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“Lo peruano es identificable, al menos para mí, si partimos del lenguaje”

Entrevista a Francisco Izquierdo Quea

Ahora que vive en París, quizá Francisco Izquierdo (Lima, 1980) podrá entender mejor el significado de esa abstracción que, durante más 180 años ha rondado nuestro imaginario y sus complicadas filiaciones. O quizás no. Por el momento, sus desencuentros y encuentros cotidianos, circunstanciales o simplemente ficticios le han permitido elaborar un esbozo de interpretación del ‘ser’ peruano. Bonitas palabras (Mundo Ajeno, 2007) atreve una definición en la que el humor y el lirismo se las apañan para cruzar nuestra historia, desde la revisión de temas tan sensibles como la Guerra del Pacífico, hasta la simple recreación del costumbrismo o del gótico, olvidados en nuestra tradición.

Por Francisco Ángeles

- Hay una regla implícita que la mayoría sigue: publicar libros de cuentos unitarios, orgánicos, etcétera. En tu libro hay más de una línea, y supongo que por eso lo has dividido en tres partes. ¿Te parece que los libros de cuentos deben ser algo más que una suma de textos independientes? ¿Necesariamente tiene que haber algo que los enlace?
- Creo que, a diferencia de la poesía, en los cuentos uno puede tomarse ciertas licencias. Hay autores reconocidos –pienso en Quim Monzó o Foster Wallace– cuyos libros presentan relatos que muchas veces distan en temática, estilo o técnica. En el caso de Bonitas palabras, lo que intenté es partir de una idea fija: lo peruano, tanto desde una óptica historicista como desde la cotidianeidad que predomina en nuestra sociedad…

- ¿Crees que se te podría maletear por juntar en un mismo libro cuentos tan distintos como, por ejemplo, “Nada ni nadie” y “El niño en casa”?
- Se me puede maletear por eso o por cualquier tontería…

- A eso iba. Para la crítica puedes ser un escritor que “domina diversos registros" o también un patita sin estilo definido…
- Obvio. Ahí entrar a tallar la sensibilidad de la persona que escriba el comentario o apreciación del libro. De un mismo aspecto me pueden decir algo positivo o negativo. Pero eso es normal, ya depende de la apertura del lector…

- Dices que has intentado retratar lo peruano. ¿Hasta qué punto podemos considerar peruano un cuento como “La guapa”, si tomamos en cuenta que la misma situación puede ocurrir en cualquier otro lugar?
- En el caso de ese cuento tienes razón, su anécdota puede suceder en cualquier lugar. Pero puede ser identificable como peruano, al menos para mí, si partimos del lenguaje, las costumbres y una que otra descripción que el narrador hace…

- Claro, eso es más interesante. A veces uno cree que una anécdota descontextualizada basta para considerar que un texto ya no pertenece o no se inscribe dentro de una tradición....
- Esa es una lectura que cierta crítica institucionalizó, y no sólo en nuestro país. Por ejemplo, Bolaño. Algunos no lo consideran un escritor chileno sino mexicano o español. Yo he hablando con escritores y lectores chilenos y varios de ellos aún se resisten a la obra de Bolaño, a pesar de que escribe sobre Chile y sobre elementos reales de su país. Y con un lenguaje chileno, con sus modismos…

- Bueno, sobre Bolaño se podría hablar un buen rato, pero yo iba por otro lado: pensar que porque uno ubica sus relatos en un lugar lejano o en un lugar sin nombre ya no se mueve dentro de la tradición. Los cuentos más coloquiales de Bonitas palabras podrían tranquilamente ocurrir en China y no hacer ninguna referencia histórica ni política ni geográfica al Perú. Sin embargo, sólo en la construcción de las frases se puede descubrir una tradición detrás. Veo, por ejemplo, al Bryce de La felicidad ja ja
- Lo que pasa es que la tradición de nuestras letras tiene muchos momentos. Por ejemplo, los de La ciudad y los perros, La felicidad ja ja, Los inocentes, las obras de Arguedas o Alegría, los cantares novelados de Scorza. Son libros cuyas historias ocurren acá o donde sus personajes son peruanos. Sin embargo, lo que los identifica es el lenguaje...

