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Germán Carrasco

"un premio es infinitamente más cómodo que hacer lobby"

 

por Marco Antonio Coloma



Germán Carrasco sostiene que la fórmula es simple: fotocopias el libro, lo envías a un concurso, y te olvidas. A él le ha dado resultados. Y muy buenos. Con un poesía que no pasa inadvertida por un lenguaje suelto e inteligente, Carrasco colecciona un puñado de galardones. El primero fue el Jorge Teillier, el año 97, por su poemario La insidia del sol sobre las cosas. Luego vino el Premio Hispanoamericano Diario de poesía-VOX en 1999 por Calas, y hace muy poco el Sor Juana Inés de la Cruz de Costa Rica por Clavados, volumen que será publicado próximamente por JC Sáez editor. Aunque se pasea tranquilo entre sus pares, habla medido: a ratos le asoma un desparpajo que no demora en contener. Estudió literatura inglesa en la Chile, luego hizo sus maletas y se fue a ocupar un puesto al Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa, becado por la Fundación Andes. Con esos créditos se pasea con propiedad en el difícil arte de la traducción, ha vaciado a Mark Strand a nuestra lengua, y publicado en Norma un versión de El mercader de Venecia. Editado Calas mereció el Premio Consejo Nacional del Libro y la Lectura el año pasado. Carrasco no se queja, con un gesto amable llama a la mesera, le pide dos cervezas mientras yo me esmero en hacer funcionar la grabadora.

Voy a comenzar por el final, utilizando un término contable. ¿Cuál es el balance que puedes hacer del camino que ya has recorrido como poeta?
Todo primer libro es una carta de ajuste y presentación, las licencias te las permites en la medida en que te sientes ilusoriamente seguro. Hoy pretendo escribir con las manos absolutamente libres, lo que es imposible. Trato de hacerme entender, que la fiesta no sea sólo para los de siempre. Tener conciencia del verso al principio es fundamental, pero luego de ese gimnasio uno puede experimentar, jugar. Algunos dicen "esto es mucha experimentación, mucho ejercicio", y yo diría que la poesía es precisamente eso. Aquí tenemos la idea del poeta único, del gran vate intocable que eclipsa a las demás voces y matices, que paraliza la literatura. Nadie se puede arrogar el cambio de la literatura, su demolición, nada de eso, todo es lento y se va construyendo con distintos discursos.

Una de las cuestiones que llama la atención en tus libros es la composición de ellos como un objeto total. No se trata de la típica colección de poemas, sino más bien de una propuesta que busca la unidad aparente a partir de guiños a la narrativa, de la inclusión de personajes que transitan de un poema a otro, y de la reiteración de sentencias que le dan al libro una especie de, digamos, densidad teórica. Me parece que más que unidad (de ahí que le llame aparente) hay un intento por reventar la significación, hacer de la lectura un campo abierto a las interpretaciones.
Si estás dos o cuatro años girando en torno a un conjunto de obsesiones y paisajes, y luego produces una cantidad de textos, es obvio que se van a repetir ciertas imágenes. El jazz, el urbanismo, las metáforas provenientes del deporte o lo que fuere se van a repetir. Quizás un corpus abundante y la exposición del proceso sea más amable con el lector que ofrecer diez diamantes. Es mejor ofrecer un mundo al que el lector pueda ingresar, reconocer un tono, un set de personajes, etc. Es fácil decir "aquí sobran poemas", o sacar el 75 por ciento del libro, el antologador-policía es reduccionista por holgazanería, por miedo a las variables, porque se le va de las manos el texto y tiene un afán de fichero, de kardex. La escritura debe ser más inclusiva, permitirse más cosas, más libres, surfear.

Hay también en tu trabajo un cruce de códigos lingüísticos, algo de jerga coloquial, incluso cierto coa barrial.
Me interesa el diálogo entre alta y baja cultura, ahí hay un divorcio como el que existe en lo social y en todo orden de cosas. Por un lado existe un miedo o angustia frente a la contaminación, una cosa de hacer gala con el canon, una cosa entre autoritaria y neurótica. Por otro lado tienes gente que trata de impostar una marginalidad que les sale como a un mal actor. Yo intento mezclar discursos. En algún momento, quizá no sé por qué a todos nos dio por decir que la antipocsía era un veneno (¿cuáles son los parrianos, exactamente?, yo creo que todos lo somos). No dejamos que se desarrollara el poema de uso, espontáneo, que pueden considerar anodino. Tiene que haber un territorio donde esas -y otras cosas, identidades sociales, sexuales, hablas- se fusionen. Es momento de articular diferentes maneras, paradigmas, un nuevo pacto con la literatura.

