Maurizio Medo
POETA
DE MANICOMIO
Por
Harold Alva
Nació en Lima en 1965. en 1986 ganó el Premio Nacional de Poesía
Martín Adán, el 2004 el José María Eguren del Instituto
Peruano de Cultura de Nueva York, y este año, su libro MANICOMIO,
ha sido nominado al galardón Festival de la Lira, de Ecuador. Son
10 los libros finalistas han participado poetas de todo el mundo.
Sobre MANICOMIO el poeta chileno Raúl Zurita ha dicho: “es
una de las mayores conquistas que la poesía en nuestro idioma puede
exhibir de aquellas zonas que, anidadas en el fondo de lo humano,
no habían encontrado una lengua que las expresara”; “es la
contraépica del desastre” señala Héctor Hernández Montecinos y,
“El Manicomio de Medo es su versión o su respuesta a este tiempo
en que se repite que no es posible nada nuevo” nos afirma el peruano
Luis Fernando Chueca.
Maurizio Medo, constituido como un referente indispensable de la
novísima poesía latinoamericana; a su regreso del controvertido Chile
Poesía, el poeta ecuatoriano Ernesto Carrión le comunica vía e mail
que era uno de los finalistas del Festival de la Lira. Sobre esta
nueva nominación, su poética, sobre el polémico encuentro en Chile
y de poesía peruana y latinoamericana última, platicamos en la siguiente
entrevista.
- Estamos en el año 2007 y creo que a estas
alturas resultaría interesante reflexionar juntos sobre la existencia
– o no- de una nueva poesía peruana, ¿qué piensas al respecto?
- Debemos de ser cuidadosos. Existen términos que traen consigo una
problematización, que a la larga podría convertirse en un callejón
sin salida. Resulta imposible solo pensar en la existencia de una
nueva poesía peruana, es decir una que nos reinvente con relación
al presente, sin revisitar esa otra, a la que podríamos denominar
como el epílogo de las escrituras en el Siglo XX. Esto sería
referirse
a unas poesías escritas desde una crisis política, social (por la
presencia del movimiento genocida Sendero Luminoso, cuyas acciones
armadas, de acuerdo con las cifras de la CVR(1),
dejó alrededor de setenta mil muertos y desaparecidos), desde una
crisis del lenguaje poético (con el desgaste del modo coloquial canónico,
el que heredamos de Los Rupturistas del 68) y una crisis de los estamentos
críticos (quienes observaron con desconfianza la heterogeneidad discursiva
que empezó a gestarse en las poéticas de aquel momento) A finales
del Siglo XX, aparecen poetas como Róger Santiváñez, José Antonio
Mazzotti, Eduardo Chirinos o Rossella Di Paolo, a quienes se denominó
como de los 80.
- Pero cuando hablamos de los 80 nos referimos
solamente a una referencialidad para ubicarlos, ¿no?
- Eso es cierto. Pero más que por una aparición estadística yo creo
que habría que replantear el mapa de la poesía peruana. Más allá de
las simplificaciones generacionalistas a ellos podríamos ubicarlos,
junto con otros autores de anterior aparición, como Carmen Ollé, Mario
Montalbetti o Carlos López Degregori, dentro de lo que Octavio Paz
denominó como tradición de la ruptura. Pero entendamos ruptura, de
acuerdo con Derrida, como la aceptación de la ausencia de un centro.
En la poesía peruana ese centro se rompió merced a los contrastes
planteados en la heterogeneidad discursiva de, entre otros, los poetas
que cito, quienes fueron desplazando los discursos del coloquialismo
heredado, el del británico modo, hacia una serie de variantes y reescrituras.
- ¿Y desde tu perspectiva que trajo consigo
esa rotura de un centro?
- Una serie de nuevos desplazamientos. Desde las márgenes se rescató
el pensamiento de las zonas relegadas, se redefinió al autor como
una “localización” dentro del texto – entendido, tal como lo decía
Quijano, como una suma de oralidades. Se dio una ruptura en las dicotomías
cultura-contracultura, lenguaje-habla y los primeros trazados que
empezaron a diferenciar al propio lenguaje del discurso -en paralelo
al descentramiento del sujeto poético. Todo esto, más otros flujos
propios de la migrancia, del discurso de género y del replanteo de
lo “cultural” fueron abriendo los nuevos espacios sin clausurar aún
el proyecto de las vanguardias históricas, con quienes se sigue el
diálogo. Si hubiera una nueva poesía esta sería hija de la crisis.
