Aunque breve, El emboscado de Francisco Véjar,
su nuevo poemario publicado por Ediciones La Pata de Liebre en noviembre
de 2003, ofrece una poesía que toca temas contemporáneos
y eternos; alude a poetas de Chile, España, Austria y Estados
Unidos, y medita algunas cuestiones
profundas
por medio de imágenes cotidianas. Con solamente nueve poemas,
El emboscado también alcanza a desarrollar una historia
de amor que mide la pena de la ausencia y el valor del sufrimiento.
Sus diez páginas de poesía entregan una variedad que
produce gran impacto.
El primer poema, que lleva como título "Estación
Leopoldo María Panero", habla de "niebla sobre el
césped de la calle" donde el poeta reside, y también
se refiere al camión de la basura, los locos rematados y un
dipsómano. La calle del autor se llama Miguel de Cervantes,
que en sí evoca el gran escritor español, pero al mismo
tiempo el título alude a otro español, el poeta que
vive en un manicomio en las Islas Canarias. El poema nos mete en un
mundo de alusiones e imágenes llenas de significado que nos
emboscan dentro del follaje de sus versos.
No pretendo entender todas las alusiones e imágenes en el poemario,
pero creo que el poeta no dice la verdad cuando cita a Gerard de Nerval
como epígrafe: "Yo persigo una imagen, nada más".
Es la costumbre, según se dice, que los poetas mientan. En
este caso me parece que el poeta quiere descubrir un significado más
allá de las imágenes. Por ejemplo, el dipsómano
se bebe "el crepúsculo Nevermore", lo cual es a la
vez una alusión a Poe y un deseo de encontrar en el alcohol
el fin de algo que el dipsómano no puede soportar. Además
de estas referencias, el poema alude al hecho de que Panero, un poeta
loco y dipsómano, tiene publicados unos libros con los títulos
de Locos (1992) y El agujero llamado Nevermore (1999).
Me parece que Véjar encuentra en las imágenes de la
basura y las cenizas del cementerio una relación con el dipsómano
cuya ruina "bella" es "tan profunda que ni siquiera
el tiempo puede hacernos morir". Para mí, todo esto llega
más allá de las meras imágenes. (Por casualidad,
los narradores-sicóticos en Poe usan la palabra "mera"
cuando mienten.)
El penúltimo poema en la colección lleva el título
de "Escrito encontrado en una mesa del restaurante Miramar (Quintay)",
y aquí el hablante menciona al poeta austriaco Georg Trakl,
otro de los poetas favoritos de Véjar. En este poema, detrás
de las imágenes de "lápidas anónimas que
golpea la tempestad", yacen otra vez las influencias y las vidas
trágicas de los poetas que Véjar admira. Son estas influencias,
alusiones y tragedias las que dan más interés a su poesía
que las puras imágenes. También, el poema que se llama
"Líneas sobre la carátula
de
un disco de Stan Getz" me intriga por su alusión al jazzista,
pero la alusión no existe aparte de las imágenes intrigantes
de una pareja que trata de volver a la creencia en el amor, como "una
rara especie de animales / que escribían sáficos imperfectos
/ en sus cuerpos desnudos".
En el segundo poema de la colección, titulado "Puesta
de sol", Véjar se compenetra con el lenguaje mismo, y
lo compara con el viento que "barre papeles, hojas secas y promesas".
Aquí el poeta combina palabras que nombran cosas que son hechas
por el hombre o la naturaleza, con una palabra que significa una idea
humana. Este renglón me recuerda el último verso de
"Entrada a la madera", de Neruda, donde él combina
"y ardamos, y callemos, y campanas". Tales combinaciones
en la poesía de estos dos chilenos mezclan lo natural con lo
humano, y siempre es la interrelación entre esos dos elementos
lo que eleva un poema más allá de las "meras"
imágenes. En los siguientes versos, Véjar compara las
"arterias" de la ciudad con la "savia" de los
árboles. Otra vez el poeta ha mezclado el mundo natural con
eso de lo humano, en este caso para sugerir que la ciudad sirve el
propósito de mantener nuestras vidas y hacernos vivir como
los árboles con su savia.
Siendo un poeta que casi siempre prefiere el campo a la ciudad, en
El emboscado, Véjar nos sorprende cuando encuentra en
la ciudad imágenes para celebrar. En el tercer poema, titulado
"Ciudad escindida", él confiesa que a pesar de las
calles "con derrumbes de casas / y heridas en sus aceras // siempre
habrá algo que te guste; / como el vuelo del mirlo sobre el
parque / o la compañía muda de los árboles".
Aunque son imágenes de la naturaleza, todavía éstas
significan algo más que imágenes -representan "la
compañía", una necesidad humana, especialmente
en la ciudad que puede ser tan impersonal y poco amigable.
Si he contradicho el epígrafe de El emboscado es porque
creo que el contenido de este poemario va más allá de
imágenes "nada más", sin ningún otro
significado. Para el lector que busca una relación fundamental
entre el lenguaje, la naturaleza y la humanidad, esta nueva colección
de Francisco Véjar provee una combinación rica y compleja
de estos tres elementos presentes en cualquiera poesía valiosa.
(*) David Oliphant es profesor de literatura
en la University of Texas at Austin, Estados Unidos, y traductor al
inglés de Nicanor Parra y Enrique Lihn.