En términos de locaciones en tu poesía hay barrios definidos, digamos, con cierto denominador común: Mapocho, Franklin, San Pablo. Son lugares para ti conocidos, parece ser tu paisaje.
Y también está el brillo de un Mercedes Benz al salir de un estacionamiento. Son barrios de fachadas continuas, pero eso no se puede tildar de marginal. Ese es el escenario, tus materiales. Lo que he hecho es básicamente retratar escenas donde está en juego la sensualidad, el poder, fotografías de Santiago. No me interesa la caricatura de lo marginal, el arte de la extrema pobreza y que habla en coa, un arte social de apoderarse de su aura, sino hacer un retrato casi neutral de esa situación y por supuesto rescatar los aspectos de sensualidad que tiene. Me interesan los eventos urbanos, las acuarelas de la ciudad. Además, Mapocho, el Centro de Santiago, Independencia son Santiago: identidad, adobe, edificios nuevos, ese es Santiago. A veces en la televisión escuchamos frases como "la populosa comuna de X, Y o Z", lo que nos haría suponer que la mayoría de los chilenos vive en Beverly Hills. No es así.

En otro tema, ¿cuan importante es la traducción en tu escritura?
La traducción es simplemente un gimnasio, ahí se aprende, se fracasa, etc. No hay que obsesionarse con la traducción porque ligerito viene el asunto de "esto lo sacó de aquí". No hay una literatura en inglés como para decir "tú tienes influencia de la literatura americana o inglesa". Al enfrentarse con las dificultades de traducción seaprenden algunas mañas, claro, eso es importante, estar en un taller de traducción como el de Iowa, estar un mes en USA vale más que años con cualquier profe de "literatura inglesa" hablando tonterías y prejuicios. Lo otro, hay que saquear cualquier texto, perder el respeto a ley severa y atreverse con cualquier cosa, tirarse a la piscina. Aquí todos dicen, oh, "pero cómo va a atreverse X", no hay nada sagrado.

Has dicho por ahí que te interesan poco las citas, sin embargo tus textos están llenos de referencias textuales a otros autores.
Sigue aquí la misma mala costumbre del Chile de Blest Gana en donde había chilenos que hablaban un par de frases en francés y hasta latín para confundir y aparentar. Lamentablemente para ellos el inglés es una lengua democrática. Ya no pueden seguir haciendo ese juego, siempre hay posibilidad de apoderarse de los libros que no están traducidos, del acceso a ciertas cosas, pero es un abuso que se descubre fácil. Hay gente que quisiera decir "se acaba el partido porque la pelota es mía y me la llevo". Bloquearían accesos si pudieran. Muchas veces, por falta de talento, alguna gente se esconde tras una tropa enorme de autores, de citas, puro bluff mientras el palurdaje comenta "qué erudición, cuánto ha leído este tipo". A veces creo que hay que plantear una poesía que se pueda leer sin haber tenido conocimiento de la literatura anterior. O puede tener ecos y ser puro intertexto, pero eso no debe notarse.

Por eso insisto en que las referencias literarias abundan en tu poesía.
Intento esquivar las referencias. Intertextualidad es una palabra demasiado manoseada, pero siempre hay un diálogo con la literatura y un ponerse al final de la enorme fila del canon. Pero eso no puede ser protagonico, o no debe notarse. Con la excepción de una o dos recreaciones que hago en "Clavados" (las señalo por honestidad, si fuera por mí las sacaría porque dan una impresión de soberbia, de esnobismo), el libro está desnudo de nombres propios precisamente para que se deje leer, eso es importante. Esa persona que no domina los referentes, las citas y la sarta de nombres de la tradición, esa persona que se acerca desnuda al libro tiene derecho a leer, a leer un libro desnudo.

