No sé, no sé. No más. Si dios es
poeta, matemático o
la tímida invención de un topo
que ca
vaca
va
el Círculo Perfecto entre ceramios prehispánicos. Sea,
tal vez,
la satinada ficción que heredamos en
Nácar Colunga, bloques de papel. Artificial como este
otro que retinto, ozónico, junto
a un hato de cálculos y planos cartográficos, mil
trópicos y cientos de
ecuadores.
Hoy mi mano es Neanderthal. El ambiguo
lenguaje la desborda nombrando
lo que en vano intentó recolectar. Indiferente
al dolor de mis falanges cae
sobre este suelo
que engendro al enunciar. Rota
la barroca geografía,
sin mapas,
el espacio es apenas intuición. Si hundiera la Cruz
en las cúspides del Misti, revería
al nunca sancto Cristóbal, de ahí la mar. Pero no hay
fe no hay,
tampoco olas. Sólo tus ojos, Lu. Negros soles
que fulguran cuando te ovillas vulnerable y fetal.
Este es el reino del topo. Salvo mi amor, todo
es sillar, mosaico en polvo, astilla colonial.
...................No sé ya que
hay decierto en el desierto donde
miro piso paso palpo copulo cavo defeco.
Recuerdo Madrid cual esplendente espiral, con
su adorable escoria trapicheando alrededor del Escorial. Recuerdo
Baires, lunfarda en los bandoneones de La Boca. Con su brío
de elocuencia interminable,
Oh argentinidad.
Recuerdo Miami, american dream de balsero obsecado
en shopping latequelatelatenoamerican.
Recuerdo el recuerdo legado desde
Dubrovnik, Salabue y Pietra Ligure,
como una amalgama que evanesce entre picarones de Tingo o
adobos en la vieja Yanahuara.
¿Qué de mi Villa?.
...................El aeropuerto,
mi cuerpo espigón y
aquel boleto conjurándola al olvido. Soy su exilio, mas
también ígnea nervadura dentro de tu invertebrado Co
razón. ............ No sé
más.
El caos tiene tantos paraderos, ¿me hablaba allá el
Rimak,
era el Leteo?.
Recuerdo, también un teléfono donde me responde aún
alguien que no está. Recuerdo que mi nonno
ni siquiera fue mi profesor. El perfil de mi padre temiendo
serlo en su cana juventud. Recuerdo
a mi hermano muriendo de a pocos sin atrapar la luz. Casi
alado y hermoso.
.......................Recuerdo un balón
negándome la adrenalina
de ser gol. Recuerdo haberte dicho amor amor,
de impromptu,
en un vía crucis de catorce estaciones de Internet. Recuerdo
que allá uno está y jamás es. Pero, la memoria
-como el poema-
es una bella mentira a la que amamos por su muy escaso valor.
No sé si existe dios y el recuerdo de haberlo sido por
quince minutos,
o más.
Recuerdo haber sido sólo un adjetivo
Datsun
A Jorge Eduardo Benavides
Enterrada la tristitia valdelomar. A escribir plúmbeos pura
espuma, absortos ante musas con vellos y no pan/no poema/ bajo el
brazo. En aquella villa gris envuelta con pellejo burro recuerda nuestro
adánico callar en mesas desdormidas entre recuas acholadas
de verlaines y lautremonts.
Recuerda a Nazarenas elevada entre sahumerios. Su feligresía
octogenaria amoratando en Octubres penitentes.
Años Inútiles.
Unicornio Rodríguez susurrando azur en un tímpano. Milanés
haciéndonos en la oreja un irremediable vangogh. Trova contrastable
con esa música ineaudible que aún nos anocha los oídos.
Recuerda.
La neblinosa arquitectura alumbrábase de nín fulastregua,
telescopadas desde el espejo retrovisor de nuestro Datsun.
Tu hermano taxeaba su secreta escritura exponencial en estática
travesía de intramares, enamorado hasta del ámbar semáforo.
egus de icarado copiloto, buscaba lotos en la ingrávida matriz
de su conciencia.
Recuérdalo con su Canterville a cuestas, una llave y su chillido
mudo al no hallar cerradura en los muros de su hogar.
Recuerda que in tempus di calendas no hay tregua.
Pasan las horas/ las hojas/ uno mismo pasa sino es por otro conjugado.
Ouija versicular donde se mantienen incólumes los años.
Ora, entrecanos, el mirar del ojo redime de bruces los pretéritos.
No hay más cormoranes vertebrando el aire de un cielo antipictórico.
Es otro el polvo acumulado sobre el húmero.
