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EL CANTO LUMINOSO DE LA TIERRA
Wilüf Elkatun Mapu


cuatro poetas williches

 



1 Indice
I. Presentación
II. Bernardo Colipán
Siempre está lloviendo en la memoria
III. Jaime Huenún
Ceremonias y Reducciones
IV. Cesar Millahueique
Profecía en Blanco y Negro
V. Paulo Wirimilla
Palimpsesto

 

PRÓLOGO

Este libro que hemos denominado El Canto Luminoso de la Tierra es un saludo a la palabra de los poetas mapuche de este tiempo. Recoge textos editados e inéditos de cuatro poetas habitantes de distintos paisajes, pero de una sola pertenencia, la mapuche williche.

El canto es luminoso cuando emerge desde la profunda raíz, cuando desde la primera infancia se escuchan los primeros cuentos, las primeras fiestas, y los rasgos de los rostros de un pueblo que propiamente se denomina "gente de la tierra".

La poesía mapuche es un diálogo amoroso con la tierra y quienes la habitan, es una advertencia y una señal para estar atentos a las enseñanzas del universo.

Los poetas mapuche se empapan de misiones y la primera de ella es hacernos visible lo invisible. Es una invitación de respeto y una demanda de vida buena sobre esta acogedora madre tierra, tan ignorada y sometida a la ignorancia civilizada de un resto de mundo llamado civilizado.

Que esta luz y sus penumbras que nos hablan de un mestizage no siempre asumido por nuestra sociedad contribuya en algo a preparar futuras praderas y galopes a campo traviesa, de otros hombres, más hermanos, más humanos.

Bruno Serrano
Coordinador
Area Culturas Originarias
División de Cultura. Mineduc.

 

I. PRESENTACIÓN

La existencia de sociedades multinacionales en Latinoamérica es innegable, como es innegable la diversidad de pueblos que conviven al interior de Chile. Sin embargo la identidad chilena, suele renegar de nuestro carácter mestizo y es intolerancia lo que por siglos hemos demostrado a las culturas indígenas. No podemos mensurar cuánto daño nos hemos hecho al no integrar la creatividad y las propuestas culturales de los pueblos originarios.

Toda exclusión es una acto de violencia contra otros y otras. En el caso de la exclusión cultural, lo que se margina es el modo de vida de personas pertenecientes a los pueblos originarios y se afecta toda la existencia de comunidades, personas y sociedades indígenas.

Nuestra corporación parte de la premisa que es necesario trabajar para provocar un diálogo que se articule desde cada uno de los temas significativos para la cultura. Es decir las culturas sociales, religiosas, de salud, del arte, del folklore, etc.

Una nueva perspectiva necesitamos chilenos/as y mapuches, que esté orientada al pleno reconocimiento de las capacidades de las tradiciones y conocimiento mapuche, partiendo de la base que el contacto entre mapuches y chilenos/as es especifico y esta impregnado de historia. Estos poetas, estas poesías que presentamos son otro eslabón para construir una armonía que se da desde la diferencia. Estos poemas son material para una nueva relación entre las muestras culturales, y no pueden tener otro fundamento que la construcción de una sociedad en que lo espiritual, lo humano y lo cósmico están vinculados a la libertad del pueblo mapuche, a su autonomía y su dignidad, esto es un elemento clave de un diálogo real para nuestra propia dignidad.


Carlos Liberona.
Corporación AYUN.

 

 

II. BERNARDO COLIPÁN FILGUEIRA

SIEMPRE ESTA LLOVIENDO EN LA MEMORIA

Bernardo Colipán Filgueira. Nacido en Rahue, Osorno 1967, es poeta e historiador. Actualmente se desempeña cpmp profesor de Desarrollo comunitario y es profesor de la cátedra de Territorio y Medio Ambiente de la Escuela de Diseño de la Universidad de los Lagos.

Ha publicado jnuto a Jorge Velásquez "Zonas de Emergencia". Antología crítica (Poesía del Sur de Chile). Ediciones Páginadura, Valdivia 1994. "Pulotre: Testimonios de vida de una comunidad huilliche 1900-1950" (Historia). Editorial Universidad de Santiago. Stgo, 1999..

Ha sido antologado en: Desde los Lagos: Antología de Poesía Joven, 1994; Antología de Poesía Joven. Ed. LAR 1998; Voces del Silencio, Antología de poesía Joven, 1997; Selección Nacional de Poesía "El Joven Neruda", 1998.

Ha sido distinguido con la Beca Fondart de creación literaria, 1997 y con la Beca de escritor del Fondo de Fomento del Libro y la Lectura, 1998.

El conjunto de poemas de este libro forma parte del libro inédito "Siempre está lloviendo en la Memoria".



SIEMPRE ESTA LLOVIENDO EN LA MEMORIA

Para Alen, luz derramada
por los astros en la noche

El invierno trae en sus ojos
caminos por donde se alejan
todas las carretas.
Fantasmas buscando el vino
que brilla en la oscuridad
soledad de los armarios.
Aún nos queda buscarnos
calor en nuestros cuerpos
como se busca la moneda más escondida
dentro de los bolsillos del padre. Soñarnos
los unos más fuertes que otros mordiendo
el mismo cordón umbilical.
Inicia el camino de regreso
a esa parte del mundo donde uno podría
escuchar la respiración del río. Ver
a la soledad girando
como una rueda
en torno a su propio movimiento,
Allí uno podría sorprender
a Wenteyao mirando al vacío
de agua entre sus manos.

 


NOS JUNTAMOS Y VIMOS EL ECLIPSE DEL SOL

Fue un día de cosecha, allá donde los Llanquileos
Nos juntamos nosotros los huilliches
y el sol.
Yo tendría todo el temor alojándose
en lo húmedo del pulmón izquierdo.
Asistimos a la muerte del sol.
Lo velamos en cuerpo presente.
Rezamos y vimos su rostro
reflejado en la fuente
con agua.
«Anty Kushe, Anty fvcha wentrv».
Tres veces nos arrodillamos
y el canto
no cayó al vacío.
Así era la idea hace mucho tiempo.
Ahora podemos estar tranquilos.
Apagar el tizón.
Ya están cantando los gallos. Celestes
se ven los cerros
de San Juan de la Costa, el sol
evapora el rocío de los techos y la noche
cae nuevamente en su mordedura.

 

NOCHE DE WETRIPANTU

Anochece. Una mano dibuja en los vidrios
el rostro de una helada, cuyo nombre ha olvidado.
Los manzanos sueñan la felicidad
de compartir el mundo con los pájaros.
La Nueva Salida de Sol ilumina
el camino de los perdidos.
El invierno hunde sus pies
dejando una huella sin forma.
La estación de las lluvias es nuestro único consuelo.
Noche de Wetripantu. Un nuevo orden perdura en las cosas.
La memoria recupera el silencio
anterior a la palabra.

23 de junio 1997

 

POLVO DE NGUILLATUNES

Las bandurrias vuelan en bandada.
Bajo las piedras algunos insectos
corren perseguidos por otros.
Harina tostada y muday
ardiendo en el fuego sagrado.
De rodillas esperamos la salida del sol.
Con el rocío las oraciones ascienden
hacia «La tierra de Arriba».
La tierra vuelve a ser jardín
poblado por antiguos pasos
una página en blanco
una vasija
en donde cabe todo
un puñado de semillas en un instante.
El fin de mi aliento es
el comienzo de otro.
Nuevamente la palabra traduce
la reunión de las cosas.

