Proyecto Patrimonio - 2007 | index | Cristián Gómez O.| Ernesto González Barnert| Autores |


 



Campana y Cristián


Cristián Gómez


Ernesto González Barnert

Aquí tenemos a Cristián Gómez O. (1971, Santiago) respondiendo las preguntas de siempre y algo más, con lucidez y fuerza, la de alguien que vive y escribe de cabeza -como tantos fuera y dentro de este cadáver de país- en la abismante literatura, no hay otro modo. Y que generosamente nos da hoy algunas pistas de su dirección y desembarco en tal oscuridad así como de su buen trabajo poético "Cross" en avance y permanencia. Sólo espero que pongas atención lector y sopeses mucho lo que dice un autor para no olvidar.


- ¿Cómo llegaste a la Poesía?
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Mis primeras aproximaciones fueron, creo, como las de todos, leyendo algunas cosas en el colegio, dejándome impresionar más o menos fervorosamente por autores como Benedetti, en un principio, o Cardenal, a quien sí sigo leyendo con atención e interés. Pero no se puede decir que haya llegado a la poesía o que la poesía llegó a mí: eso es engrupirse con la mentira autobiográfica de que el niño o el joven talentoso y con la sensibilidad en ciernes (o a cuestas, o a flor de piel, para el caso es lo mismo), sólo estaba esperando por el momento justo para que explotara o se diera a conocer su talento literario. Y así todos terminamos creyéndonos Rimbaud. Prefiero pensar que se daban en Chile, a mediados de los ochentas, ciertas condiciones para tener una idea más o menos concreta de lo que era ser poeta (y bastante errada, me parece) y otra todavía más errada de la poesía misma. Se suponía (o por lo menos yo lo veía así) que el poeta era un ser comunitario, políticamente atrincherado y capaz de comunicar "cosas que le pasaban". Esas "cosas que le pasaban" o sentía -y he aquí lo que creía era la poesía- eran cosas profundas, tipo política (hablo, insisto, de mediados de los ochenta, cuando el tema era álgido), la muerte, el amor o esas cosas de las que uno cree que la poesía debe hablar en ciertos momentos. Entonces se trataba de un nerudianismo que no se reducía a Neruda: el personaje que supera a la obra, convertido en una especie de metonimia de sí mismo y a la vez objeto de consumo; Huidobro y la figura del loco, del excéntrico, otro tanto con De Rokha, aunque en su versión popular y maldita, la condición problemática de Mistral, en absolutamente todos los sentidos, cuestionadora en una serie de ámbitos y no sólo en términos de su sexualidad, como una crítica reduccionista e interesada en ganarse la Fullbright ha promovido en el último tiempo. El poncho también le cae redondo a Teillier y los teillierianos, con el borrachín ausente del mundo que cultiva su universo privado, etc. Todo eso se convierte en mercancía, materia de intercambio, con consecuencias ideológicas que no toda la crítica se ha encargado de estudiar (en ese sentido, dos libros que me parecen excepcionales son Dirán que está en la gloria, de Grínor Rojo, y Bendita mi lengua sea, ambos sobre la Mistral, aunque en una vena muy distinta). Pero, volviendo a tu pregunta: lo que quiero decir es que se llega a la poesía por una serie de canales pre-establecidos, a través de un conjunto de agenciamientos (estas palabras les encantan a las/los críticas/os culturales) que vistos en perspectiva son una normalización, un disciplinamiento, incluso si la entrada a este olimpo caído en desgracia se hace por la ventana, a través de la figura del rebelde, del anti-institucional, o el malditismo, casos desde hace mucho, sino desde siempre, perfectamente codificados.

En mi caso, sin ninguna novedad al respecto, como todo el mundo empecé de mono, viendo a otros. Yo era muy amigo de Lucho López-Aliaga, desde muy temprano. Y así empecé a conocer otra gente, luego me metí a estudiar literatura en la Chile y el resto es historia más o menos conocida. Son ciertos rituales de paso que, con matices, mayores o menores diferencias, todo el mundo cumple.

- ¿Qué ha significado para ti la Poesía?
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Nada de lo que esperaba. En un principio me imaginaba algo ligado a una actitud vital, en la que creo menos cada día. En El mal de Montano, Vila-Matas describe no sin ironía la grisura de la vida de un hombre dedicado a la literatura, de un hombre -digámoslo con todas sus letras- que vive de la literatura, lo cual involucra matices que no son menores. Un trabajo constante, una alegría verdadera que no se traduce necesariamente en la cáscara del entusiasmo, sino en ciertas posibilidades que sólo de saberlas presentes te justifican. Un vaso al anochecer, un libro que aún no has leído. Uno desarrolla, por ejemplo, cierto tipo de relaciones de complicidad con ciertos autores, en las que ciertas recurrencias no sólo se perdonan sino que se necesitan como parte de un pacto. Le ocurría, por ejemplo, a los lectores de Bryce Echenique, le ocurre a los lectores de Díaz Eterovic, entre los que me cuento, que desde La ciudad está triste, sabemos casi de memoria cuál es el resultado de la trama, y sin embargo seguimos buscando con avidez esas novelas (incluso con mayor avidez que en un principio), tal vez porque la trama es un aspecto secundario en ellas. Cuando yo vivía sólo aquí en Iowa City, me pasaba tardes enteras leyendo a Bolaño, sin otra conexión con el mundo que mis idas a la biblioteca a buscar otro de sus libros. Nieve en todas partes, nadie o casi nadie con quien hablar, pero ahí estaban esos libros, con una fidelidad a toda prueba. Compensaciones simbólicas que algunos le llaman. Y no sería honesto conmigo mismo si no reseñara la lectura de algunos poemas, de ciertos versos que son lo que uno cree es una epifanía, la primera vez que uno lee a Rojas, el tedio infinito de Teillier, disfrazada en esa bonhomía, la guardia siempre en alto de Lihn y fiestas, muchas fiestas, mucho jaraneo del que tengo los mejores recuerdos, aunque no sé si eso tenga necesariamente que ver con la poesía, sino más bien con lo que la rodea: al mismo tiempo que leía al Víctor Hugo, tomábamos y fumábamos con el Víctor Hugo y lo mismo con el David y también andaban por ahí Anwandter, la Ale del Río, los dos Carrasco, Zambra, el Leo, muchas excursiones por los terrenos de Yuri Pérez y Antonio Silva. Entonces creo que algo termina por mezclarse de esa vitalidad en el discurso, de toda esa hojarasca de restaurantes en el centro y bares de providencia, de las lecturas en Valparaíso y la asidua concurrencia al Lagar, todo eso creo que a mí me ha marcado mucho.