- ¿No es curioso que el más representativo de nuestros cuentistas, Ribeyro, sea uno muy tradicional?
- Llamar a Ribeyro el cuentista más representativo me parece una exageración. Yo no discuto a sus seguidores ni al fervor con el que lo admiran. Pero a mí no me gusta la mayoría de sus cuentos. Sus artificios son demasiado identificables y el lenguaje es obviamente clásico…

- Y lo clásico era para él más una imposición que una elección. No podía escribir de otra manera, él mismo lo dice. De hecho, en uno de sus cuentos más flojos, “Fénix”, quiere aplicar las técnicas que utiliza el boom y pierde por goleada...
- Curiosamente, ese cuento es uno de los que más me agrada. Al menos rompe con ese sopor tan común en su obra…

- Claro, si no te gusta Ribeyro es normal que prefieras un cuento en que no es él...
- Me agrada “Fénix”, no sé si porque no es el Ribeyro clásico o por la técnica. Pero en general, la calidad de los cuentos de Ribeyro es, a mi juicio, discutible. Yo no digo que sea un mal escritor, pero llamarlo "el cuentista de bandera" es demasiado. ¿Por qué ese término? ¿Porque escribió cuentos en su mayoría? ¿Porque sus novelas tienen menor calidad que sus relatos?

- O porque tiene una imagen muy vendedora, que es precisamente la del no vendedor...
- Por supuesto. Ribeyro puede ser un gran referente si lo lees a los catorce años. Ahí te marca…

- ¿A ti te marcó?
- No.

- Hace poco releí Prosas apátridas y me encontré con una que empezaba diciendo algo así como "abro la ventana, miro las calles y siento toda la tristeza del mundo cayendo sobre mi pecho". Uno lee eso a los catorce y dice qué paja, cómo sufre este pata, yo también quiero. Creo que por eso soy medio depre…
- Pero no te sientas mal por eso…

- (Risas) De hecho al releerlo me sentí muy mal…
- Eso le ha pasado a muchas personas. Hay gente que asimila eso y siguen pensando en el Ribeyro de los diarios. Porque vende la idea de ser un escritor que se va a Europa y que sufre, la pelea y que al fin consigue su obra. Pero eso es parte del bluff…

- Pero supongo que Ribeyro no lo planificó así. Quizá al escribir su diario sí se la creyó, quizá todo es cierto. A lo que iba es que esa imagen, natural o impostada, después le ayudó a tener éxito...
- Definitivamente. Y en San Marcos, por ejemplo, los mismos profesores que te dicen "hay que separar biografía de obra" son hinchas de autores como Ribeyro o Bolaño porque sus vidas les parecen fascinantes. El solo hecho de publicar un diario en vida puede suscitar malicia en quienes lo leen. ¿Quién te dice que el autor no metió mano ahí o hizo sus cambios para que su vida suene, no sé, bien hardcore? Tranquilamente los diarios pueden ser parte de la ficción en su obra…

- Ya. Pero estábamos en que es el mejor cuentista del Perú, cosa que no atracas. Más allá de que no te parezca gran cosa, ¿es el mejor o no?
- Es que nuestro país no tiene una tradición grandiosa en cuento…

- Por eso mismo. Es el mejor, ¿no?
- No. El mejor es Bryce. Al menos a mi juicio, Bryce es mucho más cuentista que Ribeyro.