 


FACHIANTU

«Había en mi un alma que no sólo era mía
un alma pequeña en aquel mundo lejano»
P. P. Passolino

En casa de Isidora Maripán sorprendimos a Dios
llorando dentro de una semilla. Verde
fue el grano crecido
debajo de las piedras y celeste
el color
que se apoyó en su silencio.
Más dicen los hermanos
dicen
que ciegos los pájaros
aletearon dentro de los huevos.
Que la nada atrajo su vacío.
El silencio apuró su palabra.
La noche llenó su mañana y en los árboles
larváricas
durmieron las mariposas.
« Y nosotros no fuimos nada
en esa vida y por eso doblamos
las rodillas al rayar el sol.
Pedimos bendición por el tiempo. Por todos
los tiempos». Y nosotros
soportamos el dolor del vacío que se abrió
dentro de las manos y esperamos
a que entre las aguas
abiertas de los cántaros
no exista más distancia que un átomo
y sobre este bandurrias intentando
quebrar con sus graznidos
el sueño escarchado de Dios.

*Palabras de Dn. José Ñancumil, huilliche de Isla de Huapi.

 

PUTRENTEN, PUTRAPE
PUTRENTEN, PUTRAPE

Sólo tenemos recuerdo que el cielo estuvo gris.
El mar vino por nosotros.
No lo esperábamos, simplemente era
el final de nuestro viaje.
Llegó cuando el sueño fue más pesado.
Cuando en el cansancio del cuerpo
uno suelta toda la vida.
Nuestros ojos eran espejos apagados
mirando la tierra que se hundía.
Se llenó la boca de soledad.
Apoyados nos quedamos en el inestable
equilibrio de la muerte,
«unos mapuches se encontraban
mariscando en la isla
ellos alcanzaron a salir gritando:
PUTRENTREN, PUTRAPE
PUTRENTREN, PUTRAPE»(1)
Entonces nos cobijamos
en la más oscura eternidad.
Mejor fue no haber escupido más
saliva de la que teníamos.
La vida fue algo como una carcajada.
La muerte
labios que seducen tanto como el vacío.
Hueso y carne para sentir
cuánto duele el mundo a una altura
en que no importa saber que la sombra
es anterior al hombre que la sigue.
Tuvimos un gusto de tempestad en los labios.
Partimos un pan tan blanco como las raíces de una nalca.
Ahora pienso en el pie, la mano
lo que a uno le queda en el pecho
y busco en el mar el camino
y solo está el agua palpitando
en la orilla de los sueños..
Ahora pienso en todo el silencio
silbando dentro de los huesos
y en la cicatriz que se abría en el cielo.
Todo se quedó en el tiempo.
Todo se hundió allá lejos.
«Esta lo tengo en mi corazón
como si sólo fuera ayer».(2)

«Que crezca la tierra, que crezca la tierra».
(1) Filomena Maripán.
(2) Froselia Naipán.

 


VINIERON POR NOSOTROS, PALABRAS
DE LEVANTAMIENTO NOS TRAJERON.

«Así dicen ocurrió la guerra»:
Vinieron por nosotros los patriotas, palabras
de levantamiento nos trajeron.
«Que vengan nuestros señores caciques»
Que nos acompañen pues, tenemos la desgracia entrando
como una espina, en la palma de la mano.
En sueños alguien vio salir del monte una animalito.
Hubo sospechas en quienes no alcanzaron la señal.
Salimos sin despertar al tiempo
que dormía como una gato en el fondo de la casa,
«Llevamos nuestros capitanejos, sargentos, fiscales
y cuatro de nuestros caciques».
Maipo se llamaba la tierra, lugar donde ahora
transitan las carretas.
Era la vida flotando ciega borracha
negándose a reflejar lo que no sea la negra
transparencia de cuchillos.
Así, nos encontramos nosotros
agazapados tras los matorrales.
hiriendo para cobijarnos del frío
de un solo tajo a la noche.
La muerte crecía lenta como las uñas
y con su lengua dibujaba
el contorno de las almas.
Entonces pues, terminó la guerra
ensillaron
los conas sus caballos.
«Murió peleando mucha gente, españoles muchos.
Mi abuelo trajo dos machetazos de sable en la cabeza».
Hubo quienes no alcanzaron el camino de regreso.
Atrás nuestros pies dejaron
el polvo de las batallas.
Nuevamente juntos ahora buenas vacas comemos.
Somos felices, si pero también lloramos
por quienes esta noche
no están junto a nosotros
buscando
el lugar indicado en donde
cicatrizar también sus heridas.

("). Domingo Quintupurray en «Viaje al País de los Manzaneros».
Estudios Araucanos, Rodolfo Lenz 1895 - 1897

 


KONAQUL

A José Santos Quilapán.

En la mañana se posesionaron de ti
dos anchimallen.
Y te causaron tristeza.

Y te vinieron a ver
dos anchimallen.
Aunque te hubiesen llevado por toda
la tierra abierta.
Cobrarás nuevo ánimo.
Capitán de mocetones.
Confusa es la palabra del cuchillo
clavado en la tierra. Luminoso
el misterio
anterior a nuestras vidas.
Cabalgarás de nuevo en tu caballo,
Pillán de regiones celestes.
Aún late en tus manos el corazón
del cordero
muerto en la mañana.

 

MALÓN DE KURIÑAMKU

De las tierras del sur nos llegan
noticias de un malón.
Listos están nuestros üllmenes, sanos
y despiertos los kapitanes.
A la tierras del Norte nos llevarán
los caballos celestes.
Ya viene, pues, la mañana, hermanos.
Para todos tendrá la suerte
muchos animales.
Despierta, hijo, a tus mocetones.
Si ganas traerás mujer para casarte.
La soledad la ocultaremos
debajo de las piedras.
Tu corazón, hijo
saltará
alegre como un choike.

 

YO SOPLARÉ UN ESPÍRITU SI
ROBARAN TU ALIENTO

Si algún día te robaran el aliento
yo soplaré mi espiritu
dentro de ti
para llenar el vacío.

 

CAE LA NOCHE EN MAICOLPUE

A Roxana

No importa que mañana las nubes oculten
al lucero del amanecer.
Estoy dispuesto a esperar contigo
a que pasen la últimas lluvias.
Tú y yo, con los bolsillos vacíos, podríamos comprar
lo mejor que el mundo ofrezca.
De Tril-Tril bajan carretas cargadas con carbón.
La radio anuncia mensajes de familias llegadas
de pueblos lejanos.
Aún quedan en la arena las huellas de los duendes
que bailaron en la playa.
El aire fino vuelve a la montaña.
Cae la noche en Maicolpué.
El mirar como el soñar desatan nudos de una
conciencia imaginada.
Yo escribo este poema para ti.
Es también mi trabajo.
En los cerros la noche no es espacio
sino amenaza de eternidad.
Brillan luces de algún entierro.
Una linterna ilumina el camino de regreso.
En la casa,
las polillas se embriagan con la luz de la ampolleta.
El silencio retorna sus rincones.
Junto al fuego duerme el niño
que un día tendremos juntos y el vacío
apenas podría hoy
soñar con una estrella, humeando entre sus dedos.

 

CUANDO DE VIAJE SALGAS AL MAR

Cuando de viaje, hija, salgas al mar
ten siempre en tu corazón a Wenteyao.

