En Buenos Aires distribuye su tiempo entre talleres,
escritura y traducciones. Tiene en mente varios proyectos, pero esta
vez habla de Chile. “Apalea” a algunas vacas sagradas de la literatura
criolla y se refiere a los suicidios de su antiguo barrio. “A Uribe
se le perdonan todas sus prepotencias y sus ignorancias con respecto
a lo que se escribe y a la actualidad”, espeta. Con ustedes, el lúcido
y polémico Carrasco.
Hace más de un año que Germán Carrasco Vielma
se radicó en Argentina. En una fuente soda de Plaza de Armas
plagada de turistas, explica las razones: “Estoy en Buenos Aires porque
mi novia vive allá. Además conocía gente ahí,
desde que me dieron el Hispanoamericano
del
Diario de Poesía en 1999”. Carrasco ya no es un poeta joven.
Se diría que hoy construye un camino de trabajo que comenzó
hace años cuando publicó Calas y La Insidia
del Sol sobre las Cosas.
En Baires, Carrasco ha encontrado cosas que “en Chile no se dan”:
“Se lee más y de todos lados. Acá, en poesía
por ejemplo, vengo escuchando los mismos nombres hace quince años,
nadie lee a los peruanos, a los argentinos, a los gringos. Que a Teillier
le gustaban las tortillas de rescoldo, que éste se tiene mala
con este otro... Esta idea del poeta único, padre omnipotente
e intocable, santo católico, líder empresarial, héroe
épico salvador, representante, que hace que todos se peleen
con todos por ocupar el sillón de Neruda, tampoco existe en
Argentina. El otro día uno hablaba con una impunidad tremenda
escondido en un seudónimo desde el Clinic, y ensalzaba a Bukowski.
Todo bien con Bukowski, pero hay bastantes poetas americanos. También
en ese diario aparecía Fuguet hablando de Santiago -que yo
no sé si conocerá bien-, decía: ‘al que no le
gusta Santiago, ahí están los aviones y Europa’, ¡claro,
los pasajes y el alojamiento son seguramente gratis!”.
El autor de Clavados, su último libro, es reacio a
dar entrevistas porque le producen desconfianza. Esta vez reservó
unas horas de sus vacaciones para conversar con LND.
POETAS DANDIES
-Tú eres un poeta que saca ronchas, si no te están
criticando por algunos reconocimientos, (el sor Juana de Costa Rica,
el Hispanoamericano de Baires, la beca Fundación Andes, el
mejores obras), te critican porque no los das...
-Para el que no tiene militancia, ni apellido, ni pertenece a
ninguna patota, es difícil hacerse escuchar. Lo mejor es ganar
algo fuera del país. Esos que mencionas fueron una manera de
comprar tiempo, un buen computador y bibliografía.
Acá sólo escriben los que tienen plata, escriben porque
algún conocido los enchufa por ahí en un diario o en
una universidad privada un par de horitas con buen sueldo, los mencionan
en la prensa, los inventan, los cuidan, les cambian los pañales.
Hay algunos a los que la sociedad chilena les compra la dosis de cocaína
o copete durante un buen tiempo y luego les inventan un premiecito
para pagarles el tratamiento. A otros no les queda sino hacer las
cosas bien, mil veces mejor.
-Hiciste clases en Balmaceda 1215...
-Sí... Un amigo, Andrés Andwandter, que hace clases
en una privada y en Balmaceda 1215 dice que los chicos de Balmaceda
se lo habían leído todo, tenían oído,
sentido del verso, prosodia y que eso era muy escaso en las privadas.
Pero claro, no son glamorosos, no tienen ni para la micro y mucho
menos para libros, se las arreglan con las fotocopias y bibliotecas.
-En Chile hay rostros oficiales para la cultura, por ejemplo,
se habla mucho de Cristián Warnken, de sus entrevistas. ¿Qué
opinas de eso?
-Sería bueno revisar la entrevista que le hizo Warnken
a Roberto Bolaño -un escritor de verdad, a quien todos conocemos
y amamos-. Bolaño le torcía y reformulaba las preguntas,
se incomodaba con éstas y llevaba el diálogo a su propia
arena. ¡Poco faltó para que le dijera “Warnken, eres
un reverendo saco de huevas”, hay que ver esa entrevista, es genial.
En fin, una vez ese currutaco dijo que la cultura debía funcionar
“de manera anarquista, como los mapuches”, cáchate el ejemplito
que dio el barsa, que cuando el Estado interviene, la cultura se arruina,
le faltó decir que con el financiamiento público, la
cultura se llena de rotos. Y claro, si no hay ningún tipo de
financiamiento, manda la plata. Escriben sólo los que la tienen,
él sabe de eso, de platas, de gestión.
-Algo que me llama la atención es que en Chile los poetas
jóvenes siguen siendo de 40 años y son gerentes de empresas...
-Acá el pituquerío, y en general todas las patotas,
cuidan a su gente, si no tiene algo, lo inventan; bueno, nos falta
un poeta, a ver pensemos quién puede ser... porque el que teníamos
no sirve para nada, no, hablaba muchas cabezas de pescado en los diarios,
inventemos otro, nos falta un narrador homosexual que hable de las
vacaciones en tales balnearios, Lemebel no nos sirve, muy roto, habla
de un Santiago que nos es ajeno, etc. Hace poco vi un artículo
en El Mercurio de Poetas Dandies, casi me caigo de raja, una ridiculez
total, hay que publicarlo nuevamente, es un delirio total, una novela
de Aira, muy divertido. Igual creo que en El Mercurio también
hay gente valiosa o abierta, Gandolfo, por ejemplo.
