuestión aparte: personalmente me agradó mucho el comentario a propósito de Lucrecia Borgia; de un sopetón me dio una imagen más clara del tipo mujer que podría estar diciendo eso, sin duda alguien que tuviera cierto nivel de instrucción, conocimiento de la historia, en fin.

Como última cosa quisiera puntualizar un aspecto menor, pero que forma parte de mi opinión. Hay ciertas repeticiones que creo que están demás, o que pudieron haberse aligerado. Apunto principalmente a la página 9, donde creo que repetir una frase seis veces en un texto pequeño es más que suficiente.  Puede ser que el “yo no sé como se llama esto” me hostigue un poco en cuanto la llena de indicaciones físicas. Realmente quizás es solo una cuestión de empatía.

Pero en fin, estas últimas son cuestiones mucho más acotadas que en todo caso están subordinadas a las impresiones más generales ya explicadas. Espero haber traspasado una revisión de del diario de Teresa y Sylvia con el detalle que la obra amerita.

 

 

 

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