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Germán Carrasco: premio Neruda 2005


Por Reinaldo Marchant
Centroavance.cl

Nuestro ilustre poeta, Germán Carrasco (1971), se da a conocer con gran notoriedad en la década de los noventa, con “Brindis”, “La Insidia del sol sobre las cosas”, “Clavados” y una traducción de El Mercader de Venecia, de Shakespeare. Muy tempranamente participa del Taller de Poesía de Paz Molina, luego es Becario del Taller de la Fundación Pablo Neruda (1993), y, en 1998, es invitado al programa de escritores de la Universidad de Iowa.

Su promisoria obra poética de inmediato genera admiración y una excelente crítica, logrando importantes premios: “Jorge Teillier”, 1997, “Enrique Linh”, 1999, “Diario de Poesía-Vox", Buenos Aires, 2000, “Sor Juana Inés de la Cruz”, Costa Rica 2001, “El Consejo Nacional del Libro”, 2002, y recientemente, de forma unánime, el “Premio Pablo Neruda 2005”.

Un aspecto literario común han encontrado los estudiosos de la obra de Germán Carrasco: su poesía sugerente, innovadora, de sólida actitud moderna y transgresora, evoca sin equívocos la maravillosa y prestigiosa tradición de la lírica chilena.

En muchas de sus logradas páginas aflora el contexto del trabajo de un Enrique Lihn y Juan Luis Martínez, y de otros grandes poetas. Lo está en la impronta, el sentimiento lírico, la racionalidad (si la hay), en aquel espíritu novedoso, en su experimento y exploración de temas urbanos, que a ratos desconcierta con plena belleza.

Sin embargo, toda cercanía con Lihn o Martínez o con quien sea, no lo encasilla a la manera de un discípulo. Es el propio poeta quien se encarga de guardar la debida distancia, y sale en busca de “su” camino poético, donde da cuenta de un abigarrado muestrario con escenas urbanas, galerías de personajes, fotografías instantáneas, a veces a modo de ironía, de “patriarcas” literarios, todo aquello matizado desde una vertiente llena de sensualidad, paisajes históricos, oficio, y una mirada perspicaz que vigilia todos los movimientos de cada palabra. El poeta, por una cuestión de naturaleza, de dimensión absoluta, tiene su propio sello. Y este lleva la marca de un músculo lírico que nace en la intemperie, en el corazón de la vida y de los hombres. En su peregrinaje por la gran ciudad y recónditos lugares, Carrasco va dejando sus huellas. Y éstas se notan en cada punzada y en un soberbio temblor metafísico..

De una escritura alegre, abigarrada también, Carrasco elabora un discurso arrabalero, metido fuertemente en la rutina urbana, en el humor, en sitios un tanto olvidados, a ratos marginales: su poesía es un mapa de las avenidas, pasajes, comunas, de Santiago, del hombre distraído y anónimo que se desplaza ausente, alejado de la suerte y del poder. El poeta rescata esta realidad y la recrea con un talento singular. Dicho con una expresión que se usa – y abusa también-, Germán Carrasco repasa la existencia con un toque de distinción en su sentido etimológico: su poesía es distinta y de una hiperdesarrollada habilidad. Lo primero que lo separa de los demás, es que utiliza la calle y la camina a la manera de un acróbata, , y toma fotos diurnas y nocturnas en que deja abierto el diafragma de la cámara, pone un farolito azul en el rabillo, marcando huellas luminosas, dibujos complejos, intrincados, con un predominio de los movimientos, de los saltos y el asombro. Las zancadas de Carrasco no son verticales de ida y vuelta, sabe, él, que el pasto se gasta parejo, que hay senderos indirectos, que al avanzar la poesía se transforma en un acomodar las velas a un viento cambiante entre escollos. Es decir, que su andar transmite obsesión, que se agitan tironeados de la nariz o de las pestañas por la búsqueda de una imagen.

En esta búsqueda e investigación lírica, el poeta andante, callejero – él mismo-, va tomando los residuos de este experimento llamado poesía, y como tal debemos estar atentos a los mundos que descubre, y pone ante nuestros ojos sin ningún atisbo de metáfora: esa –la calle- es su hábitat, el lugar donde encuentra lo interesante y misterioso, es donde encuentra a Rita o Ruby, algunos de su personajes poéticos.

Bajo este panorama Germán Carrasco sigue, persigue, atrapa, suelta, retoma con ojo crítico la voz de un hablante “que viene a hablar por todos”, aunque él, por supuesto, no quiera reconocerlo. Pocas veces en una obra poética queda develada, a la manera caleidoscópica, el esqueleto de la patria, los abismos sociales y literarios, las huellas de un barrio, o conventillo, el asunto tribal, la geografía nacional de Chile, que el autor representa con gran forma artística.