Llegar hasta allí es tu destino.

A kanillo, kalkus y anchimallenes no temas
tales espíritus nunca hallarás
si tu alma no los pone en tu camino.

Deseo, Alen, que el camino sea largo.

Detente
En Pucatriwe, Choroy
Traiguen
Recolecta, como tus antiguos rulamas
lunfo y sobre todo algas
todo tipo de algas.

Con la shumpall de Caleta Manzano
comparte los dulces cantos de tu madre.

Pero no apures tu viaje en absoluto
mejor que muchos ríos cruces.

Deseo, hija, que no manquée tu caballo.

Deten tu viaje en los catrihues.
Detrás de un cielo azul te hablarán en voz baja.

Y si pobre encuentras la isla
el viejo no te ha engañado
hermosa, como has llegado a ella, sabrás
del lugar
donde los pájaros van
a nacer con los ojos cerrados.

Para Alen y su día
En que se puso de pie en esta vida.
12 de Enero 2001.
Walung.

 


NOSOTROS AMABAMOS EL VIENTO

Nosotros que amábamos el viento
que golpeaba los techos de zinc en la noche.
El camino sin nombre de un pueblo.
Los feriados de semana santa,
sólo a ratos sentíamos
al silencio
entrando en la vibración
que ahora nos arrastra.
Pero torcimos el aliento
oculto detrás de la palabra.
Y terminamos el Uno
buscándose en la mirada
del Otro. Solos,
como animitas a la orilla del camino
nos abandonamos sin comprometer al tiempo en ello.

 

PARA TODOS TIENE EL SILENCIO, UN GESTO.

Tarde de domingo.
Lana secándose en un cerco de alambre.
En la esquina un caballo espera que lo vistan de fiesta.
Los niños regresan al colegio con bolsas
cargadas de pinatras.
Tu sostienes un racimo de mentas
recién arrancadas. yo miro detenerse
el río ante tus ojos.
Tarde domingo
Nos abandonamos dormidos bajo los cerezos
esperando el momento que caiga
de sus ramas el mal sueño que un día
nos negara el nombre de una estrella.

Y tenemos todo el tiempo por delante.
Y la noche puede venir por nosotros si quiere.

Para todos tiene el silencio un gesto
una palabra
unos ojos abriéndose en otro tiempo.

 

NAUFRAGO DE MI MISMO
EN UNA GEOMETRIA DE VOCES ENTERRADAS

A José Dolores Colipán, quién con su alma
paralela a la nuestra, nos sueña
desde otro mundo.

Mudo es tu recuerdo, Padre, que me hace vivir
de la sangre cuajada de tu abandono.
Naúfrago de mi mismo en tu geometría de voces
enterradas, guardo el trigo de tu última cosecha
para fermentarlo en los cántaros
negros del silencio.
Nada tengo.
Si no fuerzas
para arrebatar al vacío, lo que por derecho
pertenece a la memoria.

 

CALETA MANZANO

«Permíteme sacudir el polvo
de mis vestidos
no es demasiado tarde
para regresar a los cerros»
Po Chu-I.

Siempre fue más fácil
preocuparnos de escuchar la canción
más tocada en las radioemisoras.
El ojo vuelve a su brevedad
la mirada
a lo posible.
Del Banco aserradero que está atravesando el río
junto a la casa de Don Candelario Aucapán:
No quedará nada.
Ni el alcalde de la comuna con sus concejales
ni el secretario de Obras Públicas anunciando
la construcción de una carretera costera en comunidades
huilliches de San Juan de la Costa.
Nada, sino un trompo girando en el granero
vacio mde la señora Adela, restos
de cántaros esparcidos
en la orilla de la playa,
el silbido a medianoche
de un sumpall en Caleta Manzano y la ausencia
dejando en nuestro pecho, una mano sin dueño.

 

PULOTRE 1916

Varias veces la muerte intentó cuajarse
en el aire y con su dedo dibujó el perfil
de un rostro que no era el mío.
Llegó buscando la señal
tatuada en la hoja del Latúe.
Ahí, se desarmó toda esa familia.
Trataron de sonreir pero algo en ellos
se deprendía. Y luego los envolvieron
a cada uno en sus frazadas.
Y yo solo contaba quince años
cuando vi a la vida huir como un perro
arrojando a sus cenizas.
Entonces le dije a mi hermano:
Permanece tranquilo.
La muerte es un accidente, lo demás, no tiene importancia.

 


CONJUROS

Puede que sea cosa de esperar
bajo el umbral de la casa
a que un temblor sacuda al invierno
tendido en los cordeles de ropa.
«También me dicen: «amarrar un cordero
negro y solitario
hasta que baje la lluvia».
Y que arrojando sal al brasero confundimos
el camino de los kalkus.
Y yo les digo:
«Es bueno soñar con señales
reflejadas en la luna y reconocer
en tu rostro
al solitario día que pasa
sin la luz de tus ojos».

 

III. JAIME HUENÚN

CEREMONIAS Y REDUCCIONES

Nace en el sur de Chile en 1967. Estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de la Frontera de Temuco. Sus textos han sido publicados en "Cartas al azar", 1989, y en "Simpson siete", revista de la Sociedad de Escritores de Chile, al igual que en la revista "Pewma" (N°1, Temuco, primavera de 1994).

Ha sido antologado en "Zonas de emergencia". Poesía-Crítica; "Poetas jóvenes de la X Región". Compilación y edición de Bernardo Colipán y Jorge Velásquez, Valdivia, Paginadura, 1994.

En 1999 obtuvo la Primera Mención de Honor Premio Municipal de Literatura, Santiago, 1999, por su libro "Ceremonias", entre otras distinciones.

Los poemas seleccionados en este libro corresponden a "Ceremonias" y los textos inéditos a Reducciones.

 


EN LA CASA DE ZULEMA HUAIQUIPÁN

Junto al río de estos cielos
verdinegro hacia la costa,
levantamos la casa de Zulema Huaiquipán.
Hace ya tantas muertes los cimientos,
hace ya tantos hijos para el polvo
colorado del camino.
Frente al llano y el lomaje del oeste,
levantamos la mirada de mañío
de Zulema Huaiquipán.
Embrujados en sus ojos ya sin luz
construimos las paredes de su sueño.
Cada tabla de pellín huele a la niebla
que levantan los campos de la noche.
Cada umbral que mira al río y los lancheros
guarda el vuelo de peces y de pájaros.
Bajo el ojo de agua en el declive
donde duermen animales de otro mundo
terminamos las ventanas.
Y en la arena hemos dejado nuestras sombras
como estacas que sostienen la techumbre
de la casa de Zulema Huaiquipán.

(inédito)

 


UMAUTULI

Evaristo Huaique yace en la cuneta del camino.
Borracho desde Osorno, dormita largo y ancho entre
los pastos y la fría neblina de noviembre.
La manta de Castilla de su padre lo protege de
los vientos veleidosos; el cuchillo de monte en la
cintura, aleja a los brujos y a los duendes del sueño
y del camino.
Duerme Huaiqui bajo el cielo de la noche de San Juan.
Duerme y habla en pendenciero castellano,
a los viejos animales de la sangre y del espíritu:

No hubo muerte, padre nuestro, no
hubo sangre, no
hubo peuco picoteándome los ojos,
ni un cuchillo brillándose en la noche, ni una
piedra marcándose la frente.
Un caballo hundiédose en el agua
Me nadaba lo sueños
hasta el alba
y un cernícalo de aire y de oro
anidaba en mi cabeza
y en mi luz.
No hubo herida, no hubo hambre, sí silencio
en mi mano y en mi oreja izquierda, sí
mariposa roja de la tierra
negra y roja de los campos de San Juan.
Muertos hubo entre las ramas de los árboles
y el en vuelo
de los peces de laguna
y en la flor de topa topa
las abejas
se comían a una muerta dando a luz.
Esto vide, padre nuestro, no
mi muerte,
pues los sueños no son para morir.
Esto vide en los montes
de otra tierra
donde nace muere el sol
que alumbra al sol.