- ¿Hasta qué punto esta idea es compartida
por otros escritores de tu promoción? ¿Te reconoces en alguna o eres
más bien un poeta inclasificable?
- Creo que hay una nueva reflexión crítica sobre el significado real,
por años sobrevaluado, de las generaciones. Aportes como los de Luis
Fernando Chueca o Paul Guillén nos demuestran que éstas han sido conceptuadas
casi como una parodización orteguiana. El poeta José Carlos Yrigoyen
me recordó durante nuestra estancia en Santiago sobre una publicación
en la revista Lienzo. Era una muestra de poesía, reunida por
Alfonso Cisneros Cox, a la que se denominó Novísimos en la poesía
peruana, aunque ninguna de las escrituras reunidas aquí tenía
un carácter expósito o inaugurador, lo que relativiza el título de
la misma. En ella aparecí, entre otros, junto a dos viejos amigos:
Jorge Frisancho y Rodrigo Quijano. Ellos, junto con Luis Chueca, Montserrat
Álvarez y Willy Gómez Migliaro son quienes a través de sus escrituras
me hacen sentir parte de una promoción. Aquel criterio de “poeta inclasificable”,
al que te refieres, más que legitimarme en las márgenes estadísticas
lo que hace es relativizar más aún los criterios utilizados para concebir
“lo generacional”. No creo ser un avis rara, hay casos semejantes
como los de José Pancorvo, Rafael Espinoza, o Frido Martin. Todos
pertenecemos a una vasta tradición, aquella de la poesía peruana,
pero no tiene por qué haber un carné de una membresía generacional
que legitime esa pertenencia. Considero que ese criterio hoy, en el
año 2007, ya expiró. ¿Podríamos decir que Yrigoyen es un poeta del
2000 en tanto Cabel es una poeta del 2010? Son las propias escrituras
y sus desplazamientos las que nos obligan a replantear las pautas
en el análisis. Los 80s y 90s peruanos tienen una relación muy semejante
a la que se da en Chile entre los poetas de los 90s y los de la Novísima
– snobísima, diría Héctor Hernández Montesinos. Pienso que son parcelas
separadas por fronteras imaginarias. Pero al respecto puedes encontrar
luces en trabajos de gente mucho más preparada que yo en este tema.
Están Poéticas del flujo. Migración y violencia en el Perú de los
80, de José Antonio Mazzotti; Consagración de lo diverso: Una
lectura de la poesía peruana de los noventa, de Luis Fernando
Chueca, o Un espejo convexo: dos imágenes alternas en la poesía
peruana de la década del 70 y 80 de Paul Guillén.
- Paul Guillén asocia el Manicomio con
el período de Róger Santiváñez que va de Symbol a Eucaristía,
así como con otros títulos como Sobre vivir de Mirko Lauer
o con Book de Laetitia Casta de Rafael Espinosa. En El hábito
elemental publicaste el poema a Santivañez y ambos compartieron
el Premio de Poesía Eguren ¿cuál es tu relación con Róger Santiváñez?
- Ya he hablado al respecto. ¿Aún es posible hablar de originalidad?
Guillén también asocia el Manicomio con Hospital Británico
de Héctor Viel Temperley, con Carta al Señor Legislador de la Ley
sobre Estupefacientes y El ombligo de los limbos de Antonin
Artaud o con algunos poemas sueltos de Martín Adán como Esquizofrenia
o Litoral. Róger es amigo mío desde 1987 y es probable que
tengamos más de un vaso comunicante en nuestras escrituras. Como lo
declaré al ecuatoriano Ángel Emilio Hidalgo(2),
su libro Symbol para mí resultó fundamental pues da cuenta
de una nueva sensibilidad de la poesía, escrita en peruano. Lo que
me alucina de su poética es su interpretación de diversas tonalidades
desde el callejeo (Rosa Roja de mi pukto corazón álzate calata)
para arrastrarlas hacia la glosolalia novobarroca (wayno awayta
aguanta tu angustia observa la luna) y de ahí a una escritura
que bordea la mística (Vía sacra es esta hendidura/ Que toco roco
de tu película) La aventura poética de Santiváñez emprende una
vía ascensional. Esta es va desde el habla lumpen hacia un sentido
religioso. Su escritura simboliza la purificación del hombre a través
del lenguaje y por sobre el lenguaje. Mi caso es opuesto. Desde lo
metafísico (con En la edad de la memoria) fui descendiendo
hacia los territorios de la exclusión poética (con Manicomio)
y de ahí hacia la articulación de un habla a través de formas marginales
(con Dekorruptus tour). Hablo de una marginalidad en la expresión
(donde el guaraní puede coexistir con el resve y el habla de los chalacos
y expresiones mapuches) Definitivamente estos desplazamientos, uno
de ascenso y el otro de descenso, poseen esas zonas intermedias que
permiten nos encontremos tanto en el descentramiento como en la corrupción
de los conceptos tradicionales de lenguaje (prueba de ello, como decías,
está en el poema San tivañez(3):
Noches melopéikas/ de puro vaho sideral/ acosados por el ansia
de la Poetry) Pero esto no es algo nuevo. En la poesía peruana
esta aventura está presente desde la publicación de Trilce.
