Los territorios ocupados*
Por Enrique Bernales
enriquebernales@hotmail.com
La novela tuvo su origen en una imagen: en ella aparece un niño palestino arrojando piedras a un tanque israelí. Le di vueltas y vueltas a la fotografía y me dije, aquí hay algo más, no solo se trata de la tragedia de un pueblo al otro lado del mundo. Pues bien, ese niño que tira la piedra encarna la fuerza del mito que cuestiona y pone en jaque al capitalismo globalizador, porque a ese niño palestino el capitalismo no lo
puede domesticar y por lo tanto no aparecerá en sus pantallas de televisión, es lo que realmente no tiene precio. En los EE.UU. pasan mensajes televisivos donde Ricardo Montalbán (el de La isla de la fantasía) se dirige al público y nos muestra otra clase de niño, esta vez se trata de niños llorosos, tristes, viviendo en la basura, “ayúdalos”, te dice, “con tu tarjeta visa o mastercard”. El niño palestino es lo que no puedes comprar con tu tarjeta visa o mastercard porque él no acepta tu limosna. Él tiene piedra, no tiene visa. Es el otro en toda su diferencia, no el de las fiestas multiculturales auspiciadas por Benetton. La fotografía me llevó a escribir, preliminarmente, un poema que lleva el mismo título del libro, luego el poema se convirtió en la novela actual. Concluí que de alguna u otra manera muchas personas en el mundo entero somos ocupadas por ciertas fuerzas, por el miedo, lo que impide el desarrollo a plenitud de todas nuestras capacidades, porque falta que nos habite la fuerza del mito y así destruir ese tanque de la ocupación que muchas veces se encuentra en nosotros mismos.
El personaje principal de Los territorios ocupados es un fauno, un fauno sui generis, que ha sido ocupado por el miedo, este fauno limeño, sambo, bembón y trinchudo, vive tan aterrado que no se ha hecho dueño ni siquiera de su cuerpo, su cuerpo le es ajeno, vive en él como un arrimado, y su lucha en toda la novela es la de apropiarse de su vida, lo cual tiene un costo, un costo grande, porque debe sacrificar a un policía, sus padres, su gata y uno de sus dedos… el meñique.
He recibido preliminarmente algunos comentarios sobre la novela que me han confirmado lo que yo creo que es la narrativa que busco crear y difundir, la novela como un cuerpo vivo, impredecible, inclasificable, un otro en toda su diferencia. Los territorios ocupados te puede dar un beso apasionado, pero también puede clavarte un cuchillo en la garganta con la misma energía. Esta novela es un real otro, que no cobra vida desde afuera más bien desde adentro, y que se va transformando de acuerdo a sus necesidades y no de acuerdo a una tiranía del autor. Mi novela no se empapa de ninguna ética multicultural ni de la fiesta de las diferencias, porque para mí los personajes deben fluir con naturalidad, el lector no debe creer que son fruto del artificio, que no tienen vida propia. Planteo, entonces, una diferencia marcada, no la de un buen otro, domesticado. Los territorios ocupados no es demócrata parlamentaria, no es partidaria de la economía de mercado, tampoco ecologista, no es una novela integrada, no ha devenido en lo que espera el mercado editorial convencional… es una novela caníbal, así que no se confíen mucho que en el momento menos pensado terminarán en su panza.
A mí me marcaron unas líneas maravillosas de una novela rusa de mediados del siglo XIX, Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Yúrievich Lérmontov. Los lectores esperaban al leer el título una novela heroica, por el contrario, se encontraron con un antihéroe, el primer nihilista de la literatura occidental, el personaje principal se llamaba Pechorin y antes de un duelo que le pudo costar la
vida se confesó a sí mismo, “mañana puedo morir y nadie sabrá quién soy realmente, para unos soy encantador, para otros soy un hijo de puta, pero nadie me habrá conocido porque no soy lo uno ni lo otro”. Cuando terminé de leer estas líneas, me dije: yo quiero escribir una novela que sea como este personaje. Así, mi novela, para algunos, podrá ser hija de puta o encantadora, en fin, Los territorios ocupados es un ser humano con todas sus contradicciones.
En el transcurso de la redacción de la novela me decía, qué está hablando este personaje, me causa horror, sin embargo, lo dejaba hablar porque estaba en su derecho de existir. A mis personajes no les hago decir lo que no quieren decir, no les impongo palabras o acciones que no estén en su naturaleza, entonces, en cierta medida mis personajes me dominan como autor, muy bien me abrazan con ternura como también me meten una patada en los huevos y yo los dejo ser. Para concluir, podría decir que Los territorios ocupados no hace huecos en las pistas ni crea un tráfico infernal, en cambio, busca hacer huecos profundos en las mentes de los lectores y crear un tráfico allí donde realmente se hace necesario.