(Inédito)

(De Ceremonias)

 


FOGÓN

Menos que le silencio pesa el fuego, papay, tu
gruesa sombra que arde
entre leños mojados;
menos que el silencio a la noche
y al sueño,
la luz que se desprende
de pájaros y ríos.

«Hermano sea fuego», habla, alumbra
tu boca,
la historia de praderas y montañas
caídas, la guerra entre dioses, serpientes
de plata,
el paso de los hombres
a relámpago y sangre.
Escuchas el galope de las generaciones,
los hombres enterrados
con cántaros y frutos,
la lágrima, el clamor de lentas caravanas
escapando a los montes de la muerte y la vida.

Escuchas el zarpazo del puma
al venado,
el salto de la trucha en los ríos
azules;
escuchas el canto de aves adivinas
ocultas tras helechos
y chilcos florecidos.

Respiras ahora el polvo de los nguillatunes,
la machi degollando al carnero
elegido;
respiras ahora el humo ante el rehue, la hoguera
donde arden los huesos del largo sacrificio.

« Hermano sea el fuego», dices retornado,
el sol ancho del día
reúna a los hermanos;
hermanos sea el fuego, papay, la memoria
que abraza en silencio la sombra
y la luz.

*Papay es el nombre afectuoso que se da a las ancianas.

 


ENVIO A ANAHÍ

Era madrugada y yo
cortaba flores para ti en mis libros de poesía.
Llovió largo sobre el mundo y en mi sueño
se abrieron los primeros rojos brotes de poroto.
Hacia el bosque volaron los güairaos,
y el tue-tue cantó tres veces
sólo para confundirme.
Amanecí después: mariposa era el cielo,
liebre era la tierra corriendo tras el sol.
Te vi luego zumbrando en las celdillas de la miel,
haciendo olas en la blanca
placenta de tu madre.
La muerte es lo que escribe
el agua sobre el agua, me dije contemplando
el rocío de las hojas.
Lloré, entonces lloré,
sólo por el delirio de respirar tu aire.

 

CISNES DE RAUQUEMÓ

Buscábamos hierbas medicinales en la pampa
(limpiaplata y poleo, yerbabuena y llantén).
El sol era violeta, se escarchaban los pastos.
Bajaba el Rahue oscuro , ya sin lumbre de peces.

Oímos mugir vacas perdidas en la Vega,
y el ruido de un tractor camino a Cancha Larga.
Llegamos hasta el río y pedimos balseo,
un bote se acercó silencioso a nosotros.

Nos hablaron bajito y nos dieron garrotes,
y unos tragos de pisco para aguantar el frío.
Nadamos muy ligero para no acalambrarnos.
La neblina cerraba la vista de las orilla.

En medio del junquillo dos cuerpos de agua dulce,
blancos como dos lunas en la noche del agua,
doblaron sus dos cuellos de limpia plata rotos,
esquivando sin fuerzas los golpes y el torrente.

Cada uno tomó un ave de la cola o las patas
y remontó hacia el bote oculto entre los árboles.
Los hombres encendieron sus linternas de caza
y arrojaron en sacos las presas malheridas.

Nos marchamos borrachos, emplumados de muerte,
cantando unas rancheras y orinando en el viento.
En la mitad de la pampa nos quedamos dormidos,
cubriéndonos de escarcha, de hierba y maleficios.

 

PARLAMENTO DE HUENTEAO EN LA ISLA PUCATRIHUE*

Si debo decir algo diré el peso de la piedra en que me han convertido mis paisanos. Mojados por la espuma, lejos de las sementeras y los caminos, nido soy de las gaviotas, el duro territorio de los caracoles y otros animalitos del mar.

Los hombres que ahora veo se hincan en la arena, agotados por el viaje y la memoria. Me ruegan y me hablan con hilachas de un idioma ya intratable, el que un día compartimos. La fuerza de sus sangres ha quedado en el camino. Viejos y temerosos, se entregan a un poder que nunca tuve.
Pronto partirán con sus cosechas de algas y pescado, la pobre ración de sus afanes. El pan y el tabaco que dejan en mis rocas serán para las olas, los ramos de trigo y de flores caerán en las oscuras almas de la profundidad.

El turbio remolino de los tiempos nos aparta nuevamente. De piedra e invisible, eterno en la vejez a la que estoy condenado, hablo solo bajo el cielo del amanecer.

*Huenteao o Huenteyao: espíritu huilliche que habita un islote de rocas en Pucatrihue. Hasta él suelen llegar viajeros y lugareños a pedir permiso para pescar y recolectar lo que deja el oleaje sobre la arena.

 


CRÓNICAS DE FIN DE INVIERNO

Ayer estuvo en casa un pariente del campo. Llegó borracho y sudoroso. Cojo como es, habrá andado difícil por las calles de Osorno, con el alcohol acumulado en el tobillo del pie derecho, su hueso malformado.

Trajo la noticia de la brutal caída de caballo de su padre, tío abuelo mío, por huilliche y por marido de una de las hermanastras de mi abuela.

José Llanquilef, 89 años, carpintero, campesino, constructor de lanchas y botes, mueblista y ex dueño de un almacén y de un microbús de recorrido rural, vive por estos días sus últimos días. Ha perdido la memoria y de sus ojos se ha borrado el mundo.

Su mujer, Zulema Huaiquipán Huenún, trajinará diminuta bajo el peso de la joroba de vejez por los pasillos del hospital de Quilacahuín.

Pronto graznará el chonchón desde el lado siniestro de la vida.

 


¿Quién pide aplausos
por vivir o por morir?
Este,
que recibió las arrugas
y las canas
como los árboles de monte, no
murió: quedó encantado.
Su catafalco va cubierto
de crisantemos y de lirios.
Nadie lo llora en el cortejo
que avanza entre el río
y los sembrados
de papas y remolacha

Silencio de agua, polvo de murmullo.

Del Trumao de los trenes
al Cantiamo de las arvejas enormes;
del Trinidad de las manzanas
a la Barra del río Bueno:
que refloten los antiguos vapores varados
(el «Margarita», el «Tres Palos», el «Rahue»)
y que se embarquen todos
los que ya murieron.
Mañana
florecerán los arrayanes,
y los campos serán de las abejas,
y el muerto despertará la primera mariposa
bajo la lluvia de la eternidad.

 

FERIA LIBRE DE RAHUE

Nosotros distantes

luna abajo
abajo
abajo

traemos lentejas
latúe en la mirada
- latúe en los hijos
- latúe florecida

Y traemos el mar en las pencas de piures,
y lunfo sancochado en grande olla de hierro.
«Abuelito Huenteao / de piedra en Pucatrihue
escucha a tus hijos / templo del costeño.»
Los bares mexicanos de Avenida República
ha tiempo nos parieron: el «Richmond», el
«Niza», la concha del alcohol
-que divide los cielos
-que divide la pesca
-que divide las sombras en la calle mojada


GLORIA A (y) ABUELITO HUENTEAO
DIOS LEVANTA A TU PUEBLO UNIDO
(o)
TRAIGANLE SANGRE DE SU GUSTO PARA QUE LLUEVA

Cayeron árboles al mar. Los peces yacían en el
viento. A caballo sudado olía el agua. Helechos
en el aire. Ni un pájaro en el Arco de las Interrogaciones.