- ¿Para quién escribes?
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Para ese solitario adolescente que lee hasta las tres de la mañana (esa es de Valéry). Escribo para mis amigos, pero por sobre todo escribo para mí mismo, por necesidad pura, por que es de lo que más me gusta hacer, porque una demanda personal así me lo exige y también porque me mantiene en forma, porque es también una disciplina, un ansia, una manera de ser elegante y aristocrático sin un peso, recuerda que hubo tiempos en que esto no era contradictorio.

- ¿Cuándo escribes necesitas algo a tu alrededor, alguna cosa, haces algo en particular, etc?
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Te diría que, en general, prefiero estar tranquilo, ojalá solo (rasgo típico de neurosis, dicen). Escribo muchas veces en la cocina de mi casa, cuando el resto de mi familia está durmiendo. Así ha sido siempre. Pero veo tele, escribo una línea, busco algo en Internet, me quedo pensando, hasta que alcance una versión que pueda llamar más o menos final. Si no también me voy a un café que queda por aquí cerca, me siento a ver pasar la gente, leo los diarios de Chile en el computador, pero tampoco a hacer nada muy especial.

- ¿Cómo es tu proceso escritural? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?
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Eeehhhh…, todavía creo que hay un alto contenido inconsciente en lo que uno escribe. Inspiración o lo que sea, la otra voz de la que habla Paz, tiene que ir necesariamente acompañado de mucho esfuerzo, de mucho corregir y volver a corregir, de guardar las cosas en un cajón y desempolvarlas después de un buen tiempo, a ver si resisten. Y cuando te hablo de inconsciente no es que me refiera a escrituras automáticas, ni nada que se le parezca. Sí, en cambio, a esa parte que le es dada al autor, esa parte de la escritura que, junto con la tradición, lo antecede. De esa forma, lo que usualmente hago es encontrar no un tema ni una forma, sino, mucho más básico que eso, un ritmo. Una hebra, quisiera llamarla, porque cuando encuentro una, van apareciendo las otras. Es, tal vez, una atmósfera, de la que no salgo por un tiempo. Me pasó eso con Inessa Armand, muy claramente, igual que con otras cosas todavía inéditas. Ahora, por ejemplo, estoy escribiendo una serie de poemas en torno al box, a la práctica y la historia del box, que se apegan y se alejan de ese motivo como temas y variaciones que admiten una y mil digresiones, pero que vuelven siempre hacia su origen.

- ¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido?
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Ésta es una pregunta mal formulada. Primero tendrías que partir aclarando tu idea de compromiso. La cosa sarterana, el ecrivain engagé, la deben sostener todavía dos personas en los sótanos de la Sech, si es que. . . ¿Comprometido con qué y con quiénes? Bruno Vidal te diría: la solución es militar, un bonito doble sentido de uno de nuestros mejores poetas pero que sin embargo no resuelve la ecuación. El compromiso, esa vieja palabra sartreana, así se llamaba una sección de El circo en llamas. ¿Deberíamos defender el bosque nativo? ¿la causa mapuche? ¿a las madres solteras? Primero leamos a Lihn, primero explícame si Adornos en el espacio vacío es un libro comprometido o no. Personalmente, creo que sí, creo que este libro de Barrera es la única forma de compromiso (si es que estamos hablando, como supongo que es pa' donde apunta tu pregunta, de posiciones políticas "progresistas", otra palabreja que podríamos discutir laaaaargo rato). Radicalizar el lenguaje, sacudiéndolo de cualquier servidumbre política, no confundir con temas ideológicos, porque ese es otro saco. El poeta con una causa que defender termina aportándole a la causa, pero poco al poema. Y aun así tenemos que entender que, en tiempos de urgencia, ponerse muy exquisitos tampoco venía al caso. Por eso leímos y releemos Para matar este tiempo, de Navarro-Riedemann. Los primeros años de la dictadura, cuando Jorge Torres publica Recurso de amparo, lo que estaba haciendo no era publicar un libro de Jorge Torres, sino rezagos de una poética teillieriana pero bajo condiciones nada idílicas, que ponían bajo una máxima tensión el discurso lárico (y otros) y que luego el mismo Torres resolvería con maestría en su obra posterior y verdaderamente suya (los textos encontrados, después Poemas renales (ojo que éste me parece un libro mayor dentro de nuestra literatura) y La dicha vacante. Un autor puede firmar un libro sin ser necesariamente su autor, aunque aquí me estoy desviando del tema. Volviendo: el gesto mismo de escribir y de publicar poesía puede, bajo ciertas condiciones, ser por definición contestatario al poder, especialmente hoy en día, siempre y cuando tenga una actitud de deliberada oposición ante esos poderes. Pero no abogo aquí por una paranoia tan ridícula como injustificada, demonizando instituciones como las universidades privadas de manera apriorística y, por lo demás, ingenua. Si uno quiere creer que ir a tirarle piedras a la rectoría de la Diego Portales o de la Gabriela Mistral o la Finis Terrae o la del Desarrollo, en fin, cualquiera de esas universidades controladas por la derecha, es un acto revolucionario o de resistencia, quiere decir que se quedó en el Kinder de la política y no es capaz de entender nada. Las imbricaciones del capital hoy en día en Chile (y por supuesto más allá de las fronteras de Chile, que para estos efectos significan poco y nada), derogan cualquier posibilidad de purismos políticos e ideológicos, por lo tanto el maniqueísmo de quienes se llenan la boca con estos argumentos es espurio. ¿Qué la Finis Terrae es de los Legionarios de Cristo? ¿y qué? ¿acaso no es la mitad más uno de este país propiedad de esa gente, acaso el Mercurio no sigue siendo (y La Tercera y Las últimas noticias, a pesar de su giro farandulero) un bastión reaccionario, disfrazado en su amplia gama de servicios para la burguesía y la clase media chilena? De lo que se trata, en realidad, es de hacer de la literatura, a través de su propia literariedad, una palabra que se niegue a las coerciones ideológicas que nuestro Leviatán nos exige. Además, la pregunta se responde por sí misma con la historia reciente de la poesía chilena: ¿cuál Zurita es más importante, el de los Poemas militantes, o el de Purgatorio? Creo que ambos sabemos la respuesta.