¿Qué opinión tienes de los talleres de poesía?
Son útiles, en tanto no sean uniformes, en tanto el que lo imparte no sea un dictador.

En algún momento tú pasaste por el de la Fundación Neruda.
Ese taller es bueno porque llega gente que tiene sensibilidad literaria, y que tiene muchas diferencias, y las disputas, en un marco de respeto, se aclaran y se aprende un montón.

¿Existe cierto decanato por parte del Taller Neruda en la promoción de poetas jóvenes?
La Fundación Neruda capta a los diez mejores jóvenes inéditos que andan por ahí, y hasta les pagan. Te encuentras con gente distinta. De la Fundación ha salido toda la gente que ha hecho cosas interesantes, aunque hablen pestes de ese taller, casi todos han salido de ahí.

¿Qué opinas de los premios literarios?
Un premio es infinitamente más cómodo que hacer lobby. El lobby es chupar medias mientras que el premio te ahorra el contacto con la gente. Es muy sencillo, fotocopias tus cosas, las envías y luego pierdes o ganas, la cosa es olvidarse de las fechas de fallo, nada más. Uno hasta se ordena más, corrige más, piensa más en la poesía y sus problemas por el hecho de tener que dar forma a un corpus. Haces las copias y las envías y nada, o pierdes o vas a buscar el cheque con una sonrisa de oreja a oreja; no tienes que estar inscrito en el partido ni ser militante de tal ideología o corriente literaria, ni ser de esta secta, ni invitar a nadie a comer, ni andar pisando huevos o cuidándote de no pisar callos, no tienes que servirle café ni seguirle la corriente a nadie, ni opinar según no sé qué línea pasándote a llevar a ti mismo. Es curioso que todos los poetas denosten los premios, en el fondo todos los ansian, se les hace agua la boca, a los grandes incluso, todos quieren el Nacional, el Reina Sofía o el premio cagón que da tal municipalidad. Los premios te permiten ahorrarte el lobby. Y si te premian en otro país, donde es imposible esa pornografía de la repartija cuotera y militante, significa que no estás escribiendo para un solo grupo, que te entendieron. En eso hay una ganancia porque demuestra que lo que estás escribiendo fue entendido. Los premios provocan muchísima angustia en alguna gente, pero si no significan nada como afirman algunos, no deberían provocar eso. Los jurados deben ser mixtos, de distintas escuelas, ojalá con un extranjero.

¿Qué pasa con la recepción crítica de tus textos?
Exceptuando las publicaciones académicas, no hay crítica literaria. No hay crítica, y la que hay lamentablemente está en la academia y no baja al oscurantismo abisal de la prensa, una pena porque lo que lee la gente (ah, por casualidad, a mí me interesa que me entiendan y me lean, hay gente a la que eso le parece un defecto), digo, una pena porque lo que lee la gente es la prensa, las revistas, en donde los "críticos" (periodistas muchas veces) obedecen líneas editoriales, escriben con el páncreas, etc. La crítica de un libro debería ser un libro, la de un poema otro poema, o un "cómo leer a X". La crítica en la prensa generalmente deja mucho que desear, la hace gente que carece de experiencia literaria y que escriben con una autoridad que no sé de dónde sacan, un libro de 2 o 5 años puede quedar reducido a cenizas en manos de esa gente. La crítica Marjorie Perloff dice que la crítica deberían ejercerla también los mismos poetas. Las críticas de la prensa nunca abren una lectura ni liberan los sentidos del libro, todos los que se las dan de críticos carecen de experiencia poética, hacen una introducción general citando a diestra y siniestra ("como bien dijo X, Y, Z, blablablá") y luego descargan su subjetividad a veces por orden de un editor, de un grupo político o por mera y simple envidia o resentimiento. Hay que leer con amor y hablar con mucho cuidado de cualquier libro.

¿A propósito, quienes son los ponys de los sesenta?
Todos aprendimos de maestros como Millán y toda esa generación. A veces sin embargo se percibe en algunos de ellos una muerte del entusiasmo, una decepción política, una infección de la vida de la que es mejor mantenerse alejado.