 

GLORIA
O
SANGRE

La banda ya tocaba «Me caí de la nube»,
cuando nos arrojaron bajo el puente San Pedro.
El río en sus botes se llevó nuestras almas,
y volvimos al campo ebrios y pendencieros,
«Abuelito Huenteao / entréganos tus aguas
danos el alimento / ocúltanos del mal.
Abuelito Huenteao / contempla nuestro trigo

 


NOSOTROS, COMO EL SOL, NO TENEMOS AMANECER»

Lunfo: el ulte o tallo del alga llamada collofe o cochayuyo
Latúe: latúa pubiflora, planta alucinógena que crece en San Juan de la Costa,
provincia de Osorno.

 

NUTRAM

a Ricardo Caifal y a su madre,
Manuela Piutrín.

UNO

Blanca es la luna que asoma
hasta la transparencia en el oeste.
Si soplaras hacia ella desaparecería
al punto de tu aliento.
Tal el cirio
que los deudos apagan
para la paz del que marcha
sin consigo
al otro mundo.

DOS

Tomo el mate en un jarro de aluminio. Los ancianos de la casa hablan de un hombre que enloqueció buscando plata en las montañas. Volvió con una calavera en el morral y un par de falanges carcomidas por la nieve. A quien lo oía, invitaba a subir crueles caminos para seguir buscando huesos, su riqueza, la corruptible plata de los muertos.

Pobre loco - dice Juan -, murió allá arriba, perdido de camino, aplastado por la nevazón.

De Lonquimay, un tren cargó sus restos hasta Quepe. Envuelto en arpilleras lo entregaron a la policía Antonio Calfumán nombraban - dice.

TRES

Arde al viento el sahumerio en los corrales
(ruda fresca contra el brujo
y el huecuve): vuela
en sueños un pájaro de agüeros,
solitario y mortal
para los campos.
Su graznido detiene la memoria,
ocultándonos
la llama de la luna.
A susurros corre el agua del Huilquilco
como un cisne desangrándose
en silencio.
Agua y nieve arrastra el viento en Catripulli: los
volcanes
nos contemplan en tinieblas.
Viejo abuelo, Azul Cóndor - hablan las cumbrespule
tu hueso, tu mirada oscura y fría:
flores caen
para el barro y las pisadas
entre potros y becerros montaraces.
Viejo abuelo Azul Cóndor, oye
a los viejos
manantiales de la nieve y los pehuenes:
huele tu sangre emplumada,
cóndor ciego,
hecha la nieve y negra plata entre los muertos.
Los olores del sahumerio se han perdido;
ya la llama del poder
rozó los surcos.
En el huerto se aposentan los espíritus,
y alerta hacia las ramas la lechuza.

Me tocó vivir la última mitad del año 1992 en la pequeña parcela de la familia Caifal - Piutrín, situada a 18 Kms. al sudoeste de Temuco.

Allí, al calor de la cocina a leña, compartí el nütram, la conversación mapuche que entrelaza retazos de mitos, recetas medicinales e historias de parientes y vecinos vivos y difuntos.

Fue en uno de esos nútram cuando mis amables hospederos relataron la locura de Antonio Calfumán, y sus últimas andanzas por territorios cordilleranos.

Por aquellos días, el estero Huilquileo se salía de cauce, y mis amigos quemaban hojas de ruda y de canelo para descargar su casa de maldades y brujos.

El frío paralizaba el vuelo de abejas, torcazas y loicas, pero el sol despertaba a veces aclarando las alturas de los volcanes Villarrica y Llaima. Y después de contumaces lluvias, como un remanso en el riñón del invierno, la noche abría paso a un cielo diáfano, iluminado por la creciente luna nueva.

Pronto, sin embargo, volvían los granizos y los vientos, y en los sembrados flameaban las alas de la lechuza, espía de los brujos o brujo disfrazado. El humo del conjunto se hacía más intenso entonces y, entre ruegos y maldiciones, escuchaba yo el áspero ulular del ave agorera.

 


CEREMONIA DE LA MUERTE

(...) En la mañana del día 19, se dirigió a Forrahue, el Mayor don Julio Frías al mando de cuarenta y cinco hombres entre carabineros y guardianes, para dar cumplimiento a la orden recibida (...)

Como a doscientos pasos de la casa de Juan Acum, se desmontó la tropa, porque varios cercos impedían continuar a caballo. Desde este punto, Frías llamó repetidas veces al jefe de los indígenas, diciéndoles: «Venga el jefe de Uds. o cualquiera de Uds. , tengo que hablarle; vengo mandado por el Presidente de la República» (...)

Los indígenas contestaron con insultos y amenazas.

En seguida se dio lectura , por el receptor Soriano, a la orden de lanzamiento, la que fue recibida por los indios con mayores insultos, declarando que preferían morir todos antes de retirarse, y que matarían al primero que se atreviera a acercarse.

(...) Como el tiempo trascurriera inútilmente, ordenó el sargento 1º Pascual Segundo Arias, avanzar con parte de la ropa para que tomaran a los indígenas que estaban fuera de la casa y los desarmaran de sus garrotes. Con este motivo se trabó una lucha violenta, cuerpo a cuerpo y en un momento, Arias se vio envuelto por tres o cuatro indios, recibiendo de uno de ellos un tremendo
garrotazo en la cabeza que lo dejó exánime, y a sus compañeros diversas heridas de menor gravedad. Simultáneamente, salían de la casa los primeros disparos de los indios, yendo uno de ellos a herir el abdomen del sargento Arias.

Ante esta situación, Frías, ordenó a su tropa hacer una descarga. Ejecutada ésta, llamó nuevamente a los indios a la tranquilidad, pero éstos contestaron con nuevos disparos.

Entonces, ordeno hacer fuego, habiéndose disparado de veinte a veinte y cinco proyectiles en total.

No ha sido posible establecer cuantos dispararon los indígenas.

(...) Quedaron muertos once indígenas (5 hombres y 6 mujeres), ocho heridos, de los cuales han fallecido cuatro en el hospital. De los carabineros y policia quedaron heridos siete, entre ellos el sargento 1º Arias, con un balazo en el abdomen y heridas de mucha gravedad en la cabeza (informe médico, fjs. 144).

La especie consignada en dos o tres declaraciones de indígenas, de que los carabineros estaban bebidos es completamente falsa, como afirman los testimonios fe fjs. 126, 120,y 122, entre otras.

(...) Cumplió el mayor Frías un doloroso deber, en resguardo de su honor y del prestigio y majestad de la ley.

(...) Quedan a disposición de US. en el cuartel del batallón Zapadores, las armas y demás efectos quitados a los indígenas y que son: 4 escopetas, 1 rifle, 7 cuchillos, 2 revolvers, 1 lanza, 3 machetes, 2 hachonas, 1 hacha, 2 azadones, 1 martillo y 43 garrotes.

Osorno, 22 de noviembre de 1912
Mayor Galvarino Andrade
Fiscal Militar.


