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El tigre de la memoria


Por Claudio Andrade
Diario La Mañana, de Córdoba, Argentina.
Diario Río Negro, Argentina.
mayo de 2006



Antes de despedirnos, Hugo Vera Miranda anota su número de teléfono en el revés de una tarjeta de presentación que dice: "Hugo Vera Miranda, especialista en locas".

"Esta tarjeta es de una época en Buenos Aires cuando andaba con gente con la que no que debía andar. Es la última que me queda", dice y deja escapar una risa más propia de un crío travieso que de un adulto de pasado movido.

Cruzo el portal de su casa, que es a la vez casona de madera y viejo almacén en el barrio alto de Puerto Natales, Chile, con dos promesas en los labios: que volvería a llamarlo en dos días exactos y que leería sin demora su libro "El tigre de la memoria". Jamás cumplí la primera, pero esta columna es la prueba de que hice honor a la segunda.

"El tigre de la memoria" (Editorial Calabaza del Diablo) me resultó un libro inesperado y hermoso. Una obra íntima que amerita no una sino al menos dos lecturas concienzudas. Digo inesperado porque vivimos al ritmo de los éxitos editoriales, de las agendas masivas, dejando un espacio mínimo a decenas de creaciones que con justa o mayor razón deberían ocupar nuestra mirada. Y digo hermoso porque tampoco es demasiado común encontrar la belleza simple en una época dominada por la excentricidad y el impacto visual.

Estos textos patagónicos no exigen grandes dosis de tiempo para ser degustados. Al contrario, las palabras de Vera Miranda fluyen con insólita velocidad frente a los ojos de su lector.

No puedo definir como historias sus anécdotas que van de lo estrafalario a lo cotidiano, como tampoco puedo jurar que lo suyo sea poesía pura y ortodoxa poblada de imágenes retóricas. No. Es como si este sobresaliente escritor chileno, que trabajó como librero en Buenos Aires, se sumergiera en un universo alternativo. Un espacio de encuentros, fusiones y sensualidades mutuas. Mientras con una mano parece acariciar los senos de la poesía, con la otra se aferra de la cintura de la narrativa que también debe ser entendida como cuento o fragmento profano.

Hugo Vera Miranda nació en 1951, en Puerto Natales, sur del sur de Chile. Y su vida ha transcurrido entre este puerto que hoy en día es un centro turístico del país trasandino y el de Buenos Aires. Además de librero fue editor de la revista de poesía "El Trauko". Sus poemas han sido publicados en revistas como "La Gota Pura", "Ultimo Reino" y el diario "El Magallanes". También están incluidos en la antología "Poesía InSurgente de Magallanes" y algunos de ellos fueron traducidos al inglés para publicaciones en los Estados Unidos.

El poeta tiene dos refugios consabidos: uno es un cuarto de su casa, donde alberga libros, videos, equipos de música y video y la infaltable computadora conectada a internet. El otro es su blog, una geografía virtual multipoblada de palabras que nadie debería dejar de conocer y disfrutar: www.milodoncitychachacha.blogspot.com

A modo de fundamento de mis dichos que hablan de sus virtudes, les transcribo dos poemas-relatos suyos: "Noelia" y "La que no conocía a Neruda".

 

NOELIA

o"mientras escucho este último blues y camino tomándote de la cintura por esta calle de manhattan rumbo al central park, después de beber brandy con nuestros amigos henry, francine y la blonda ingenua susan, mientras escucho este último blues y la policía nos inquieta con sus bastones sus chapas en el pecho y sus miradas de bronx yo te digo; tendrá que haber un lugar en el sur donde yo te pueda amar, un lugar liberado de desdichas y apremios ilegítimos, un lugar en donde la semilla germine un lugar en donde yo sea viento y te cure".

 

La que no conocía a Neruda

"la conocí un día de un mes en despojos, ella tenía la premura de la pasión y yo el furor indomable de las cosas presentidas, hablamos de cosas diversas que ninguno escuchaba y pronto se produjo el silencio y la agitación, un relámpago, un rayo y ese frenesí agónico, luego retornó la calma, el cigarrillo y el desgano. en el entreacto le recité un verso de neruda, ella me dijo entonces que no conocía a neruda, que nunca había oído hablar de neruda; luego quedamos en vernos al otro día en donde yo, fiel a la noble causa de la poesía, le regalaría mis veinte poemas de amor y un orgasmo desesperado".

 
 

 

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El tigre de la memoria, de Hugo Vera Miranda.
Por Claudio Andrade.
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mayo de 2006.