- ¿Qué poetas, escritores, artistas o experiencias han marcado tu cocina literaria y también la propia vida?
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Te apuesto que aquí cada uno de los entrevistados ha dado una larga lista de sus lecturas, cada cual citando más arriba, de El Quijote, pa' bajo, como si se tratara de mostrar las credenciales, de legitimarse a través de la mención de ciertos apellidos. La ingenuidad inherente a tal empresa demuestra su falacia en la composición misma de los listados, bastante irónica de partida: se busca la sanción en nombres que se suponen ya sancionados, quiero decir: se busca la aprobación en figuras que ya cuentan con la aprobación, lo que no se discute es la aprobación de quienes ni por cuanto tiempo ni bajo qué condiciones.

Entonces más que hablarte de mi experiencia exclusiva, me parece pertinente poner a esta en una visión colectiva, las lecturas que compartí con otros de más o menos mi misma edad y lo que aquello significó como materia de aprendizaje. No se creció en dictadura gratuitamente, todo eso tuvo un costo, quizás si ese es el mayor mérito del prólogo que escribe Francisca Lange en su tan bien y mal criticada antología, veíamos televisión como si afuera no pasara nada, porque -quien diga lo contrario miente, y con descaro- la mayor parte de los que están ahí y también muchos de los que no están incluidos ahí, vivieron parte de la dictadura bajo una aparente normalidad, sin otros sobresaltos que los de una familia de clase media -mayormente acomodada o desmedrada, eso sin ser secundario no hace el aspecto medular del punto-, pero salvo casos excepcionales, todos pasamos por la dictadura sin que nos tocara vivir en carne propia los efectos directos del pinochetismo, id est: tortura o desapariciones o exilio (salvo Julio Carrasco, no me acuerdo de otr@ que haya que tenido que pasar por eso). Sin embargo, vivimos, como todo el mundo, los efectos de largo plazo, los que se te meten en la piel subrepticiamente y terminan formando parte de tu ADN. El que mejor ha retratado eso hasta ahora es Moulian, lejos. Lo cómico es que, desde una perspectiva que podríamos llamar de una derecha liberal (extinguida, eso sí, de nuestro mapa político), el otro que ha detallado el verdadero significado de la dictadura en Chile es Jocelyn-Holt, en El Chile perplejo.

Pero también hay rasgos personales, de experiencias propias que se definen en la medida que se define una historia personal: mis primerísimas lecturas fueron Benedetti y Cardenal, en los años de colegio, sobre todo al amparo de mi amistad con Lucho López-Aliaga, y luego Bukowski, autor y poeta que a mí me marcó muchísimo, muchísimo: claro, no escribo ni remotamente como él, pero hay allí una actitud vital que, en lo esencial, comparto. Hay un documental sobre Bukowski que es conmovedor, Born into this, que podría explicar mejor que yo porque sigo siendo uno de sus lectores asiduos. Pero, si he de hablar de lo que creo son verdaderas influencias literarias, en tanto modelos de escritura, ahí está la generación del ´50, en especial Lihn, pero también Barquero, Cárdenas, todo Teillier, Enrique Volpe y su exilio imperfecto que ahora releo, Tomás Harris como un descubrimiento el primer año en la U, gracias a la Sole Bianchi, todo lo que signifique desconfianza en la "transparencia" de la escritura, todo aquello que enfatice la opacidad del lenguaje, ha sido mi plato favorito en los últimos diez años. A Andrés Morales, entre muchas otras cosas, le debo haber leído Espacio, de Juan Ramón, lo que me abrió las puertas de una amplia zona de la poesía española. Después me fasciné y me obnubilé con Cisneros e Hinostroza y toda la legión peruana, muy anterior a la fiebre bloggera de hoy en día. Y otra cosa fue la convivencia con la gente de mi generación, de quienes aprendí mucho, las conversaciones con Anwandter y Preiss para mí siempre fueron una lección, ni qué decir de Pellegrini, la generosidad de Christian Formoso, del Chico Figueroa, Germán Carrasco -aunque aquí también aprendí a golpes a decepcionarme-, las correcciones de Bustos, etc. Lucho López-Aliaga y Jaime Quezada han sido vitales por su amistad permanente, por su cercanía a toda prueba.

