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..Entrevista...........................................................Heberto Padilla Dentro del Juego

 

N.A. ¿A qué otra nación te recuerda Cuba?

H.P. Cada día más a Haití, donde hay esa deformación histórica que es el miedo a un poder colonialista, como la Francia de aquella época. Como no había nadie que lo amenazara, Jean Christhophe creó aquella fortaleza: una ciudadela hecha con la sangre del propio pueblo. Creó otra tiranía. Pero hasta Haití está entrando hoy en un proceso de democracia, desde el propio ejército.

 

N.A. El gobierno castrista afirma que ellos tienen su “perestroika”.

H.P. Sé que lo dicen. Por ejemplo, Fidel Castro ha reiterado que el suyo no es un gobierno militar, y no se ha quitado el uniforme hace treinta años. Tiene, ademas, 5 ooo soldados en Angola. No olvidemos que la estructura de los partidos comunistas en el mundo entero es como la de un ejército civil. Pero algún día la gente se cansara. Hasta ahora, en el continente Cuba es al única experiencia que la pasión deformó.

 

N.A. ¿Quiénes fueron responsables de esa deformación?

H.P. En parte la personalidad de Fidel Castro; pero en parte también, la mala política inicial de los Estados Unidos.

 

N.A. ¿Cómo ves la actitud de los intelectuales con respecto a Cuba?

H.P. La izquierda intelectual de América Latina es un poco primitiva. Como Castro, es enemiga de todo debate abierto.

 

N.A. ¿Lo crees de verdad?

H.P. El comunismo ha sido una ronda de pesadillas. El menor crítico del comunismo lo entiende hoy. En la Unión Soviética todo el partido está moviéndose en un sentido de rectificación radical. Muchos consideran que, al haber asumido la presidencia, Gorbachev contradice la política de descentralización que proclama. Pero creo que va a lograr que el presidente y el secretario del partido desempeñen el papel que verdaderamente les corresponde y que el partido sea en efecto republicano y demócrata. El secretario no tiene por qué ser forzosamente el presidente del país. Se ha intentado varias veces en la Unión Soviética separar ambas funciones, de modo que el partido no tenga un papel administrativo, como lo tiene, y el secretario no se identifique con el gobierno. No se puede seguir así.

 

N.A. Esa duplicidad necesaria en la descentralización del poder, ¿es ya un primer paso?

H.P. Sí; es muy positivo lo que está ocurriendo en el mundo comunista europeo. Y en relación con Castro, más todavía. Su política, no soviética sino sovietizuntey estuliniuna, lo acorrala y lo revela como lo que realmente es: un ansia de poder.

 

N.A. Y para conservarlo cambiará de piel cuantas veces sea necesario.

H.P. No, porque no es un hombre libre. Le tiene mucho miedo a la libertad. Pierde poder. Ha tenido deserciones importantes como la de Del Pino, un general negro de Playa Girón; como la de Aspillaga, un hombre de la nueva generación que ha descrito claramente su política represiva. Hay mucha gente descontenta en el país. Pero Fidel Castro seguirá peleando su revolución en el extranjero. Stalin seguía siendo Stalin afuera cuando ya no era Stalin para su pueblo.

JORGE ULLA: Mira el caso de Tony Valle, el “secretario cubano” (así le decían) de García Márquez, que acabó por asilarse.

H.P. Era historiador profesional y hombre de confianza del sistema. A García Márquez no se le puede poner un secretario que no sea respetado y aprobado por el gobierno. Primero aceptó sacrificarse: mintió para sobrevivir, como lo hizo con García Márquez; pero luego no pudo soportarlo.

 

N.A. En México se sigue creyendo que el nivel de vida de los cubanos es satisfactorio y que en Cuba los problemas están resueltos.

H.P. Es lamentable; Cuba no es una alternativa por que se enfrente a los Estados Unidos, y hay mucha gente descontenta y desencantada. ¿Para qué ir más lejos? Mira a Noriega: en Panamá estaba en la nómina de la CIA y ahora se enfrenta a sus antiguos jefes. ¿Esto lo convierte en un revolucionario marxista? No. Noriega se arma de la retórica de la época, como en el siglo pasado todos los tiranos con la retórica de la revolución francesa. Hoy el legado de la revolución francesa no parece tan claro ni su influencia en la democracia moderna tan decisiva como se pensaba. La democracia, en Francia, Europa Occidental y en Estados  Unidos, se debe más al parlamentarismo británico que a las ejecuciones sumarias de la Revolución Francesa. La organización bicameral y todo  el tejido de   la sociedad británica -que culmina en 1776 en la fisonomía de Estados Unidos- tuvieran en la práctica imitadores más afortunados que los revolucionarios que dispusieron la monarquía en Francia. Todavía puede conmovernos la elocuencia de Mirabeau o de Danton, pero muchos de los derechos ciudadanos que hoy disfrutamos dependen más del ejercicio parlamentario de oscuros políticos de una de las naciones más conservadoras de Europa, y de sus imitadores eficaces, Francia entre ellos.

Los marxistas, siguiendo las posiciones teóricas de su maestro, se apegaron a las recetas de aquella revolución, tratando de no repetir errores. La revolución de octubre es un calco metódico de las formulaciones mas primitivas de la revolución francesa, que duró muy pocos años pues inmediatamente vino el correctivo: Napoléon, y que acabó con todo pero no con esa carga de retórica simplificadora y cruel. Al leer a Robespierre o a Saint Just uno se pregunta cómo es posible que sus conceptos los haya tomado Marx y los haya repetido Lenin. Esa ha sido la norma de todo el pensamiento teórico político del siglo xx. Es monstruoso. Algún día nos referiremos a todo esto con horror, pero como algo superado.

 

 

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