Historia
de un poema
Por Maurizio Medo

Con Alejandro Tarrab nos conocimos a través del brillante
volumen antológico Mi Mejilla es un cielo estrellado
de Raúl Zurita. Meses antes el propio Zurita, en una visita
que me hiciera a la ciudad de Arequipa, trajo consigo Siete cantáridas,
ópera prima de Alejandro, donde se podía atisbar el
brillo de las luces ora tenues, ora fulgurantes, con las que hoy nos
alumbra Litane, libro en el que el autor se sumerge en búsqueda
del origen del signo Tarrab a la vez que sortea, sobre la base de
la doxa, la certeza de un mundo apoético al que ilumina, de
acuerdo con Pound, conservando lo bello que heredamos, la tradición,
travistiendo autores, para él emblemáticos, pero desde
su propio decir.
En la tercera parte de Litane, titulada Ensayos (no es mi intención
formular un análisis exhaustivo del libro) aparece un poema
titulado primer ensayo. rosas chilenas, motivo de estas líneas.
No creo ser el único que alguna vez se ha preguntado, ¿qué
anécdotas esconde un buen poema? Aquí va el relato de
algunas de ellas, aún vivas, gracias a la escritura de primer
ensayo. rosas chilenas y que, de alguna manera lo originaron.
Inicié explicando que conocí a Tarrab a través
de su escritura. Sin embargo en el último Octubre coincidimos
en la ciudad de Santiago compartiendo días bastante desconcertantes,
¿qué mayor desconcierto que el estar en un mismo hotel
con un grupo de poetas los que discutían a fin de no ponerse
de acuerdo acerca de un hecho ajeno?
Alejandro Tarrab, luego de una reunión que tuviéramos
en casa de Raúl Zurita, estaba entusiasmado por una visita
que haríamos a Diego Maquieira.
Maquieira para muchos, entre los que me incluyo, es uno de los poetas
más imaginativos y ocurrentes. No es que �escriba� de ese modo
de acuerdo con una formulación predispuesta. Fuera de sus poemas,
es como si continuara con su escritura - donde lo lúbrico,
lo inesperado, lo crítico y lo paródico se fusionan
- de modo tal que, en él la vida se nos manifiesta como una
sucesión instantánea de ocurrencias y de poemas, unas
veces felices, otras no.
Aquella tarde el mismo Diego nos dio la bienvenida saliendo a nuestro
encuentro. Adentro se encontraba Antonio Cussen, con quien, el día
anterior nos tocó compartir una Mesa Crítica con ocasión
del Chile-Poesía.
Luego de leer el poema de Alejandro recordé que en aquella
ocasión Maquieira nos explicó el método que había
decidido para obligarse a escribir: el poeta había colocado
un cuaderno en la sala donde nos recibió, otro en el pasillo
y uno más en su dormitorio.
- Es el Triángulo de las Bermudas- nos dijo.
Con este original sistema le invadía la ilusión de
no encontrar jamás una escapatoria, de que la poesía
�lo absorbería�, tal como ocurre con los aeroplanos que surcan
el aire sobre ese espacio enigmático y terminan imantados por
un magnetismo, en decir de muchos, paranormal.
En el diálogo, afectuoso y natural, Maquieira y Zurita nos
compartían sus anécdotas y, subrepticiamente, fueron
asomando las imágenes de De Rokha, a quien Maquieira, convencido
por Zurita, pretendía revisitar con una nueva lectura de Canto
del Macho Anciano; Nicanor Parra, a quien (cuenta) Maquieira encontró
�cuando bajaba del Olimpo mientras él ascendía a fin
de saber qué es lo que ocurría�. Fue una visita breve,
mas contundente, tal un sorbo de pisco. Sin embargo aquella tarde
pudo haber pasado inadvertida. No fue así. Quedó una
huella, el poema que aquí comparto, que demuestra cómo
a través de la mirada de un poeta, en este caso la de Tarrab,
un encuentro, como el que brevemente narro, puede transformarse en
una experiencia única, irrepetible:
primer ensayo. rosas chilenas
destilada sobre la mesa una rosa de esponja creció de
una cápsula pequeña esas cápsulas que al
contacto con un líquido liberan figuras sorprendentes
tú elegiste el agave que desde hacía veníamos
tomando la rosa creció en la densidad los dos la miramos
embriagarse contra el cielo totalmente endiosada no había
vista para lo demás a tal punto que no supe cogiste el
aguardiente y lo arrojaste hacia tus ojos las frases son infinitamente
más bellas si quien las ha imaginado no las puede ver
más tarde parado frente a la violencia del mapocho pensé
en esa flor con una identidad rosa portugal rociada en parafina
salpicada de aguardiente hasta la sangre rosa portugal maría
de la aspersión tú conjugaste su nombre para todos
me devolví con esto ai a i ai a i i i i o ia la suma
de lo que se ha hecho dijiste mareciente pero está de
rokha parra martínez lira increpare de la mía
ai todavía escribo escribo en tres cuadernos coloco uno
aquí en esta estancia otro en la antesala y otro más
cartabón es el triángulo de las bermudas entonces
sí soy un batel el espand el rosalie raifuku maru aprovisionamiento
juego a perderme en la demarcación ai de estas tres franjas
destilado sobre la mesa como una náutica de lo vientos
como un rosa desaparecido
todo arena cordillera