- ¿Cómo ves la poesía actual chilena? ¿Y dentro de ella a tu promoción y a la más joven?
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Las evaluaciones tempraneras y apresuradas me parecen peligrosas, sobre todo aquellas que en uno y otro prólogo se insiste en señalar a Andreíta tanto como una de las poetas imprescindibles de la nueva poesía latinoamericana y bla-bla-blá y en el siguiente se dice que Héctor Fernández de Buen Tino es una voz inigualable y única y etcétera-etcétera-etcétera. Es el complejo de la Sub-20: te ganaste un tercer lugar en un mundial juvenil, lo cual, por muy respetable que sea, no tiene nada que ver con un Mundial adulto, donde se pega de verdad y los nervios se comen a los más guapos. No hace mucho tiempo atrás, en una visita que le hiciera Juan Gelman, Parra decía que Neruda es un poeta desconocido. Entonces lo "la poesía actual" prefiero tomármelo con pinzas. Por ejemplo: la pega de Hernán Castellano Girón, pero por sobre todo la de Leo Sanhueza, volvió a poner en primera línea una escritura como la de Rosamel del Valle que para varios de los del noventa fue muy importante. Yo me pasé semanas yendo a la Biblioteca Nacional a leerlo y después persiguiendo algunas primera ediciones en librerías de viejo. Y ese "retorno" de Rosamel de alguna manera modifica el canon necesariamente, nos hace mirar con otros ojos la obra de Díaz Casanueva, por ejemplo. Cuando Pedro Lastra reedita con Lom Defensa del ídolo, rescata buena parte de una poesía chilena en la que están Gustavo Ossorio, el mismo Cáceres, Gómez-Correa, Jaime Rayo y algún otro que se me escapa. Pero esto no se trata de un ejercicio ocioso, sino que se conecta, de manera evidente, con la poética por ejemplo del Leo, pero también con lo que escribe Javier Bello, entre otros. Si por poesía chilena actual acotamos el término y pensamos en gente que está en plena madurez creativa, como Eugenia Brito, cuya problematización de los signos nos debiera llevar a preguntarnos por el espesor del lenguaje y su relación con todo tipo de violencia, simbólica y no simbólica, como José Ángel Cuevas, que hace del desamparo urbano su mejor material, otros como Tomás Harris y Alexis Figueroa, la figura problemática para muchos de Bruno Vidal, Marina Arrate, Rosabetty Muñoz: entonces creo que las cosas van bien, que se ha conformado un campo literario con reglas de legitimación propias y eso es siempre saludable. Y, además, los ahora viejos tercios del sesenta siguen en su camino a una consagración que, si bien merecida, no debe sacarlos de la discusión. Ahí por ejemplo el último y premiado libro de Oscar Hahn, En un abrir y cerrar de ojos (¿así se llama, no?), Omar Lara también premiado recientemente, la notable recopilación de Jaime Quezada publicada en Costa Rica, Llamadura, y el impulso final de un Millán que nunca renunció a una poética inconfundible. Dentro de todo ese panorama, ¿mi generación? -Pellegrini pone en duda su existencia- ha dado ciertos libros que creo tienen un lugar ganado dentro del panorama más reciente: Calas y Clavados de Carrasco, Memorial del padre miedo, de Formoso, Superfashion, de Juan Herrera, Especies intencionales de Anwandter, la Fuga de Pellegrini, Bello, sobre todo en la última parte de El fulgor del vacío, Yuri Pérez y Héctor Figueroa, a mi juicio imprescindibles. Pero esto es un panorama por armar y de poco sirven los listados: ¿quién se acuerda ya de Hotel Bristol, de Nicolás Díaz? ¿y de ese conjunto que está prácticamente inédito como es Poesía menor, de Mittleman? ¿y de Leonidas Rubio? Habrá que leer también N.N., el libro de Julio Espinosa premiado hace poco en Costa Rica, ahí mismo está Peces de colores, de Bustos, Thera, de Kurt Folch, que es un libro que a mí me fascina. Quiero decir que todo esto dista mucho de ser un panorama concluido y la gente de mi generación, mejor: los que tienen mi edad, no han terminado aun de escribir lo suyo, ni de lejos. Se habla poco, por ejemplo, de Jaime Bristilo, un caso aparte en todo este grupo. A todo eso súmale la gente que se aglutinaba en torno a la revista Piel de leopardo y ya el panorama se nos hace infinito. La obra terrible y potente de la Malú, lo de Vïctor Hugo, Valenzuela ahora novelista. En fin, creo que el diagnóstico es más que saludable, pero es un territorio donde toda evaluación debe aun ser provisoria. Por lo pronto, me confieso deslumbrado por ciertos autores más jóvenes, Francisco Leal el primero de ellos, Diego Ramírez también, Paula Ilabaca, Winter. Hay cuerda pa' rato.
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- ¿Cómo se ve la poesía chilena desde Estados Unidos?
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Creo que no se va la poesía chilena en Estados Unidos. Se conoce, evidentemente, a Neruda, pero creo que aquí la agenda legislativa la llevan los estudios culturales, por lo que muchos académicos se sienten medio culpógenos de seguir estudiando poesía y no hayan por dónde meter a Neruda en una agenda de minorías sexuales o étnicas en la que no les calza. Con la Mistral sí pueden hacer eso y hay libros al respecto, A queer mother for the nation es un buen ejemplo. Así como la dictadura quiso leer TODA la obra de la Mistral a partir de piececitos azulosos de frío (y desechar lo que no calzara con eso), esta nueva mirada no es más que lo mismo desde otra perspectiva, es llevar agua de un molino a otro, pero no necesariamente para todo el prado, es igualmente reduccionista. Y así como hoy puede interesarles transitoriamente la Mistral, mañana será otra moda académica igualmente marketeable en el mercado universitario yanqui. De Lihn hay un par de traducciones de Dave Oliphant y ahora Chris Travis está pronto a publicar un libro que reúne traducciones de sus cuentos. Hahn, que llevaba décadas aquí, también ha sido traducido, pero me parece que Parra se adecua más a cierto espíritu beatnik que todavía prevalece para ciertos sectores del amplio panorama poético en Norteamérica. Y-para-de-contar. Fuera de la traducción de Mary Crow, sólo conozca una más de Teillier, ambas sin mayor impacto entre un público lector de por sí reducido. Ninguno de los poetas chilenos avecindados aquí ha hecho la transición que hicieran algunos poetas de Europa del Este como Milocz o Brodsky, que escribieron parte de su obra en inglés y lograron un grado de integración al circuito norteamericano mucho más importante que la de cualquier poeta latinoamericano. En general, los poeta chilenos llegan acá pero siguen viviendo en Chile.

- ¿Qué opinión te merecen los talleres literarios?
- Me parecen bien, muy bien, son un fenómeno mitad social, como una forma de integración, pero también mitad estéticos, se practica la poesía y se intercambian un montón de cosas necesarias para esto que es un aprendizaje. No es el único aprendizaje, pero tampoco creo que deberíamos tener ningún complejo en torno a ellos. No creo, por ejemplo, que hay peligro de uniformación o cosas por el estilo. La fundición ha tenido los dos mismos directores del taller durante años, y no creo que nadie podría acusarlos de haber inculcado tendencias o nada que se le parezca (salvo la Isabel Larraín y la Nadia Prado hace siglos atrás, que incluso nos fueron a gritar a la Feria del Libro. Lástima que en ese entonces no existieran los celulares con cámara, sino ya las tendríamos en Youtube). Me gusta mucho lo de Balmaceda, donde hay un espacio abierto y de diálogo e incluso creo que es bueno que gente como Gladys Gonzáles se tire a la piscina y haga su propio taller, porque hay aprenden el tallerista y los alumnos, como siempre, supongo, debiera ser. Hay que puro darle pa'lante no más.

- ¿De tu obra si tuvieses que elegir un poema o fragmento...cuál?
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Paso.

- ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer?
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Ninguno, los que no me ha terminado espero terminármelos algún día, aunque, por ejemplo, Para nacer he nacido me lo estuve leyendo como tres años.