UNO
(FORRAHUE)

«...alzaban sus manos
ensangrantadas al cielo...»

(Diario «El Progreso» de Osorno,
21 de octubre de 1912).

No hablábamos chileno, mi paisano,
castellano que lo dicen
Copihue sí, blanco y rojo,
flor de michay,
chilco nuevo.
No sabíamos de Virgen ni de Cristo, padrecito,
ni del Dios en las Alturas.
Jugábamos tirándonos estiercol de caballo en los
potreros;
robábamos paneles a los ulmos y a los moscos,
y pinatras a los hualles de la pampa;
mirábamos desnudas bañarse a las hermanas
con manojos de quillay en el arroyo.
Malo era.
Sí.
Por eso vino envidia y litigio y carabina;
por eso se volvieron lobos los venados y los peces.
Malo era, paisanito, malo era.
Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero
en el lepún;
rezábamos huilliche al ramo de laurel
junto a la machi;
matábamos con fuego al que mete huecuve
contra el cuerpo y contra el alma.
¡Brujo diablo, anda vete! decíamos escupiendo,
y el bosque más espeso
escondía a la lechuza.
Malo era, malo era.
No sabía vivir el natural antes amigo, no
sabía.
Las mujeres se preñaban en lo oscuro y en lo claro,
y los hijos se criaban a la buena
de los bosques y los ríos.
Así era, mamita, así fue:
las estrellas dejaron de alumbrarnos
la sangre de repente,
y tuvimos que ocultarnos como zorros
en montañas y barrancos.

 

DOS
(MISIÓN DE LA COSTA)

El traía un cargamento de abarrote en la montura,
y una calfinita de aguardiente en el morral.
«Grítenme montes y valles,
háblenme piedras del campo», cantaba
ya borracho,
con los ojos todavía encandilados
por las luces y los bares
de la calle República.
Las estrellas se caían a pedazos esa noche, paisanito,
meteoros que les dicen los del pueblo,
pero el mar detenía entre sus rocas
y pudimos dormir sin sobresaltos.
Buenas noches, nos dijimos, buenas noches.
Un chonchón rozó la ruca. Fue de encanto.
Mi abuelita hizo una cruz en la ceniza,
y quemó un par de trintraros que me andaban
en la nuca y en la frente.
Desperté bajo unos notros florecidos,
con los labios amargados
por el vino y la intemperie.
Mi caballo descansaba junto a un álamo;
escuchó antes que yo a la trutruca
y soltó un relincho fuerte
corcoveando.
Ahí mismo lo corrí y le di alcance,
y lo monté y lo galopé hasta el rancherío.
Le gritamos ¡párate, Juan, arráncate!,
pero el venía del pueblo
y tría el cuerpo malo.
«Grítenme montes y valles,
háblenme piedras del campo», cantaba
de costado en la cuneta.
Rematado dicen que fue,
aunque ya había muerto
mucho antes que dejara de cantar
esa ranchera.

 

TRES
(CEMENTERIO DE SAN JUAN)

Solito caí, dicen que dice, ay si sólito;
mojado de mi sangre viviente todavía.
No iré a Maicolpúe ni a Pucatrihue iré,
donde el mar revienta su luz
sobre las rocas y la arena.

 

CUATRO
(LOMA DE LA PIEDRA)

De lejos lo vi, hija, de lejos lo sabía.
Grande fue mi sueño, mi revelación:
blanquito amanecía el cielo de Forrahue
con dos caballos negros garañones
pateándose allá arriba.
Buena sangre los soñé, hubieras visto, lindos eran,
y brillaban casi azules en la altura.
Recordé cuando venían hacia mí
cerrándome las vistas y el resuello.
Eso dijo la viejita, amigo, eso dijo.
Fue la única que tuvo mal dormir
aquella noche.

 

CINCO
(PUNOTRO)

Pero nada se oculta en este cielo, hija, nada
y el difunto corazón, podrido y todo,
no olvida bajo tierra:

Francisco Acum, recuérde - lloraba -,
limpiaplata le llevo a tus heridas.

Anjela Rauque es una loíca encinta
que da a luz entre peumos y tineos.

Ya pues, Marino, no llores muerto,
y vamos a nadar al río Contaco.

María Santos es buena tejedora,
sus mantas vales oro cuando rompe el agua.

Candelaria Colil, huelen tus pechos
a poleo quemado y a chilco con rocío.
Carolina Guimay aporca, alza porotos
como lanzas florecidas hacia el cielo.

Carmen Llaitul, escarba, coge berros
y el estero se llena de salmones.
Antonio Nilián hierve, endulza chicha
con la miel y con los pétalos del ulmo.

Tránsito Quintul tiene visiones
donde arden las hojas de latúe.

Candelaria Panginao busca nalcas
y varillas de voqui en las quebradas.

Juan Acum sangra, moja juncos
que se doblan sobre el agua del Maicolpi.

(Todos sangran, son sus sangres las que caen
al oleaje de la tarde en Pucatrihue.

Todos sueñan en el monte y la llanura,
y en un hilo del alma de sus hijos).

 


SEIS
(CAMPAMENTO PAMPA SCHILLING)

Aquí, henos aquí,
ya viudos de nuestros dioses,
viudos del sol, del agua
y de la luna llena.
Adentro,
frente al brasero,
quemamos lengua y memoria.
Afuera
florece el ulmo, la lluvia moja al laurel
que brilla en la mitad del monte.
¿Para quién brilla el laurel?
¿Para quién moja sus ramas?
De lejos se escucha el mar,
y el graznido del güairao.
Dormimos, viudos del sueño,
soñamos cosas que arden:
cometas entre las rocas,
agua donde quema el oro.
¡Es arte de brujos! - grito-
¡Escupan esas visiones!
Nadie
me responde, nadie. Solo
estoy ante la noche.
Afuera brilla el laurel
a relámpagos y a sangre.

El monte es una neblina,
y el agua del mar se arde.

 

IV. CESAR MILLAIHUEQUE

PROFECÍA EN BLANCO Y NEGRO

César Millahueique nace en Curanilahue, Octava Región, pero su infancia la pasa en Osorno donde llega antes de cumplir el año. Su tronco familiar proviene de Nolgllehue, una comunidad mapuche Huilliche.

Es actor de teatro, comunicador social por escencia, conductor de más de 20 programas radiales en Osorno, Viña del Mar, Santiago y Buenos Aires; y diplomado en Gestión Cultural.

Ha publicado el libro Profecía en Blanco y Negro. Es autor de dos libros inéditos: Imágenes de la Santa (cuento), y Daguerrotipos para Todas las Historias del Mundo (en homenaje a los pueblos indígenas de los cuales forma parte).



Los pájaros temblaron en mi esqueleto y caí al vacío de las calles, loca de sensaciones, de sonidos y de fuegos proyectando al mundo, a multitudes y animales de las especies más diversas, de los pueblos más antiguos, pastando en el circulo del bien y del mal, en el útero del día y de la noche.

Permanecí desnuda ante el juicio final, los jueces se susurraban unos a otros y con señas ordenaban recalentar los fierros en el brasero central de la sala, el chisporroteo se elevaba y los fuelles a todo dar por un verdugo que se esmeraba por mantener los fierros al rojo vivo.

Cerré los ojos y el aroma a metal fundido atravesó mi espíritu y volé junto a los átomos que llovían hacia el universo; en esa lluvia que descarnaba mis huesos supe de otros mundos y de otras alegrías...

