ESTA CALLE O PUEBLO
Esta calle o pueblo
acentúa la fiebre de mis manos.
Inútil, camino por la vereda del poniente
y percibo que a nadie le interesa el rojo atardecer.
LOS BORRACHINES GRITAN O SALUDAN
Los borrachines gritan o saludan.
De los surcos de la tierra brota sangre,
del apiñadero de la media luna, voces de mujeres.
LAS TUMBAS SON HERMOSAS
Las tumbas son hermosas,
las tumbas del pequeño cementerio.
Los apellidos como garzas blancas.
Las cruces acompañando también a los seres de mi sangre.
Lucila, muerta a los catorce años (en la noche de año nuevo).
Cuánto llanto recordaron sus hermanas.
Su retrato en las tardes de verano.
VISITO A UN ANCIANO
Visito a un anciano
que todavía se interesa por las cosas.
Cuánto lo detesté en mi desgraciada juventud.
Tiempo en que me escapaba por las ventanas de su casa.
Visito a este hombre custodiado por perros infernales.
Escucho, en la enrojecida tarde,
su carcajada intacta, sus prejuicios y perdones.
2000*
Frío intenso,
los materiales de las casas
helados como cuerpos que traicionan.
Los muchachos cobardes y sus gritos;
detrás, el amante oscuro de los perros
que ya no tiene mujer a quien golpear.
Se divisan dioses violadores
y comerciantes que han ganado.
Los viejos que envejecen
suponen en las sombras
.... .. .. .. .. ... .. .. .. . .. .
respuestas de muchachas.
Aquí la hermosa madre,
de pronto, ha enloquecido,
mientras el hijo, ocioso,
.. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . ....
cree padecer.
* (Poema de “Volveré
al Espacio”, libro inédito.)
QUISIERA HABER DICHO *
Quisiera haber dicho:
“Todas las canciones de amor
se detienen en ella”.
Pero un viento de otro tiempo
(ni pasado, ni futuro)
decide mis palabras.
Una necesidad entonces,
no un destino.
Un yo quejumbroso,
.. ... . ... .. .. ... .. .. . tal vez.
Un ritmo descubierto y perseguido.
La presencia del cáñamo incendiado
(sedante, nada más).
La muerte sabida, inevitable.
La inevitable vanidad de estas palabras.
* (Poema publicado
en “Poéticas de Chile/Chilean Poets on the Art of Poetry”.
De “Quisiera haber Dicho”, libro inédito.)
Lorenzo Peirano y Miguel
Peirano, diciembre de 2006. Fotografía de Patricia García Villarroel.