- ¿Cuál es para ti el gran libro olvidado de la poesía chilena?
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Manifiesto diario, de Anamaría Vergara y de Rubén Jacob The Boston Evening Transcript. El de Jaime Rayo, también, aunque no me acuerdo del nombre. También me gustaba mucho Deshecha rosa, de Manuel Rojas. Y otro que es una joyita es La guerra de los poemas de amor, de David Turkeltaub, aunque este último es una antología de poesía universal, el trabajo que hace Turkeltaub es notable.

- ¿Cuál fue el último libro de poesía chilena que leíste?
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Son dos. Uno es La fuga, de Marcelo Pellegrini, libro que me confirma la opinión que tengo de Pellegrini como poeta: una de las voces más particulares del panorama chileno y, también, latinoamericano. El otro es un libro que hace rato quería leer y no había podido, Cobijo, de Felipe Ruiz, que justifica todos los elogios que he leído del libro.

- ¿Qué libro estás leyendo ahora?
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El cadáver en la cocina, de Joan R. Resina, sobre la novela policial española en los años del desencanto. Un excelente ensayo, porque va mucho más allá de los alcances del tema específico del policial. Es, más bien, una reflexión sobre la novela como tal, y, por extensión, sobre las siempre oblicuas relaciones entre literatura y política, en las que muchas veces pesa más el slogan que la reflexión. Y estoy también en el medio de Un millón de dólares, una colección de cuentos policiales.

- ¿Cómo ves hoy por hoy la industria editorial? ¿Como autor qué soluciones le darías a este problema?
- Veo con optimismo lo que hacen editoriales como La Calabaza, el Temple, Beuvedrais, Cuarto Propio, Mantra, la misma gente de LOM, Tácitas, Altazor. Creo que de ahí puede salir una pluralidad que es fiel a lo que pasa en realidad en Chile. No sé de soluciones, no es mi tema, sólo creo que no hay que bajar los brazos, apostar por una empresa difícil pero con tremendas recompensas. También me parece digno de ser destacado lo que hacen en Ediciones Diego Portales, con ediciones más o menos bien cuidadas y buena distribución. Lo de la foto en la portada, vendiendo más el autor que el libro, me parece una mala idea editorial, pero fijo que comercialmente rinde bastante. Ojalá que Metales pesados pudiera salir más firme al mercado, aunque lo que están editando me parece que revela muy buen ojo, como es el de Parra, que sabe como pocos de estos temas.

- ¿Qué piensas de los Premios literarios?
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Parte de la sociología de la literatura. No hay premio que consagre a nadie, pero sí se pueden leer como índices no (necesariamente) de lo mejor que se esté escribiendo, pero sí de los gustos de ciertos grupos en ciertas épocas. Son una buena forma de ganar plata, además. Una excusa para compartir con los que uno quiere y créersela por cinco minutos.

- ¿Quién te gustaría que recibiera el Premio Nacional de Literatura?
- Eugenia Brito, Poli Délano, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Efraín Barquero, Diamela Eltit.

- ¿Qué te parece este Chile ad portas del Bicentenario? ¿Su política cultural para con la Poesía?
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No creo que exista una política cultural en torno a la poesía, no sé si exista la necesidad de ella tampoco. Quiero decir: el desarrollo de un país no se mide sólo por su ingreso per cápita, sino en un todo armónico; dicho eso, creo que el fomento de la lectura pasa por crear hábitos lectores antes que por la repartición de maletines, por muy buenas intenciones que tenga esta idea. A propósito: ¿qué tienen que hacer en la comisión que decida los libros del maletín, gente como Hugo Montes y Benito Baranda? ¿no estamos hasta la coronilla con los curas? Entonces una política cultural que implique fomentar las bibliotecas públicas, como la que se hizo en Santiago, eso sí, por ahí va la cosa. Raúl Hernández lleva gente a leer ahí y me parece que eso funciona.

No digo que esté mal que existan estas políticas públicas. Es más, su eficiencia y su transparencia deben ser siempre una materia de preocupación, porque son platas públicas y la fe general se pone en juego con cada decisión de este tipo. Pero lo que pasó en el último concurso, lo de los Fondos, eso de pedir la cabeza de Montealegre, yo, por lo menos, jamás lo hubiera hecho.

- ¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?
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Que se pase el día leyendo, que mucha lectura no mata necesariamente la imaginación del ojo y sí muchas otras posturas frente a la cámara, que insista y vuelva a insistir, que no confunda la instrumentalización de la poesía, ya sea con piel de lobo o piel de oveja, el fascismo es tanto de derecha como de izquierda (y también de centro, sobre todo en Chile).

- ¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?
- El Quijote.
La Ilíada.
El largo adiós, de Raymond Chandler.
Los geniecillos dominicales, de Ribeyro.
El gran Meaulnes, de Alan Fournier.
El corazón de las tinieblas, de Conrad.
El desierto de los tártaros, de Buzzatti.
El hacedor, de Borges.
El libro del desasosiego de Bernardo Soares, de Fdo. Pessoa
Antología de Álvaro de Campos, de Fdo. Pessoa también.
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- ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura?
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Me parecen una posibilidad. Una democratización de la palabra, un acceso irrestricto a distintas y muy diversas fuentes de información, que hay que aprovechar y promover. Letras.s5, en ese sentido, creo que es uno de los proyectos más innovadores de los últimos años, en especial ante la pauperización de la crítica periodística. Uno a veces lee a Gandolfo y no se sabe si es idiota o sólo hace su mejor intento. Me acuerdo de las reseñas que hizo del libro de Anwandter -que le gustó, pero no entendió- y ahora del de Pellegrini, que no le gustó, pero igual no entendió nada. Ni qué decirte de Juan Manuel Vial, que hace una labor interesante en La Tercera, aunque clama a gritos por una definición previa de crítica literaria. Pareciera que en el pero de los casos ni quiera leyó nunca a Valente y con él hemos vuelto de un "zuácate" (a él le gustan este tipo de palabras, extraídas al parecer del vocabulario de Carlos Larraín) a los tiempos de Alone. Internet no es, tampoco, un medio transparente, responde a un formato y determina también, en cierta medida, qué es lo que accede a la red y qué no. Además hay que tener un computador o acceso a un computador, lo que no se puede dar por descontado. En Cuba muy poca gente puede acceder a un computador, el que probablemente esté intervenido. En muchos lugares no hay computadores, lisa y llanamente, etc. Pero ese es otro tema.