Antes que el sol caiga al poniente de las autopistas, la danza explota al son de los sintetizadores electrónicos, y el sonido elevado a lo sublime expira en medio de los dioses que se cortan las muñecas, se degüellan y desaparecen entre explosiones fosforescentes.

Una voz emerge entre alucinaciones tras la cabalgata ceremonial y sentencia «Mujer, bebe sobre el ojo hasta el infinito de un pájaro»...

Me muestra el espacio, el universo, la velocidad de la flecha y en off me dice «tendrás que prender el televisor»

Las imágenes corren desbordando la pantalla en voces precolombinas, todas adosándose en mi retina, en mis caderas, consumiéndose en mis senos, llevándome al agudo enigma sensorial, al off de la sentencia. «Ve al mar, se te a dado el secreto de los pájaros...»entonces lo supe, puedo volar.

Los pájaros acompañaron mi destino hasta el borde de las montañas, aletearon en mi costado y se alejaron en direcciones matemáticas.

El vuelo se hizo en las alturas y crecía ante las murallas milenarias; fui por el espacio entre naves y satélites espías -a la velocidad de la luz- Fui a los astros, donde se consumen las súplicas y oraciones.

Fui a los limites donde Dios es la idea que ocultan esos veleros perdidos en la nostalgia.

Fui a los tendones del universo colgados en la utopía.

Fui al naufragio del tiempo, donde yace un vestido de novia y volé más alto hasta encontrarme reflejada en la «luna que se desangra como ano roto»...

Allí me dije, soy la que corre al pie de las montañas, la despojada del infierno, soy esa, despojada de la enagua, esa que alucina al pié de la cruz, la que pernocta en las playas del cielo...

Soy la joven contractura del jazz, soy mi propia Vía láctea, el comienzo y término de Dios, la contradicción más pura, el principio y el fin fluyen por mi. Esa cósmica duda, soy yo, mirando la pupila del ministerio, sí, sí ... sí! Soy la que corre gritando el mar... el mar por las avenidas del país. Soy la Santa post- modernista, soy el festín de la vida, la que ama, la que odia, la que entierra a sus amantes al borde del océano, la que busca tus labios y vomita horizontes proféticos, soy la energía
que circula en los ojos de una gata negra, soy el evangelio que abre sus piernas.

El mar...el mar...el mar me acaricia, me chupa los senos, me llena de náufragos y estoy ahí, presta, enloquecida codificando todo, en mi memoria Olivetti y lloro de deseos... de éxtasis, mientras el mar, el tranquilo macho baila Regae al borde del ombligo y bailamos tras un himno roquero, sublime... con los ojos llenos de lágrimas, creyendo que los pájaros y el mar son el origen de la neurona que sentencia.

- Navega sobre un ojo hasta el infinito de un pájaro.-

En la pupila dilatada, trompes y danzas de choiques enamorados, escapan de esqueletos precolombinos, por tiuques esquizofrénicos y ceremonias que naufragan entre papas cocidas y chicha de manzana.

Las alturas del fuego regresan con la boca y el mundo amanece en el filo del machete, con animales que braman, un manifiesto de guerra y piedras que enrojecen en la hoguera del curanto, pifilcas emborrachan a los dioses y éstos gritan y paren la forma del cuchillo, abren el cordero para el mundo enloquecido de lenguas de guerreros bautizados al ñachi, de raíz desnuda, en la noche que se escapa, por la imagen de la Machi que baila, preñada de espíritus y de la siluetas que vuelan a la pupila dilatada.

No quiero estar libre de ningún pecado, al contrario quiero ser cada uno de ellos, hasta caer desnuda, iluminada por los tubos fluorescentes del sanatorio. Quisiera tener el idioma correcto para insultar a cuanto Dios se me cruce en la memoria, pero caigo a mi ombligo con los ojos llenos de lágrimas, cierro los ojos y lloro, lloro toda la noche hasta que los pájaros aletean el día, hasta que las vírgenes bajen a la playa. Las fogatas crepitan en la costa y borracha toco el Cultrun, entre los
cuerpos que desnudos se entrelazan; El éxtasis del nquillatun transforma las hogueras en imágenes, mis amigas claman heridas y yo caigo de bruces en la arena llorando a gritos, por que éstas voces no vienen de la cruz, surgen de la tierra y me hablan en mapudungun señalándome el camino.

 

V. PAULO WIRIMILLA

PALIMPSESTO

Juan Paulo Wuirimilla Oyarzo nació en la isla de Calbuco el 5 de agosto de 1973.

Es profesor de Castellano y actualmente reside en la ciudad de Osorno donde cursa un postítulo en Educación Intercultural Bilingüe en la Universidad de los Lagos.

Ha publicado en diversas revistas, tales como: "Araña Gris", de Calbuco, "Ciudad Circular", Valdivia; "Palabra de Mujer", Valdivia; "Pewma", Temuco.

Ha sido antologado en "25 años 25 Poetas" (DIBAM) compilación de poetas jóvenes, Floridor Pérez y Tomás Harris y "Muestra de Poesía Joven", Universidad de Valparaiso.

Premios y distinciones: Primeros Juegos Literarios. Puerto Montt 1993. Becario del Fondo para el Fomento del Libro y la Lectura, año 2000.

Los textos que presentamos corresponden a su libro inédito "Palimsesto".

 


POÉTICA

Oh! Lector! Mi objeto de estudio
El más occidental del laberinto
Corrige esta baba tan espumosa
Porque poesía es un largometraje verde
De películas de Cowvoy
Y tú eres el indio que nunca alcanzará
La diligencia
Porque John Wayne te ha puesto el rifle
Entre dientes
Y el cuchillo del cara pálida está
Muy escondido en esta escritura
Oh mi lector! Enemigo
Corre el reloj a tu izquierda
Las entrañas se te llenan de sangre.

 

SINCRONÍA

La historia comienza con un ventrílocuo
Que plagia un poema de Nicanor Parra
Y aumenta las páginas
Del "diario de Muerte"
En la cabeza pedalea el ojo
De Gabino Barrera
Quien no entendía razones
Ante la operación una enfermera
Vomita en el tumor.
- Gorriones picotean espejos
Del hospital ultramarino-
Escribo sólo historia de terror
Con uno de aquellos lápices de infancia
Que sólo mi figura simiesca toleraría
Enterrado en la mano izquierda.
En estas circunstancias imaginar
La pose de un lector
Muerto por un crítico en un sillón verde.
"En nubes que el sol es invisible
hay que hacer la cruz en el ciruelo
con un clavo oxidado"

 


EL BUQUE DE ARTE

El buque de arte navega entre dos aguas
"sangre dice que veía en el sueño
dos perros negros levantaban sus pies
en el fuego como gente"
Ese que pasa por esta entrelínea
Es el buque que se vuelve luminoso
-Ñankupel en la nao-
"se dieron vuelta mi madre con sus vecinos
todas las cosas eran en ese entonces transparentes"
sólo salvaron dos de aquel bote sin quilla
cambió el viento el hombre ese
en su propia horca
y debe cerrarse por hoy esta escritura de oídas.

 

EL BUQUE DEL ARTE

El que navegue en el buque del arte
Deberá percatar que sus estrías estén
Bien atadas a la boya de las palabras
Aquí ya no se puede hacer nada de comer
Ni hay un señor K
A la espera de su muralla China
Para picarse las venas
Todo es amanecer y comienzo
Una sola línea en el puente
Maqroll disfrazado de mercader
Tartamudo por un poema frágil
Como el puerto y el mundo a la vez.