Sus libros son poesía diáfana, esencial, que circula, que hace mirar la vida contemporánea de forma distinta, ambulatoria, tomando registro e invitando a registrar la común experiencia. Con un humor negro, como pergeña en el ensayo en verso titulado “Panorama”, donde deshuesa a sus pares más antiguos.

Sin embargo, lejos está Germán Carrasco de ser un poeta terrible, que pone el pecho a las balas, o intercambia disparos al azar. Lo suyo es la ironía como instrumento para repasar con palabras contundentes a los elefantes y burócratas de la “poesía chilena”, a los funcionarios gestores culturales que se abren paso dictando “memos”, cartas convencionales, que toman galardones que se inventan, hundidos en la poltrona de cargos recargados de abulia, y llevando carpetas de formularios como presentación de sus libros.

En “El silencio y la infección de la vida”, de “Calas”, le hace guiños a este tema: “Yo, como el viejo también padezco ahora una necesidad de silencio ante el diálogo de sordos en la kermesse, el parloteo que chorrea tinta en mil páginas innecesarias, el espectáculo bluff de la publicidad, los media, las maratones con altoparlantes, en fin: la muerte del logos, el absurdo...”.


Es tan amplio el manejo de “novelar” y la documentación que maneja Carrasco, que en el cúmulo de montaje poético que el lector descubre, expone un breve manual de “observaciones” de vida, normas, que los vates ineludiblemente deben realizar: “ ver la perspectiva y el final/en cada pasillo y callejón”, “amar a quien (le)enseña trucos/superviviencia”, y no debe poner interés “al desdén, al desacato/y a los cretinos que le quitan el saludo”. Igualmente, su vasta producción reseña términos y expresiones que no se han visto en otras obras: kermesse, calas, yámbico, voyerismo, desarrapados, cartoneros, hiphoperos, etc.

Germán Carrasco exhala poesía desde los pies hasta el infinito. Su cuerpo entero es un saco de imágenes y de palabras recalentándose en el fuego. Siente responsablemente el destino de su oficio. Vive en la poesía y para la poesía. Pareciera que es lo único que tiene. Para lo que vino. Resulta difícil imaginarlo detrás de un escritorio. Marcando tarjetas. Atendiendo público en un banco de la nación. Reuniéndose con ministros y funcionarios neófitos.

Hay autenticidad en su escritura. Nació con la vista pegada en la creación. Con pocos libros a cuesta ya es un poeta importante. Que promete llegar a la galería de los grandes. Sus poemarios han vitalizado las letras nacionales y quizá de latinoamérica. Se desprende de sus libros que tiene temas de sobra. Que no parará en este arranque donde las calles son su inspiración. Yo nunca hablaría de fútbol con él: ¡le importa solamente la poesía! Algún día su nombre se entrecruzará con Neruda, Mistral, Parra, Huidobro, Zurita... No es un vaticino a vuelo de pájaro. Es el vislumbre de su poesía que respira en las aguas transparentes, es el indicio inequívoco de un poeta con molde y hechura, que ha tomado las mejores técnicas y costumbres de los artistas que saben transformar las cosas con el poder de las palabras. Es el desarrollo del arte preciso de las brochas, que usa el cuerpo como tabique, que reparte fichas sin equivocarse de destinatario y se devela como una tentación continua, prepara el arco y la flecha y la deja caer contra monasterios que hasta abrir sus libros desconocíamos.

 

POEMA EL CLAVADISTA

Camina por la tabla
el clavadista
El sacerdote al encuentro:
su dios.
Un encuentro con la divinidad
el agua
La sacerdotisa camina hacia
la entrega
La amada se dirige hacia
el evento:
Dios se encuentra ante
el sacrificio
que camina esbelto con su rostro
constante
como el rostro del suicida:
digno
Luce humilde al caminar la perfección:
su postura
.......... Una mujer es
........................ Una piscina
Una piscina es
.......... una divinidad

...............Piscina plena virtutis
..........Divinum vinum Francisca

El cuerpo es una fuente. Nada más.

Una piscina no es un río,
río de ecos en la piscina vacía,
de voces y sonidos
(como el del clavadista
al tomar contacto con el agua
(un ruido leve considerando
la altura desde la que se arroja))

.......................Abajo
..............el espejo quieto
...................de dios
...............El clavadista
...........imagina su muerte.

.......Ecos en la piscina vacía.

 
 

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Germán Carrasco: Premio Neruda 2005.
Por Reinaldo Marchant.
Centroavance.cl
3 de Octubre 2005.