¿Cuánto hay de querellas entre nuevos y viejos en todo esto?
Pienso que hay un vacío generacional, algunos grandes entienden todo como parricida. Hay maestros que nos enseñaron a cuidar el verso. Aprendimos a cuidar el verso, pero ahora se propone otro discurso más farragoso, más inmediato, más alambicado, más contaminado, más ladino en su mezcla de códigos, pero no es un parricidio, es un homenaje. Un nuevo pacto con la literatura... algunos entienden eso, otros no. Lo otro es que no sé hasta que edad se es "poeta joven", esa frase despectiva (recordemos todos los ejemplos de poetas que escribieron su obra antes de los treinta). Hay una tremenda brecha generacional, no sé, en Buenos Aires los consagrados leen a los más jóvenes, buscan, tal vez se preocupan y quieren saber en qué está la literatura. Nuevamente hay que mezclar, así se soluciona todo. Y no hay que pensar en el súper bardo o la súper trovatriz, hay que escuchar a los grandes, y estos no pueden perder la capacidad de escuchar, supongo.

¿Qué te provoca la relación de poetas y poder?
Si alguien tiene poder tiene que hacer extensión de ese poder. Si alguien tiene un consulado o una agregaduría cultural, lo que tiene que hacer es precisamente invitar a las generaciones de jóvenes y viejos, y qué sé yo, hacer traducciones, mesas, invitaciones. Ojalá cosas de cámara, talleres serios entre tres o cuatro personas que ya sabrán cómo abordar a todo ese grupo que espera ávido en el auditorio. Supongo que no tienen que simplemente ir a tomar champaña, algo se podrá hacer. No se trata de una cosa masiva, de meter gente a un estadio y traer un poeta de un determinado país, pero sí se trata de conectar generaciones, y que se pueda articular, por ejemplo, alguna traducción, crear contactos, hacer algo de cámara, no sé. Un agregado cultural tiene que articular un intercambio entre dos países, creo yo, generar movimiento, ediciones, etc.

¿Tu le harías el quite a un puesto de poder gubernamental?
No. Lo aprovecharía. Pediría ayuda, un equipo. No sé.

Lo aceptarías en la medida en que te sirve para hacer cosas.
Sí, y molestaría a los que tienen la plata para los pasajes de avión, y para las ediciones, eso haría. Los argentinos por ejemplo, hacen antologías de poesía chilena, lecturas de poetas, de Lihn, y de gente de ahora, nos conocen, a Guillermo Valenzuela, a Yanko, yo llevo libros de acá, Harris, Alexis Figueroa, Brito, etc. El otro día no encontré nada de Soledad Fariña en ninguna librería antes de ir a Buenos Aires (parece que los únicos que distribuyen bien son los de Lom). Bueno, ellos nos leen y nosotros no a ellos. No estamos abiertos, somos isleños, y un puesto como ese es para hacer intercambio, para conocer las distintas poéticas.

¿Cómo ves el nivel de debate intelectual en este país?
No hay debate ni crítica. Hay patotas que se autodefienden, que no dejan entrar a nadie, casi gansteriles. Tampoco hay humor. No sé, destaco en todo caso proyectos como esta revista, como La calabaza del diablo, como Plagio, como Casagrande, todos los que se la juegan por editar.

En otro tema, tengo la impresión de que dentro del grupo de poetas jóvenes hay bastante autofagocitación.
Retroalimentación diría yo. No sé, hay un montón de voces distintas.

Pienso en Cristian Gómez por ejemplo, él es un tipo que ha divulgado la poesía de otros jóvenes poetas.
Pero él ni siquiera tiene poder ni tribuna para hacer eso que estás diciendo. ¿Divulgar?

Me refiero a que tiene la posibilidad de poner discursos dentro de la academia.
Bueno, pero esos discursos llenos de citas ilustres, muy alambicados, no los lee casi nadie, o los leemos los mismos de siempre, tal vez deba ser así, o no, no sé.