- Ok, hablemos un poco de la prensa. Tú has trabajado varios años ahí y nunca te has sentido muy a gusto…
- No, aunque mi último empleo dirigiendo una página cultural tuvo momentos gratificantes. La prensa juega un rol importante en la difusión de una obra o en su valoración. Hay que diferenciar esos conceptos. Tú puedes decir salió tal libro de tal autor, el libro trata de esto, con ustedes la entrevista. Eso es difusión. La valoración implica criterios más exhaustivos…

- Sí, eso está claro. Pero lo interesante es cómo elegir material entre lo más caleta. ¿A quién se le da cobertura?
- Eso depende del encargado de la página. La prensa en general, en todas sus áreas, salvo valiosas excepciones, es un ambiente copado de argollas, coimas, mermeladas…

- Claro, entiendo. Pero tampoco nos hagamos los estrechos. O sea, hace tiempo que no entrevisto a nadie y ahora te estoy entrevistando a ti, que eres uno de mis mejores amigos…
- Por supuesto, pero quienes lean la entrevista se darán cuenta de que por esa amistad acá hay un trato cordial y nada más…

- Claro, no saben que después la vamos a editar juntos…
- (Risas) Así es. Tipo Ribeyro y Campodónico con los diarios…

- “Julio, ¿qué palabrita cambiamos, qué coma le movemos para hacerte más depre y melancólico?”. ¿Así crees que fue?
- Yo creo que hubo un floro agregado y sus buenas tijerazas…

- Pasemos a algo más actual. La pregunta de siempre, que no voy a hacerte, es cómo te ubicas en el panorama de la joven narrativa peruana…
- Qué bueno que no la vas a hacer…

- Eso no sé cómo se contesta, y supongo que tú tampoco…
- Exacto.

- Pero sí me interesa saber tu opinión sobre este nuevo grupo de narradores. ¿Cuáles te parecen los más destacados?
- Yushimito, Leonardo Aguirre, Castañeda y Alarcón. De Aguirre sólo he leído su primer libro, no sé qué tal está el segundo. De Castañeda y Alarcón he leído también sus siguientes libros y en ambos casos me parecieron inferiores al primero…

- ¿Y qué opinas sobre este fenómeno de editoriales jóvenes?
- Bueno, la labor que desempeñan es loable. Publican en la mayoría de los casos a nuevos autores…

- Pero los autores van con la suya, ¿no? ¿Dónde está lo loable?
- Pero eso ocurre en cualquier editorial, sólo que en éstas es más barato y aumenta las posibilidades de publicar un libro. Mucha gente, y en esto me incluyo, no hubiera podido publicar sin la existencia de estas editoriales. Que tu libro sea bueno es otro cantar…

- A lo que iba es que esta explosión editorial ha creado la ilusión de un movimiento literario que no estoy seguro que exista en la magnitud en que se cree. Basta ver el tiraje de los libros. Y casi ninguno se agota…
- Pero hay libros, hay producción…

- Claro, eso me parece muy bien. Pero el punto es que no hay más lectores. ¿O crees que sí?
- Pero nada es perfecto, y menos en un mercado editorial tan desfasado como el peruano. Hay móviles importantes. Los premios de Cueto o Roncagliolo hacen que cualquier chibolo o autor joven diga "yo también la hago". Se ha creado una atmósfera de optimismo y eso ha llevado a muchos a escribir y publicar…

- Tengo la sensación de que aparentemente hay mucho ruido con tantos nuevos escritores, pero que afuera, más allá del público de siempre, nadie se entera…
- Bueno, si hablas de que los escritores sean más famosos, podemos hablar por ejemplo de Vargas Llosa. En nuestro país es conocido en gran medida por su rol como ex candidato y porque funge como líder de opinión y en la calle todo el mundo lo reconoce. Pero en París sólo lo reconoce la gente que sabe que va a ir a tal conferencia o algún peruano que lo ve en la calle y va de frente a mentarle la madre. Pero fuera de eso, pasa completamente desapercibido. Tú agarras a Marco Martos o resucitas a Heraud y los paras en Larcomar y nadie los saluda. Frente a eso, ¿qué se puede esperar de un autor joven?