 

CANTO DE GUERRERO

Yo cazador recolector
urbano de chaqueta e cuero
Peinado a la gomina
nacido de la chingada
De Pedro Eriazo
Con una armónica
música entre dientes
Hablo tartamudo por los muertos
de mis antepasados
Con el ceño partido
Parco de palabra
se me ha perdido
El carnet de identidad.
Miro a los ganster
que nos buscan en el sueño
Por cortar gas de eucaliptus
Y encender fuego
con velas de "mamita virgen"
Hablo ahora torcida
mi boca por el aire
Dando vueltas
hasta que se queme el humo
Y el agua siga cayendo.
Estiro en el río el árbol
con un trozo de Licán
Que la muerte no vuelva
con aquel pájaro de la ciudad
Que augura de noche
_siempre es el otro
en el reflejo trizado
de una fotografía_
la palabra Castilla o Chileno
nada puede decir
se vacía en el pozo
en que la mordedura me tirita
sólo puedo ser con ella en la infancia
cuando un columpio
podría apretar mis manos
junto al ciruelo
florecido con la raíz hacia dentro.
Es entonces la realidad
una cicatriz del hombre
Que recuerda viajes
por el mar con una venda
En la semilla
Y la música de nuestros huesos hacia la muerte.

 

CANTO A LA CASCADA

Bajamos con mi madre a la cascada
Para tomar remedios de su neblina
Aquí está la flor azul en su arroyo
Llama el botero de la otra isla
El lucero de la mañana nos alumbra
En el rocío decimos el romance:
Ay! Piedra azul que vienes a crecernos el corazón
Azul ha sido el relámpago
Aquí te traemos el oro que el padre hoy duerme
Con la luna más arriba del arco iris
Ella ha plantado un árbol de plata
En el pantano
Y ancianos desatan nudos con una flecha
En lluvia nieve luego granizo.

 


UL TRAYENCO

Nagininchiw tami ñuke trayenko mo
Nun lawen ñi chiwai mo
Few mulefei ta kalfurayen ta witriunko mo
Mutrumfei ta nontufe aye ka wapi
Ti weñelfe pelomtukei
Ti mulfen fey pininchiw ta ul:
Ay kalfukura munakupan ka treminchiw ta piwke
Kalfumuley ti yefkeñ
Aye kupalyen ti milla
Munachawantu fachantu umagtuy
Ta kuyen mew doiwenu relmu
Fey um ta kiñe aliwen rutra ta nieiñen mo
Ka feyemun kuifikeche naltun pu troi
Kiñe pulki mo
Nawun mo yapus muchai pire.

 

EL NAVEGANTE DE LA CASCADA CELESTE

Siempre habita en su corazón
El primer rocío que el lucero alumbra
Suele extender la plata del árbol
Que la luna trae en forma de mujer.
Un día conoce islas en que peces
Se orillan en esteros
Por la luz de luminarias.
Ha soñado navegar
en una cascada celeste
En silencio
El navegante atraca en un puerto seco
Donde naves son de quillas planas
Y el viento es como un pájaro con máscara.

 

NGILLATUKAR

El lenguaje debería estar debajo de la línea del mundo me dicen
Pero nosotros siempre arriba de cuevas
Galopando con el lucero al hablar con el Weichafe
Con aquel cardo encendido para que el perro
Negro se entierre en su pelaje:
Ay! Guerrero que hablas desde tu casa de piedra
Venimos ha parlamentar contigo en Castilla y Paisano
Ha tronado mi corazón con tu caballo blanco
Rodeado hemos el cerro para encontrar el veneno
Y sangre de serpiente en el michay.
La cabeza de lechuza para con boca de mujer
_buen viaje señora_
anciano sabio anciana sabia que cortas el arco iris
con tu cuchillo de oro
oh! gran cabeza de ojos pintados
el cóndor corredor te nombra
con sangre en la cabeza
ante este océano que es también
lágrima de luna
que vuelve y desaparece.
Tus hijos te ayudan a cruzar las cascadas
Con sus hombros.
La ciudad nada puede decir
Por eso en ellas vagamos cóndor blanco om!
Como bandurrias aleteando antes de dormir.
Wenteyao ya vuelan cóndores de oro
Desde el oriente con su transparencia.

 


MITAD SINIESTRA

El lector se figura escribir
Una historia con final abierto
Con la imposibilidad de su castellano
En tanto el otro yo
Se descascara la cara
Sus zapatos puntiagudos
Patean víctimas -editores-
Corta sangre con la navaja
Escucha un tema de Camilo Sesto.
El lector se deshace en la historia
De un entierro simulado
Y la frase:
"Los pájaros están volando otra vez"

 

ÜL A MI HIJO QUE AÚN NO NACE

Mi hijo vive en un árbol de palabras
Mudo como la mudez
Con un pedazo de oro pintado
En la cabeza
Ver el espíritu que me sigue
En el agua
Tuyo ha sido el pájaro muerto
En la vertiente
Aquí te traemos la borrega y el lobo
Para mirar tu color
He seguido a la flor azul
En tu sueño
Y ahora la veo junto a un caballo
He oído tu lenguaje
En la nube que viene hacia mí.

 


LA PÁGINA EN BLANCO

La página en blanco es el doblez
De una lectura de Lihn
¿Dónde el texto?
La cinta se rebobina al proyectar
Imágenes de películas
Del Oeste
Es el vaquero otra vez persiguiendo
Al búfalo blanco
En el corazón del árbol de mi hijo.

 


KAFKA EL CONFABULADOR

El confabulador debería considerar
El relato de oídas que aparece
En desta escritura
Como asímismo anclajes
De un posible autor invisible
En la entre línea y en espacios en blanco
Pues aún nadie sabe quien es el señor K.

 


ESCRIBO CON EL OTRO QUE ME DESDIBUJA

Mi memoria se mira en aspavientos del otro
Aquel que se desmiente en narradores del Quijote
_ no entiendo vuestros códices
esa lengua tan testaruda _
Yo, sin embargo, veo arañas acercar
Y cóndores caer al mar
Hasta ser transparentes.
Escucho el río de arriba
Por eso quemo harina y converso con el Filew
Que el gran espíritu vuelva a subir al cerro
Su cabeza
Kai Kai se nos acerca con aquel árbol de humo
En su culebra
Construir hemos cántaros
Cocidos con el suspirar de un caballo luminoso.
Oom! La imposibilidad de decir con esta lengua parca
Castellano o Castilla como mudez.

 

EXORDIO A UNA UTOPÍA DE CABARET

Llueve lluvia de destino
Subir y bajar anclas
y esta vuelve a caer.
Un pájaro es el ojo de serpiente
Con esto volver al puerto cuya noche
Es a ratos una caverna
Allí aún están rayados
peces
Playas
Y el "Elefante Blanco"
al que no podemos entrar
porque hay un hombre
con pierna en la espalda
que ha vuelto la cabeza a su madre
para espiar el nudo del árbol.
Afuera al abrir la cueva
Rondan mis redentores con la utopía
Que es el río que nos baña
Arañado como pieza de museo.


 

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Cuatro poetas williches.
Bernardo Colipán, Jaime Huenún, Cesar Millahueique, Paulo Wirimilla.