Hablemos de antologías. Dame tu opinión sobre el trabajo de Francisco Vejar en la Antología de la poesía joven chilena, publicada por Universitaria, y ahora reeditada.
Dudoso negocio de las antologías, diría Lihn. Messerli diría: las antologías son a los poetas lo que los zoológicos a los animales, siempre van a faltar algunas especies. Hay que tener cuidado al hacer un índice, además recordemos que las antologías son los libros que más venden, por eso hay que tener aún más cuidado. De todos modos, toda antología es parcial y quizás sea la hora de hacer un corpus antológico en donde los textos dialoguen entre sí, con títulos y epígrafes tomados de poemas, por ejemplo: la voz del origen, con el epígrafe "aindiado y afásico" de Guillermo Valenzuela incluiría lo étnico, el mestizaje, las identidades, lo extranjero. Otra sección urbe/provincia, los espacios; otra sección queer, otra denominada "crisis del verso o la forma"; otra de identidades sexuales y amor; otra donde lo experimental y lo conservador dialogaran y se pusieran en tensión; fragmentos de poemas, no textos completos, yo sacaría incluso los nombres de los autores o los pondría al final en letra muy chica y al revés, como en esos problemas y juegos de ocio que aparecen en la prensa -¿debería patentar o inscribir eso en el derecho de autor?. Esta antología que propongo haría desaparecer el molesto peso de la autoría dejando hablar sólo a los textos; consultaría muchas opiniones opuestas, en conflicto, le pagaría su tiempo al antologador, éste cobraría relevancia por su selección y su sintaxis de los textos. Esa sería una manera, nadie lo ha hecho. Debe haber muchas otras formas, la antología como colección también debe ser cuestionada para dar paso a libros colectivos organizados con algún criterio inclusivo y no sectario. Dudoso y parcial negocio de las necesarias antologías. Esa antología del Pancho y otras tentativas -recordemos famosas exclusiones- deben ser complementadas, supongo, falta y sobra gente ahí. Además, en ese caso, la gráfica y esa horrenda portada que no guarda ninguna relación con lo que hay dentro del libro -el rancio criterio de Universitaria- no ayudan demasiado.

Tú hiciste, junto a Cristian Gómez, una antología de la poesía joven chilena para la revista argentina VOX, titulada Al tiro. ¿Cómo fue esa experiencia?
Al Cristian le pedí alguna ayuda para hacer esa pequeña muestra que me encargaron, muestra, ojo, no antología. Yo incluyo en mis proyectos al Cristian, el no me incluye a mí. Bien, se trató de zanjar en una fecha de nacimiento y primera publicación y ofrecer lo que nos parecía lo mejor: Yanko, Huenún, Damsi, Bello, la Vero Jiménez, Matías Rivas, Anwandter, Zambra, se nos olvidó Montebruno y Hernández y tal vez muchos otros, que no habían publicado entonces o que no pudimos contactar o que están perdidos quién sabe dónde o que aún no conocemos. Se trató sólo de una pequeña muestra.

¿Qué te pareció le versión de este año del Encuentro ChilePoesía?
Difícil coordinar todo eso, supongo. Bien, tuvimos la oportunidad de conocer gente como Eugenio Montejo, ver a los amigos de Argentina, charlar. Toda esa gente en la plaza, fue lindo, yo eché de
menos más recitales de cámara, micrófonos abiertos, ponencias, clínicas con fotocopia en mano. Una excelente iniciativa, aunque la lucha por querer monopolizar a las visitas por parte de algunos a veces da un poco de vergüenza. A una isla como Chile, le hacen bien las visitas, para olvidarse de los que intentan monopolizar las letras, acaparar, los que tienen esa idea del bardo único, omnipotente, un problema muy chileno (como en los spaguetti westerns: no hay sitio para dos en este condado), hace bien para pensar en diversidad y matices y no en voces únicas que se arrogan el monopolio de la poesía. Para ver cómo nos ven, para verlos en acción y escucharlos.

En el mismo tema, ¿qué opinión tienes de los poetas jóvenes invitados al Encuentro, como Martín Gambarotta o Monserrat Álvarez?
El Martín escribe con las manos libres, a nosotros nos parece indulgente, esa cosa anti-épica, social y lingüísticamente bastarda. Es bueno ver cómo operan distintas poéticas, hacer un mapa, entendernos nosotros mismos a través de los otros, un taller entre extranjeros debe ser súper útil y entretenido, pensar en la poesía hispanoamericana, sus diferencias y sabores.

 

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Germán Carrasco: "un premio es infinitamente más cómodo que hacer lobby",
por Marco Antonio Coloma,
Fuente: Revista Libros & Lectores,
Nº2 Abril- Junio de 2003.