SUICIDIOS
Más de alguna vez se escucha por ahí que los artistas
deben ser capaces de adelantarse a los problemas sociales de un país.
Cuando conocimos el Informe sobre la Tortura en Chile, este terrible
reconocimiento estatal pedía a gritos tal vez una elegía.
Para Carrasco es distinto, con los muertos no se juega, advierte:
“Ese poema no tiene por qué ser literal o quejoso, aunque yo
creo que el panfleto es bienvenido en momentos de anestesia total.
Pero lo otro es el tema delicadísimo de los muertos... con
eso no se juega, hay gente que anda por ahí leyendo elegías,
haciendo un mal uso del dolor ajeno. Hay que revivir a esos muertos
ficcionalmente, a ver qué les parece que se escriban elegías
desde la comodidad en un país en el que ellos no habrían
soportado vivir”.
Para Carrasco un poema político mal hecho, explica, puede
clausurar la discusión acerca de los problemas actuales. Para
él es mejor retratar:
“No hay universidad ni vacaciones ni amor ni poesía ni nada
sin dinero para miles de chilenos. Y algo hay que hacer. La poesía
es un ejercicio de inteligencia y de belleza para no agilarse, para
que no te vendan cualquier cosa. En algún momento de su obra,
el poeta tiene que hacerse cargo de la agenda política, con
cuidado, efectividad, sin clichés, sin dolor, con alegría.
-Hace poco en una columna hablaste de los suicidios barriales
¿Por qué esa fijación?
-Escribí una columna y no un poema porque donde yo vivía
se suicidaban chicos a cada rato dejando familias hechas trizas, no
un poema, no me atreví. Cuando vine de Buenos Aires por una
semana, al señor que me llevó en camioneta las cosas
a mi departamentito en Plaza Italia, se le había matado el
hijo, y me contó de dos casos más que habían
ocurrido donde yo vivía. Es muy frecuente. Se cambian la ropa
de hiphoperos para ganar cien lucas, los ves fumando tristes en las
escaleras de los blocks y un día amanecen muertos. Pasan cosas
atroces y uno lee las crónicas periodísticas y pareciera
que estamos viviendo en un país sin problemas. O escucha a
Warnken, es casi surrealista, hay que transcribir las cosas que dice
y hacer un libro: “hay que usar la tarjeta de crédito para
comprar un libro y leerlo tomándose un ristretto...”. En cualquier
parte eso suena a chiste, a joda.
-¿Crees importante cumplir un rol social y tal vez estar
preparados para eso?
-Preparados... bueno, hay algunos que van a volver de las universidades
norteamericanas muy bien preparados. Antes se veía más
esa cosa endogámica, sólo leían chilenos, no
se podía dar una opinión crítica de una vaca
sagrada, todo era sagrado, recuerdo que una vez Radrigán dio
su visión de Huidobro en la televisión, algunos reaccionaron
como si hubiese hecho un tremendo sacrilegio. O cuando (Carlos) Olivares
publicó en forma de libro una entrevista en donde Teillier
hablaba un montón de sandeces, muchas cosas de las que no tenía
idea, como el feminismo, ¡todos se enojaron! Que si el poeta
debe cumplir un rol social... ¡escribir buenos libros!
-¿Pero crees que todos se preocupan por leer y prepararse?
-No hay lectura. El otro día hablaba con una “poeta” que hace
esas cosas que jamás he entendido: remojarse en leche o sangre
y gritar garabatos desde el escenario, está en Buenos Aires,
y yo le preguntaba... bueno, ya que estás acá, qué
te parecen las poetas argentinas: Susana Thenon, Mirta Rosenberg,
Juana Bignozzi, o las más míticas como Silvina Ocampo,
o las más jóvenes, o bueno, tú eres feminista,
qué te parece Judith Butler... ¡¡la mina no había
leído absolutamente nada!!
VICIOS PÚBLICOS
-¿Piensas que hay vicios identificables en la poesía
chilena?
-Claro, está esa superstición del “cambio, de la
evolución del lenguaje”, eso de ser top ten de la poesía,
toda esa mierda de lo “trascendente”, “verdaderamente significativo”,
todo eso del padre, del héroe. Eso es lo que peor le hace a
la literatura. A Uribe se le perdonan todas sus prepotencias, sus
ignorancias con respecto a lo que se escribe y a la actualidad. A
una vieja loca se la admira sólo porque se emborracha e insulta
a medio mundo y se pone a bailar flamenco arriba de las mesas, otro
poeta en un diario justificó los ataques a Irak e hizo declaraciones
misóginas en la prensa. Y nadie dice nada: son intocables,
hablan fuerte, salpican saliva, golpean la mesa, llaman a seguridad
o a la mamá o a la iglesia o a la autoridad.
-¿Qué estás escribiendo en este momento?
-Por ahora me interesa una relación entre urbanismo y poética,
eso se me plantea como una posibilidad para una obra que supere los
clichés de la poesía política tradicional latinoamericana,
tanto en su vertiente utópico-heroica, personalista, paternalista,
megalómana, como en la vertiente más reciente que busca
lo político únicamente en la vida privada, desde el
padecimiento del sujeto. Y voy a resucitar a un poeta judío
americano que fue perseguido por el macartismo, que hacía una
poesía objetiva, perceptiva, sin sujeto, problemática,
urbana; lo voy a resucitar para ponerlo como hablante en el cono sur
de estos días. Con respecto a las publicaciones, un libro nuevo
en español puede que aparezca este año en México
o Lima, ninguna prisa.