Bloggear, que en sus mejores casos se asemeja a las crónicas periodístico-literarias de antaño, puede llegar a ser un vicio, en cualquier caso impune. Recomiendo sin dobleces Puente Aéreo, de Faverón, Putas asesinas, de Diego Zúñiga, El síndrome Chéjov, El lamento de Portnoy, Krónicas, de Pablo Toro, en fin, el de Paz Soldán también es bueno. De poesía, es imperdible Sol Negro, de Paul Guillén y también el de Pedro Montealegre. Lanzallamas creo que pone la vara muy alta en cuanto a revistas electrónicas.

- ¿Qué cosa últimamente te quita el sueño?
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Mi hija menor, literal y metafóricamente.

- ¿Qué te escandaliza?
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Escandalizarse por algo sería tomar partido, andar detrás de una causa: Dios me libre de tomar partido, decía Cioran, con lo cual estoy totalmente de acuerdo. Para quedar bien, podría decirte la pobreza en África, la desigual distribución del ingreso en Chile, etc. Todo eso no me parece más que pataletas admitidas por nuestro sistema, reclamos morales que sirven para legitimar lo que se critica (con la lógica de: como se puede criticar, es un sistema válido, porque ofrece la imaginación de participar, por lo tanto es un sistema que se justifica a sí mismo y se legitima en la medida en que ofrece la ilusión de estos espacios).

- Me gustaría que a ti mismo te hicieses una pregunta - que nadie más te ha hecho- y te la respondieras. Una que nadie ha tenido la gentileza de hacerla.
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La pregunta sería: ¿Por qué te gusta tanto la ciudad de Santiago? Y la respuesta tendría que ir necesariamente por el énfasis en cierto Santiago no sé si desconocido, pero que para mí adquiere ribetes, ahora que no vivo allá especialmente, de mito, de aventura, de irrealidad. Me gustaba visitar gente, ir a la casa del Chico Figueroa, al Bustos en su cuchitril de Ñuñoa o en el departamento cerca de la Alameda donde vivía con su madre, el Lagar primero y el Parrón después fueron como una segunda casa, el Olímpico y otros bares eran como un circuito sólo para iniciados y de eso he querido muchas veces escribir. En la casa de Jaime Quezada conversé latamente con mi anfitrión, mientras acompañábamos el vino con pan y merquén. Algunos cumpleaños de Andrés Morales eran memorables. Y así: dormir la mona con el poeta mexicano Sergio Valero y David Bustos, tirados a las cuatro de la tarde en los pastos del San Cristóbal en horario rigurosamente de oficina, es impagable. Hubo una época en que me recorrí Santiago de palmo a palmo, gracias a la permanente beca de don Iván Gómez que me llevó desde los últimos rincones de San Bernardo hasta Los Andes y San Felipe para recoger algún botín y visitar los territorios de Cristian Cruz.

He escuchado veinte mil veces lo feo que es Santiago y lo inhóspito que es. Supongo que algo de eso hay, sobre todo si no se tiene tiempo ni ganas de ver. Es típico de los gringos literatti partir a Buenos Aires, ciudad que muchos de ellos abiertamente prefieren e incluso compartiría algunas de esas razones. Pero, sin chauvinismos de ninguna especie, me quedo con Santiago. Nada reemplaza para mí las casas de Kulchefzky, ni ciertos rincones escondidos del Barrio Brasil, próximo a desaparecer, aunque Gustavo Barrera dice que se alegra de la democratización de los departamentos.

- Y por último ¿A qué le tienes miedo?
- A que le pase algo a mis hijas.

 

 

- De "CROSS" -

A LA MANDÍBULA

Los hechos se desencadenan casi por sí mismos
y no hay nadie quien los detenga. Los grupos
económicos han decidido invertir en educación
y no hay nadie quien los detenga. Las mineras
se han reconvertido en holdings, diversificando
-esa es la palabra que se usa hoy en día- sus
intereses, ampliando sus ganancias: creando
fuentes de trabajo. Las tasas de inversión
muestran un crecimiento sostenido durante
el segundo semestre de este año, con un
incremento de x coma cinco por ciento

respecto del mismo período

.. .. .. .. del año recién pasado.

 

 

A LAS COSTILLAS

Los excelsos
ven con preocupación
el paso de las horas.
También nosotros

nos preocupamos
por los horarios de llegada
de nuestros hijos

e incluso los hemos reconvenido
amargamente. Es más: nos
preocupamos tanto

que desde ahora saldremos con ellos
y nada volverá a importarnos y
seremos uno más en la celebración
de sus bailes y sus fiestas y

todas nuestras preocupaciones
se habrán ido.

 

 


DEBAJO DEL CINTURÓN

Los más inteligentes saben cómo engolar la
voz y recurren a los subterfugios que el circo
les permite. El domador de leones se lo toma
con calma. Los más inteligentes tienes copados

los mandos medios, no quieren ser protagonistas
ni indicados con los dedos, el equilibrista
no cuenta con red de protección pero el
lector debe imaginarse la arena de la

pista del circo y no los santos en la
corte que no lo salvarán de la caída:
el maestro de ceremonias da el visto
bueno -para que los más recientes

iniciados hagan su aparición tocando
una guitarra que por supuesto no es
clásica, después de las genuflexiones
de rigor delante de las monjas,

encargadas del trabajo

que hicieran antaño los curas.

 

 

BOCA DEL ESTÓMAGO

Fuego a la realidad.
Velitas a un santo.
La luz en la casa.
La cocina para el desayuno.
El microondas para el primer
café de la madrugada. La tele para
el tiempo. El computador para el correo
por vigésima quinta vez en esa misma
mañana. Y el motor del auto para que
todo esto, tal vez así las cosas y
ojalá que nosotros, también
nosotros: el lenguaje
por sí mismo.
Ni al principio ni al final
el verbo.

 

 

CUENTA

Se ven pasar los botecitos por el río.
Y en los cafés se puede tomar algo en
las sillas de afuera. La gente lee el
diario, conversa, pierde el tiempo

y a veces me parece que todo debiera
ser así: como un recuerdo, una
foto que no remite necesariamente

al pasado y sin embargo tiene algo
de esa tristeza por la cual se nos
tilda de reaccionarios. Otros

disfrutan de los dientes de león
y en tanto que de rosa y azucena
se llenen los prados de sus tierras

natales, no habrán de morir del
todo y las consecuencias -que
por ahora no se han medido

sólo se pueden pronunciar con
ciertas palabras que inevitablemente
traen asociado, bíblica, tu recuerdo:

se dice allí que finalmente diste fe
de lo que tus ojos no habían visto.
Tal vez todavía lo recuerdas.