- No estoy diciendo que a Leonardo Aguirre le pidan autógrafos en cada esquina de Larco (aunque el otro día me contó que le pidieron uno en la puerta de un burdel), pero al menos que su Musa travestida se deje de apolillar en Crisol…
- En eso entra a tallar la difusión por parte de las editoriales y el trabajo hecho en prensa…

- Porque el objetivo debería ser conseguir nuevos lectores, no sólo que la gente publique en mancha…
- Eso se consigue mediante la prensa o buscando que te pongan dentro del plan educativo del ministerio y te lean en el colegio. Que en el libro de cuarto de secundaria haya una sección de autores peruanos jóvenes. Aparentemente suena rayadazo, pero eso ha pasado antes. Yo tengo un libro de Literatura del 79 donde sale gente tipo Marco Martos, Cisneros, Hinostroza, Heraud…

- Que en el 79 no era tan calichines que digamos...
- Pero, a ver, ¿tú te imaginas a alguien tipo Malca en un libro de cole del 2015? O a gente de los 80 como Domingo de Ramos o el chino Mendizábal, que tienen casi treinta años escribiendo buena poesía. No pues. No van a estar ahí. Y sobre esto de los narradores jóvenes, a algunos los leerán afuera y a otros no, a algunos los traducirán y a otros no, a algunos los publicarán editoriales españolas y a otros no. Ya depende de qué tan recompensado se sienta el autor frente a lo que le toque…

- Para terminar, hablemos un poco del libro. Tienes un cuento en el que abordas el asesinato que cometió Chocano contra Edwin Elmore Letts…
- Sí. La anécdota me pareció interesante, por todo lo creado alrededor de ambos personajes, la víctima y el victimario…

- Es un poco extraña la figura del escritor asesino. Creo que no hay muchos. El que escribe no mata, algo así. Pero sí se mata, ejemplos sobran…
- Claro, porque se supone que el que escribe se defiende con su pluma. O porque se asocia al escritor como una lornaza que no le entra al golpe. Claro que igual Chocano pudo ser un mancazo. Cualquier manco puede matar, agarra una pistola y te plomea sin mucho esfuerzo. Pero bueno, ésa es la visión romántica que se tiene del escritor, un intelectual que sólo se dedica a leer y a hacer viajes…

- Un tema recurrente en tu libro es Chile, que de distintas maneras aparece en varios cuentos. El de Chocano tiene móviles que se pueden relacionar con Chile, otro cuento habla de la guerra con Chile, en “El partido” Perú juega contra Chile. ¿Hay una obsesión ahí?
- Bueno, Chile es parte de la vida de muchos peruanos. Creo que representa un tema de mucha relevancia, y es algo que he tratado de manifestar en algunos de los relatos del libro. En "Bonitas palabras", a Elmore Letts se le sindica como el hijo del traidor de Arica, y eso es algo que Chocano se lo dijo en la vida real, pues el padre de Elmore Letts, Teodoro Elmore, es sindicado como el ingeniero que colocó las minas en el morro de Arica, luego se pasó al bando de los chilenos, las desactivó y con eso permitió que el ejército contrario pudiera entrar a matar a las tropas peruanas. En la actualidad la situación ha cambiado, pero continúa muy latente por todo lo que difunde la prensa: las inversiones chilenas en el Perú, la cuestión limítrofe, los peruanos en Santiago y los partidos de fútbol…

- Hay gente que sigue con esa nota de recuperar Arica...
- Esa es una cuestión cultural que está establecida en nuestra sociedad…

- Pero en tu caso, ¿hay un interés particular o es sólo coincidencia?
- Es un interés particular porque es algo que actualmente sigue instaurado en el Perú. Se respira a cada momento con disputas comerciales, territoriales, deportivas. Lo mismo, pero en menor grado, ocurre en Chile: la prensa crea fantasmas, los políticos salen a decir que movilizarán sus aviones, barcos, etcétera. Pero a los días los cancilleres de ambos países se juntan para meterse unos tragos y la presidenta Bachelet viene a bailar y a cantar el himno nacional acá. Y es curioso, porque al final la que termina matándose es la gente de abajo, chilenos y peruanos del vulgo, que sólo siguen una coyuntura.

 

 

 

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Entrevista a Francisco Izquierdo Quea:
"Lo peruano es identificable, al menos para mí, si partimos del lenguaje".
Por Francisco Ángeles