Otras las voces. Somos otros.
El exilio nos sitúa en opuestas geografías, mas, la
palabra, siempre la misma, en asedio fecundo arrebata al olvido a
esos cuervos muchachos, extraviándolos en el tráfago
eterno
que transcurre
entre los cúrsiles marasmos de este poema.
Corazón de Tiza
Inocencia primera
abolida en deseo,
olvido de sí mismo en otro olvido,
ramas entrelazadas,
¿Porqué vivir si desaparecéis un día?
Luis Cernuda
Qué hermosa eres cuando declamas la Odisea,
altiva como una homérica doncella.
Qué hermosa eres cuando olvidas la Odisea
y bajas la mirada avergonzada como si el aula
fuera una esfera de rojo incandescente.
A veces no comprendo qué extraños símbolos
forjan tu lenguaje y, al descifrarlos, veo un atropello
en el tránsito ortográfico.
Pero basta que entrecruces la pierna para que yo
............................ me repita,
lascivo y taciturno:
............................................................
son licencias poéticas
............................................................
son licencias poéticas
y te vislumbre bajo un cielo de guirnaldas azules, con
espejos que multiplican tu cuerpo nabokov.
Ya de mañana me rasuro, suplico a nuestro Señor
que no vuelvas a mirarme de ese modo
pues con mis treinta abriles podría ser Abelardo
paseando ante la Madre Superiora y tú,
mi Eloísa.
Tu mami ha descendido desde su spa hasta la escuela.
Pregunta por mi nombre, escrito con sublime frenesí
en una hoja del cuaderno
con tu diestra de nínfula traviesa.
Dice que no debiera brindarte atención
.............. -potranca majadera-,
que, por mí, tu corazón de tiza acelera el tictac
de sus latidos,
que soy el espasmo antes del vómito anoréxico.
Tu madre insiste: te hallaron desnuda sobre el lecho
excitadísima en un juego prohibido.
Habías pintado en la pared un cubil
donde mi nombre montaba el tuyo,
nervioso y confundido.
Ahí dibujaste mi rostro como un juguete
que reclamas para ti, entre tantos, ajenos.
No lo dudé.
Como un jamelgo enjaezado troté por los pasillos y,
al ver a la Madre Justina, humilde confesé:
Renuncio.
Soy el sueño semanal que perturba
la imaginación de su estudiante.
Unos dicen que el amor es un niño
y otros dicen que es un pájaro,
unos dicen que es lo que mueve el mundo,
y otros dicen que eso es absurdo.
W. H. Auden
Cuando las púberes olvidan la última coma
dictada en la lección, la Madre Justina
insiste, con un fervor obseso,
en borrar lo que tracé con tiza
en la angina de tu púbercorazon.
"...y no lo olviden, los poetas acaban rengos,
malcosidos, mutilados.
La sobredosis es su único habitáculo. Surcan
avenidas como necrópolis errantes,
con los oídos magullados por la estereofonía
y el sonámbulo rasgueo de guitarras eléctricas.
Amanecen al son de los tambores con la nuca
encallecida como acémilas
bajo luces que denuncian su vileza
en las mesas de algún bar clandestino.
Los poetas son así, por eso les llamamos
...........................................................
poetas."
me contaste preguntando cómo es eso,
la monja, los poetas,
la monja, la malavida
etcétera.
"Ven": y tú llegas quedo;
"vete": y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
Pedro Salinas
¿Fui tan insolente como ella?.
Aún me pregunto si el cielo es conjurable,
asible el sueño o dónde está la caridad.
Al repicar la puerta los cielos descendieron. Era ella.
La virtuosa, mi nínfula traviesa llegó a casa
con su díscola razón.
-Lo que no escribió Shakespeare- se burló
acercando su almíbar a mis labios.
Pensé en una crátera repleta de cicuta,
en el vaso de ricino o en la espuma del cianuro
cubriendo mi cuerpo como un magma viscoso.
-¿Cómo pudiste?- insistió.
Su voz indefensa fue muriendo de a pocos,
dos rosas negras despeñaron en el abismo de sus ojos,
entreví en su cuerpo el resplandor de un sol oscuro
y, sin colmillos, desnudo de pielobo,
arrodillado como un niño lloré sobre su mano.
-Dime, ¿dónde está la caridad?
-Mi mano no es el cielo- respondió.
Como una atroz araña ovilló su tacto
lejos de mis lágrimas.
Su voz apenas fue el eco de un tímido saludo
-¿aló, mamá?
y así se fue de casa dejándome atrapado
como un arisco animal en
su propia madriguera.