* Texto preparado por el autor para la presentación de la novela, realizada en la Feria Internacional del Libro de Lima el 29 de julio de 2008. Acompañaron al autor en la mesa César Ángeles L., Rocío Silva Santisteban, Carlos Villacorta y Carlos Yushimito.

De venta en las principales librerías de Lima, Perú, y disponible en Santiago de Chile en Metales Pesados (José Miguel de la Barra N° 460 – Santiago, Chile).

Los Territorios Ocupados: Last Exit for a Dream
No busques los territorios ocupados en Palestina.
No es necesario viajar hasta el otro lado del mundo
para darse cuenta de que los territorios ocupados
se han empozado en tu alma,
han sido paridos por tus miedos.
Los territorios ocupados no se llaman:
Khan Yunis
Gaza
Ramala
Yenin
Nablus
Podrian llamarse:
Lima
Philadelphia
Lisboa
Cambridge
Buenos Aires
Los territorios ocupados han hecho de tu ciudad una isla
Para liberar a tus territorios ocupados déjate habitar
por ese niño sonriente que salta a las calles
con su piedra en la mano y se enfrenta cada día
al tanque de la ocupación.

Los territorios ocupados
Capítulo 1
Salió de su casa. Por un momento se detuvo y apreció, con la misma maravilla y terror del primer flaneur que abre los ojos ante un mundo desconocido y caótico, el rostro de una niña. Hola, ¿cómo te llamas? No se equivoquen, no era una nínfula, sino una niña, salamandritas azules llamando a la torre de control, y sintió un repentino mareo, muchos recuerdos del celuloide amenazaban con irradiarlo, como antiguamente los
rayos gamma a los enfermos de Acuario, naves espaciales estallando en los hombros de Orión, nacimiento de estrellas en las puertas de Tanhäuser, la memoria, la última frontera que nos separa de la alegría y la pax romana, Jennifer O’Connelly recitándole el Cantar de los Cantares en sus incomparables doce años, fue en ese momento cuando más la deseó. La pequeña hermosa de La ciudad de los críticos perdidos y el gigante calentándole los pies con su aliento puro y circense. Yo era la transnacional que le besaba los pequeños y sabrosos pies. Los perfumé con aceites de aromas exquisitos. Un continuo cosquilleo que empezaba en el cuello bajando hasta el centro del estómago y la corporación frotándole sus inclementes, delicados, inolvidables dedos al compás de una melodía fantasmal, sí, el león solar de las leyendas, el divino Oannes Trismegisto, el magnífico, la penetraba dulcemente en la intemperie bajo el cielo gótico de una insaciable ciudad plagada de gárgolas, grifos y otras criaturas nacidas del espanto. La penetraba y ella no se quejaba. La penetraba como el tren lo hace con la ciudad. No se puede tomar ventaja de un ser que está forjando su voluntad, pero, ¿y si ella lo quiere?, cómo nos podemos negar a ofrecerle nuestra mayor inversión, nuestro volátil espasmo económico…
Hola, ¡Dibújame un cordero!
¿Un cordero?
Por favor… ¡Dibújame un cordero!
Basta, criatura, no sé dibujar. Además no tengo papel ni lápiz, cómo voy a hacerte un cordero en medio de la calle. Regresa a tu casa. Dile a tu madre que te dibuje el cordero ese para tu clase.
No importa, dibújame un cordero. Mi cordero es mío,
no es para ninguna clase. No voy a la escuela. ¿Acaso, no me has visto limpiando las lunas de los carros esos en la avenida? Tú tampoco me has visto, ¿no? Y mi mamá no me dibuja nada, sólo me pega, la pobre. ¿No te fijaste en los moretones en mi cara y brazos? Pero no es su culpa. La abandonaron con la barriga así de grande, parecía la pelota de Kiko. Jijijijiji. Aquí está papel y lápiz. Siéntate y haz aparecer un lindo cordero sobre esta sucia vereda.
El Fauno derramó una lágrima, la primera en mucho tiempo, le sabía a sal como la frente sudada de la niña, a quien besó y acarició con singular ternura, niña que había
aparecido de dios sabe dónde, es decir, desde el corazón mismo del tráfico de una transitada avenida. Ella era uno de esos niños de los semáforos...
Eres una ladilla, niña. Ven siéntate conmigo que te voy a dibujar el cordero más bonito de todos.
Ah, eso sí, no quiero trampas, no quiero una cajita donde esté durmiendo mi corderito.
Sabida eres, niña.
Sí, y ahora eres responsable de tu flor.



Los territorios ocupados
Enrique Bernales
Mundo Ajeno Editores.
258 pp., 2008
ISBN 9786034516731