 

 

CONTRA LAS CUERDAS

La muerte se produce por un traumatismo
encéfalo-craneano, afectando fundamentalmente
el nervio neuma-gástrico, el epigastrio
dañándose el plexo solar y provocando un paro
cardíaco de breve duración. Entre las heridas
más comunes se encuentran el sangramiento en la región
superciliar, fracturas del tabique y otros huesos nasales,
con deformaciones muchas veces irrecuperables;
en los ojos se puede producir equimosis y tumefacciones
palpebrales, hemorragias intraoculares y desprendimiento
de la retina. También es frecuente la diplopía o visión doble.
El desprendimiento del pabellón de la oreja, la rotura del
tímpano y el vértigo: son las afecciones más comunes
en los oídos dañados. El edema cerebral es la reacción
más común al traumatismo. Ciertos casos de demencia
se deben a lesiones en las zonas límbica, rinoencefálica
y meso diencefálica (hipocampo, cíngulo, etc.). Además,
el daño de los axones de estas zonas dañadas, contribuye
al cuadro clínico. Los ataques epilépticos pueden
presentarse precozmente, casi de inmediato al traumatismo;
o tardíamente, es decir, mucho después del trauma.

 

 

VENDARSE LAS MANOS

Los detectives no tienen trabajo
en esta ciudad donde nadie es inocente:
las películas de las que fueron protagonistas

ya no tienen razón de ser, a no ser que
persigan a los culpables de algún crimen
que no se ha cometido, el más grave de todos

en esta ciudad donde no hay acontecimientos
todo ya ha ocurrido y los tribunales han hecho
funcionar una justicia donde los esbirros

están disfrazados de niños de pecho
y las madres los amamantan con asco:
sospechan de ese extraño lenguaje

con que los niños celebran la caída de la noche
y salen con sigilo gateando de sus cunas
y hace años que no han vuelto: habrán

envejecido tanto como las fotografías
que guardamos de ellos, las mismas que
pegamos en los postes de la luz, en los

los envases de la leche, en las cuentas
del teléfono, en la tienda de abarrotes
de la esquina la última vez que los vimos.

 

 


REQUIEM FOR A HEAVY WEIGHT

Me salió novelista el cabro, también
botado a poeta. Pero en Chile eran
todos ligeros, o eran welter o

eran moscas, los medio-pesados,
-como yo- teníamos que pelear en
Argentina. Pero igual tuve mis

noches. Después me dediqué al
transporte, y tuvimos que irnos,
la cosa estaba medio mala:

mi mujer es profesora,
al cabro igual lo quiero.

 

 

LA ÚLTIMA PELEA

Se entrena unas cuatro horas al día
en doble jornada. Por la mañana
ejercicios con pesas y resistencia,

en la tarde técnicas, sparrings,
no bajar la guardia. Las reglas del
marqués de Queensberry

nunca se aplicaron a su hijo,
el de ese amor que no se atreve
a decir su nombre: el

del acusado, en cambio, se supo,
una y otra vez pronunciado
como un sinónimo de una extraña

sabiduría, no aquella, por supuesto
de las peleas a puño descubierto
o limpio, si se quiere, a las finales

el golpe bajo es un crimen,
salirse de las reglas del padre:
olvidar la función del adjetivo.

 

 


CAMPEÓN

Dobla su uniforme como deshoja una flor de loto.
Pone extremo cuidado en que los bordes no se
salgan de la equis que forma todo el conjunto, los

amarra con el mismo cinturón que los sostiene
cuando están puestos. Todo esto es tan importante
como blandir la espada en silencio, como

ingresar al dojo por los lugares indicados y
no hablar cuando no te han dirigido la palabra.
He allí la esencia del combate.

 


VICTORIA(S) MORALES

Tiene treinta y cinco y no se ha dado cuenta.
Actúa como si nada hubiera pasado y no
le doliera la cabeza. Tiene cuatro niños

pero no se ha dado cuenta y sale a comprar
a mediodía sin prepararles el almuerzo y
y la tarjeta y las bolsas que se llenan

porque tiene treinta y cinco y de vez en
cuando no le viene mal mirarse en el
espejo, por muy ovalado que sea:

no se ha dado cuenta ni quiere
darse cuenta de que tiene treinta
y cinco y sin embargo: cuando

se terminen las vacaciones y en la
consultora, en la fábrica o la tienda
tenga nuevamente que volver a decir

lo mismo puede que escoja las mismas
palabras, puede que el sol vuelva a
salir todas las mañanas y sin

embargo tiene que estirarse pero no
se ha dado cuenta y los fines de semana,
el viaje con los suegros, es tan difícil

que las chiquillas la comprendan,
que el cielo se despeje, que las frutas
sigan donde mismo en el último

pasillo del supermercado.

 

 

MANTENER EL PESO

Max Baer le quitó la corona a Primo Carnera
en 1934. La pelea fue de las mejores que
se hayan visto en la historia del boxeo (

el italiano cayó once veces en once asaltos
y el contendor otras tantas. Baer era un
payaso y un mujeriego y Carnera

un campesino del sur de Italia. Baer se casó
y se divorció de una actriz hollywoodense
y años después, muchos años después

cuando a un productor inescrupuloso
como todo productor que se precie de tal
decidió filmar un libreto basado en la

vida del antiguo campeón, he aquí la
paradoja: el actor que haría el papel de
Max Baer sería el mismo Baer, que

derrotó por debajo y por encima al
italiano, a cuyas exequias, en su
natal Livorno, asistiría todo el pueblo.

 

 

NO HA PENSADO EN EL RETIRO

Todo un país pegado al televisor.
Se escuchan gritos de apoyo. La
familia está reunida. Se escuchan

más gritos de apoyo. Compraron
su pack de cervezas, el asado
va a estar listo. La escena se

repite por todo el barrio. Nadie
en la calle (salvo un par de pololos
que aprovechando la ocasión

salieron a dar una vuelta.
Van a comprar comida china.
Y en la esquina un par de chelas.

