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Selección de textos de “Cordón Umbilical”
(2005-2007)

Gabriel Zanetti

 

Este libro está dedicado a  Héctor Domingo Reyes Álvarez.

Poema I

Perdóname no elegir una madre
sino una mujer para tu padre.

Perdóname hijo
por no querer tenerte.
Sé lo que te digo.
La memoria no da para tanto.

Perdóname
por traerte y no,
por pensar en ti y no hacerlo.

Por morir.
Por no tener profesión y tenerla,
por darte nombre y caracterizarte,
por dejarte libros en vez de juguetes,
papeles en vez de monedas.

Perdóname por ser dueño de nada
ni de estos versos que tú me dices.

Perdóname
por que te perdono
que vengas de mi sexo y no
de otra parte.

 

Poema II

Algo debes haber escuchado
en la cuna perfecta
llamada madre, llamada amor
donde no hay palabra que intervenga.

Algo debes haber escuchado,
sé que las palabras se corroboran con los años
pero a mí no me alcanzará el tiempo;
cuando sea el momento estarás conversando con un ataúd
o con una fotografía,
pensando en los portales de la vida
y en palabras como estas
que no alcanzamos a decirnos.

 

Poema IX
(a Julieta)

Este lugar es insoportable por las tardes,
el cielo no sabe si se está acostando.
Ayer caminaba calle arriba con unos tipos comentándolo,
era la única forma de un viernes con tristeza.

Estuvimos a punto de llover
cuando supimos que esta tarde era otra más
que nos quitaba la vida.

Uno es insoportable por las tardes,
el cielo no sabe más de lo que dices:
acuéstalo, levántalo
haz de este cielo lo que quieras para tu vida. 

 

Poema XII
(Tras el fuego)

Estas fiestas son aburridas y sigo viniendo a ellas.

Camino al baño,
pienso en mi abuelo
que en los bares me decía:
“las cosas tras el fuego son de otro color”
cada vez que pasaba la mesera guapa
o cuando había un accidente que detenía el tránsito
afuera del bar.

Estas fiestas son aburridas y sigo viniendo a ellas.

El baño está ocupado,
mientras espero veo una fotografía
de la dueña de casa con su hija a su lado
y sé que las cosas tras el fuego son de otro color
que se necesita un choque o un accidente
para estar del otro lado del fuego
para que por fin se detenga el presente
y pase un día. 

 

Poema XVI

Hay que sobrellevar el sueño,
las ganas de vivir.

Luchar con todo el cuerpo contra el error.

Hay que mantener los ojos abiertos
hasta cierto punto

pestañear es necesario

 

Poema XVII
(Plaza Brasil)

Quizás esta sea la misma banca
que tantas veces nos ha reunido en esta plaza, 
donde el viento corre de mar a cordillera,
moviendo las hojas de izquierda a derecha,
como queriendo apresurar el desarrollo de estas letras,
quizás evidenciando mi viejo-precoz amor por ti
sentado en esta misma banca.

Quizás sea uno de tantos este amor,
quizás sea cierto que hay sólo un amor y muchas copias distintas
como lo dijera algún autor.

La tinta de esta pluma brilla como queriendo no secarse,
mis manos quieren lanzarse más allá de esta hoja;
no sólo quieren describir tus movimientos
te hacen vivir en letras otra vez.

Acá el calor del medio día no me basta,
esa luz quiere ser un espejismo de ti,
sentada en esta misma banca.

Es como si la naturaleza y las cosas quisieran emularte;
la sombra y la luz del sol en la muralla
las palomas volando desordenadas
los automóviles alejándose entre las calles
de esta Plaza Brasil. 

 

Poema XXII
(Nuestra sangre)

Nadie entiende como late
tu corazón, tus ojos.
Nadie entiende que diste
tu sangre al mar
y que él se metió a tus venas
como a nosotros.

Ya sé que nos dimos más de la cuenta allá abajo,
ya sé que lo creímos mar personal.
Quizás el error de esta generación,
sea la gran virtud de mañana.

Allá abajo éramos Iceberg
allá abajo éramos pequeños peces
allá abajo éramos plancton común
allá abajo éramos mucho más que un montón de borrachos.

Nadie entiende como late tu corazón y el nuestro,
pueden decir muchas cosas:

ya nadie encuentra el mar
nuestra sangre es de quién la entiende.

 

Poema XXVII
(Ilusiones)

Nadie tiene razón.
Tampoco yo
al decir que nadie la tiene.

Nadie tiene razón cuando se piensa con la cabeza
que sólo sirve para crear

-ilusiones de sí mismo,
cuentos alucinatorios de lo que se quisiera ser-

y no hay respuesta en vida

sólo la desesperación que lleva a los golpes
en la cabeza
y no en el corazón.  

 

Poema XXVIII
(Solo)

Te dan la mano con dolor
cuando antes tu mano fue dulce.

**

Vas caminando por la noche
con las manos, con los ojos
con el cerebro, pero sobretodo con el corazón
en tinta.

**

Siempre quisimos vivir rodeados de poetas, actores, músicos y pintores
pero es imposible
en ese sueño renacentista seríamos todos bisexuales
y en vez de la grandeza llamaríamos a la muerte antes de tiempo.

**

Nos seguimos dando la mano
nunca sabremos si es miel o mierda
pero algo de ello hay
es evidente aún con estas moscas y mariposas que vuelan
a nuestro alrededor.

 

Poema XXXIII
(Insomnio)

Carece de importancia lo que me sucede.

(Apago la luz y no me duermo,
la prendo y tengo sueño.
Bostezo.
Caen lágrimas.
Espero el amanecer.)

(Pienso en Natalia que me dijo:
no puedes escribir tantos poemas de amor.
Quizás este intento sea para ella.
No sé cómo decirle que esto también es amor,
también sus lágrimas amargas).

Estás.
Estamos haciendo un pésimo poema.
No sé si tu, yo
este sueño atroz,
las críticas sin fundamentos de aquellos que no han hecho
y creen que lo harán mejor.

No importa, seguiré escribiendo
no se si sigo yo o todos los demás.
Si apago la luz jamás me dormiré
si sigo escribiendo estaré soñoliento,
pero con los ojos abiertos.

Carece de toda importancia lo que me sucede.
Hay muchas cosas más que no tiene importancia decir.
Quizás este sea un pésimo poema:
pero después de este largo insomnio
he visto el principio del amanecer
como la luz de una lejana vela
que ilumina una frase que me canta al oído:

La poesía
me quita el sueño y me lo regresa.

 

* * *

 

ANTIGUAS FIESTAS

Suena Parker / Guillespie nuevamente y me pongo mustio, de ojos caídos, de lágrimas vergonzosas. Soy un alma vieja que debería haber vivido esas fiestas acompañadas por esta música. Enrique Lihn conversando quizás que cosa con Don Héctor, la señora Carmen Craig y sus hijas haciendo canapés en la cocina, y luego como una fotografía, la imagen imborrable que tiene mi madre de Lihn bailando twist con alguna invitada, con unos pantalones blancos y mocasines color café.

Luego el wiskey, el campari y el vino, luego el juego de las mímicas y el tango que bailó Lihn con mi abuela, con un clavel entre sus labios.

 

 

 

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(2005-2007).
Poesía de Gabriel Zanetti.