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Poe como cuentista
Cuentos completos. Edgar Allan Poe. Páginas de Espuma, Madrid, 2008, 964 páginas

Por Ignacio Valente
Revista de Libros de El Mercurio, Domingo 25 de Octubre de 2009

 

Esta edición comentada de todos los cuentos de Poe -a decir verdad, comentadísima- celebra el bicentenario de su nacimiento. La traducción castellana es la óptima de Julio Cortázar, que también nos ofrece en 30 páginas iniciales una sintética biografía del autor: sus taras hereditarias, el temperamento nervioso e hipersensible que comunicó a tantos personajes suyos, su miseria económica, sus desdichas amorosas, sus caídas en el alcohol y las drogas, sus alternancias entre la locura y la lucidez creadora... Este volumen de mil páginas contiene sendos prólogos -brevísimos- de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, y luego hace preceder cada uno de los 67 cuentos por un rápido comentario -de una página y tanto- a cargo de algún narrador de habla castellana nacido después de 1960. Setenta comentaristas, pues, convocados por Jorge Volpi y Fernando Iwasaki.

Por temperamento, Poe tuvo un afán casi morboso por lo fantástico, lo macabro, lo melancólico, lo nocturno, lo racional analítico, lo necrofílico, lo casi sádico, lo extravagante. El espanto fue su verdadera especialidad, en paradójico contrapunto con su pasión por el análisis racional y la lógica deductiva.

En cuanto a calidad y a interés actual, esta lectura de conjunto de sus casi 70 cuentos me ha dado la impresión -mayor que nunca antes- de una disparidad asombrosa. Para ser franco, pienso que se salvan como obras de primera fila no más de una decena de sus short stories . Pero ¿se puede pedir más? Tampoco Maupassant, Chéjov o Cortázar superan esta medida, que basta y sobra para alcanzar la posteridad. Eso sí, cuando se trata de los muchos cuentos mediocres o inferiores, los comentaristas de esta edición hacen buenamente lo que pueden: no critican -salvo con extrema suavidad-; no alaban; salen del paso con alguna anécdota personal o histórica, y de vez en cuando elogian -por deber- lo difícilmente elogiable.

Sus mejores cuentos

Diré algo sobre los relatos que me parecen obras maestras, en orden de aparición.

"El gato negro" contiene los elementos fundacionales del relato fantástico macabro moderno, en la "persona" de ese animal asesinado que se venga de su victimario sin traspasar del todo la verosimilitud racional, en esa modalidad ambigua que es tanto más espantable porque arroja una sombra oscura sobre la racionalidad de nuestro mundo conocido y ordinario. "El corazón delator" se le parece bastante por el argumento y el protagonismo de un nuevo gato vengador. Aún ignoro si "Un descenso en el Maelstrom" me atrae hoy por sí mismo o por la reminiscencia de mi indeleble lectura juvenil.

"El tonel de amontillado" es cuento aparte, quizá la cumbre de Poe, porque -venganza otra vez- está escrito en clave realista y no fantástica; más aún, contiene un terror no sólo verosímil, sino incluso potenciado por el lenguaje opaco y la frialdad afectiva de los hechos. También hay mucho de esto en "Hop-Frog" -más venganza aún-, si bien domina aquí el elemento grotesco. "La máscara de la muerte roja", aunque contiene factores excesivos incluso dentro de su género fantástico -ganaría fuerza con sólo cien huéspedes y un mes de encierro- es un relato espléndido: una breve fantasía mortuoria de aire entre medieval y renacentista, donde la atmósfera de una cultura funeraria está admirablemente captada.

"El escarabajo de oro", escrito en torno al motivo del tesoro escondido, incluye también el proceso de descifrar un texto codificado. Es a la vez un relato de aventuras -cosa infrecuente en Poe- y un modelo de raciocinio deductivo. A estas cuatro dimensiones debe su inmensa popularidad. Por último, "Los crímenes de la calle Morgue" viene a ser un precedente básico del género policial, que lanza a la palestra del crimen misterioso al primer detective moderno, Auguste Dupin, quien alcanza la solución a través del puro análisis de los hechos y de la estricta lógica, y cuya descendencia literaria ha sido abundante: Sherlock Holmes, Maigret, Poirot, Barlach...

Deficiencias del narrador

Ahora debo mencionar lo que ninguno de estos 70 comentaristas menciona: los variados defectos formales de Poe como cuentista. No arma bien los relatos: el arte de la composición no es su fuerte. Estas páginas están llenas de digresiones que hacen lento el ritmo narrativo, y cuyos contenidos son a menudo lugares comunes. Los sentimientos extremos están, con excesiva frecuencia, meramente consignados más que actuados en el lenguaje, la acción o la atmósfera: "Nunca olvidaré la sensación de pavor, espanto y admiración que sentí al..."; "...sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra". Lo mismo ocurre con la repetición de adjetivos como "escabroso", "espantable", "horripilante"... (Vienen al caso los versos de Huidobro: "No cantéis a la rosa, oh poetas,/ hacedla florecer en el poema").

No obstante, Poe es una figura gigantesca como fundador moderno de la short story anglosajona, del relato fantástico y del policial detectivesco. Exploró zonas nuevas de la realidad (o de la irrealidad). No en vano fue autor favorito de un Nietzsche, de un Kafka, de un ...¡Stalin! Y sin él no nos resultan imaginables un Baudelaire, un Lovecraft, un Borges, un Cortázar. Estos atributos bastan para justificar con creces el homenaje monumental que le rinde la presente edición de todos sus cuentos.

 

 

 

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Poe como cuentista.
Cuentos completos. Edgar Allan Poe. Páginas de Espuma, Madrid, 2008, 964 páginas.
Por Ignacio Valente.
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