 



LAS REGLAS DEL MARQUÉS DE QUEENSBERRY,
TAMBIÉN CONOCIDO COMO JOHN S. DOUGLAS,
PADRE DE SIR ALFRED BOSIE DOUGLAS

El error consiste en leer a Carlos Bolton
como símbolo de pertenencia a alguna cofradía.
Como por ejemplo, "los iniciados en Carlos

Bolton", o "los iniciados de Carlos
Bolton", o "los iniciados por
Carlos Bolton".

Tienen en su mayoría treinta y cinco años.

.. .. .. .. Carecen
de causa y de currículum.

 

 


DECISIÓN DIVIDIDA

Encuentra entre los márgenes del libro
anotaciones de otros usuarios de la misma
biblioteca. Una trama paralela

que sigue el movimiento de sus ojos:
se detallan, allí, las impresiones
no del todo anónimas

de alguien a quien podríamos
identificar por la letra y la
ortografía: una investigación

que nos llevaría de vuelta a
nosotros mismos, al tiempo
perdido caminando por

estos corredores, la vida entre
medio de los estantes:
afuera el sol del invierno

la nieve se niega no sólo a
derretir: también los estudiantes
de postgrado insisten en volver a sus

hogares empujando sobre el hielo
un auto sin batería (la joven que conduce
no es la más borracha en todo el grupo).

 

 

K.O. TÉCNICO

Camas en los hospitales públicos,
raciones alimenticias en los jardines
infantiles, forraje para los animales
en las regiones afectadas por los
temporales, especialistas en los
centros de atención primaria,
fondos frescos para las universidades
estatales y créditos blandos para la pequeña
y la mediana empresa, fondos
mutuos de inversión que sean
verdaderamente mutuos,
fiscalizadores en la dirección
del trabajo, estaciones de
medición de la contaminación
del aire en aquellas comunas más
afectadas por el frío y las partículas
en suspensión debido a las calles
que no han sido asfaltadas y menos
en las comunas menos afectadas por
el frío y las partículas en suspensión
debido a la mayor cantidad de calles
asfaltadas, profesores básicos en
en los sectores de menores ingresos,
materiales de estudio en los liceos
fiscales, anticonceptivos en los
centros de atención pública,
la patria lo de menos, para
qué los verbos si tampoco los
nombres, los adjetivos si apenas
el sol esta mañana,

y nosotros:

nosotros ni cómo,
mucho menos
cuándo.

 

 

CUADRILÁTERO

El mar como un escenario (y el cielo un telón de fondo,
la infancia como una vida, la patria como un recuerdo,
los padres como una suma, mi hermano como cenizas,
la arena como si nada, contándola, como si fuera
lo único, lo que de qué otra manera, lo que no

viene al caso, pero qué otra puedo hacer
si en el mar ocurrió todo, si el cielo era mi
testigo, si la infancia no se termina,

la patria queda a lo lejos ni mis padres están
más cerca, si no soy prisionero de nadie
aunque al sumar y restar la arena

la arena no esté de acuerdo.

 

 


SPARRING

Algunos han llegado a esta
ciudad dispuestos a dar la vida
por conseguir un pedazo de ese

muro que antaño la dividiera:
no alcanzan sin embargo su
parte del botín y se contentan

con fotografiarse a los pies de
alguna estatua que certifique
que también los ídolos han caído

de una altura no menor a la de sus
propios pedestales. Algunos han
llegado a esta ciudad como quien

hace su visita a La Meca, ojalá
que no me excomulguen por
el nombre de una raza por la cual

en el fondo guardo un infinito respeto,
si acaso lo único que me indigna es
la indignación de haber como tantos

otros llegado a esta ciudad y no haber
salido de ella cuando tenía que salir
ni haberme dado cuenta. Cuando

preguntamos por el precio de los
bienes materiales tuvimos la
primera noción de lo que quiso

decir algún filósofo alemán con
aquello del opio de los pueblos.
Nuestra noción de la realidad

se parece a los rayos del sol
que atraviesan las persianas
y atenúan su caída y apenas

si calientan nuestros cuerpos
arrojados con temor sobre
una cama, después de ejercitarse

menos en la sorpresa que
en el hartazgo a consecuencia
de haber llegado a otra ciudad

como ésta dividida no sólo por
un muro, aunque por ahora no
sepamos qué hacer sino cruzarlo,

aunque ya nada sea lo mismo y
esperemos algo que está por
venir, pero no va a venir

aunque por ahora no sepamos
y nos sentemos a mirar por la ventana
qué hacer sin que el muro nos divida.

 

 

NO SE EQUIVOCABAN LOS MAESTROS
(museo de bellas artes, versión libre)

Alguien cree estar escribiendo en el fin del mundo,
pero no puede negar que el camión de los helados
está pasando nuevamente por el parque donde
los niños se arremolinan a su alrededor y la

descripción del paisaje no ha cambiado
porque el ojo del que mira no ha cambiado:
confía impertérrito en que el mundo es una
catástrofe tranquila, una reunión de nubes

diríase que de paso por el cielo
sería el único argumento convincente
para encerrarnos a conversar en un café
:de cualquier cosa, menos de las nubes.

Nadie tiene ganas de salvarse de nada
pero sí de tomarse un par de chelas, de
las últimas profecías sobre algún remoto
apocalipsis las palabras tienen poco que

decir: las danzas de la muerte, un anillo
en el dedo de los que no alcanzan a apretarse
el cinturón, aunque nada tenga en ello que
ver la improbable falta de presupuesto:

y es cierto que no sabemos distinguir
como le gusta enrostrarnos a los catedráticos
de las plazas más preciadas entre el cierzo
y el mistral, ok: touché. Así decía mi hermano

cuando hacíamos esgrima con palos de escoba
y terminaba sacándome cresta y media cuando
a los dos se nos pasaba la mano con el ardor de
los guerreros: él moriría poco después, tendido

en una cancha de fútbol, mordiendo no sé
si con desesperación el pasto, de seguro
ya inconsciente, producto de una falla en
el ventrículo derecho del conjunto arterial.

El camión de los helados pasa haciendo sonar
la sirena, los niños están a punto de alcanzarlo y
el conductor sólo piensa en lo fácil que será entregarle
las planillas al supervisor del turno de las mañanas.

 

 

 

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Cristián Gómez.
Por Ernesto González Barnert