Luego de Trilce somos varios los poetas peruanos que nos encontramos
en la rotura de las convenciones del idioma en búsqueda de la posibilidad
de un nuevo decir. Esto implica tanto a poetas como Carlos Germán
Belli, Juan Ramírez Ruiz o Andrea Cabel. Esto demuestra que los poetas,
más que ser agrupados de acuerdo a períodos históricos (promoción
o generación) o nacionalidades, deberían reunirse de acuerdo a sus
escrituras.
-¿Desde esa perspectiva habría alguna relación
entre tu obra y la de Raúl Zurita? Sobre Zurita tienes un ensayo,
La constelación de las otredades, y en Santiago de Chile presentaste
una lectura sobre su obra más reciente, No nos hemos perdido?
¿Podría definírsete como un especialista en la obra de Zurita?
- Raúl Zurita es para mí el autor de una escritura cuyo trazado delineó
el mapa de la poesía latinoamericana actual. Libros suyos, por ejemplo
Purgatorio, representó para nosotros una vía de acceso a una
sensibilidad que rompía con la apoetización coloquialista. Cada texto
de Zurita (para mí rompen con el “formato” poema) pareciera situarse
dentro de lo que es y significa el propio lenguaje entre el ámbito
público y la dimensión íntima. Cada texto encarna múltiples conciencias
y la anulación temporal originada por el encuentro del tiempo poético
con el tiempo real. Ahora, yo no soy un “especialista” en Zurita,
para nada. Si hubiera uno este sería el mexicano Alejandro Tarrab,
cuya antología Mi mejilla es el cielo estrellado es realmente
extraordinaria. Con Raúl tenemos una amistad devota y fraterna – que
trasvasa aquella cojudez de “amistad literaria”- libros como No
nos hemos perdido, prólogos, como el que escribí para la edición
mexicana de La Vida Nueva, o como el que Raúl escribió sobre
el Manicomio, trabajos como La letra en que nació la pena,
son consecuencias naturales que dan cuenta de esa enorme amistad.
Te digo una cosa: no hay que ser especialistas en Zurita para saber
que estamos ante un autor que no ha sido leído en su real magnitud.
Ojalá que con Héctor Hernández Montesinos demos la talla y seamos
capaces de editar el libro Zurita. Te decía que los autores
debiéramos de ser agrupados por nuestras escrituras y en ese sentido,
sí, me parece que con Raúl podríamos estar dentro de manera similar
de asumir la poesía, dentro de una misma familia.
- Leía que justamente con Zurita y Pablo
Paredes estuvieron en un programa de radio de la USACH. Aprovecho
esto para hacerte algunas preguntas sobre tu visita a Chile. Por tu
cercanía con la organización del Poquita Fe, ¿cómo definir el proceso
poético que se vive hoy en Latinoamérica?. Y como peruano ¿ qué podrías
comentar acerca de esta versión del Chilepoesía? - Desde
la caída del bono “canon” en Latinoamérica se asiste a lo que denominaría
como una reconstrucción del legado vanguardista a través de reescrituras
y travestidas, Alejandro Tarrab dixit, una reescritura que es al mismo
tiempo su babelización, lo que hace mantenga su espíritu heteróclito
y plural, ahora desde las exigencias del presente. Estas escrituras
poderosas, reunidas en muestras como El decir y el vértigo,
Zur dos, y presentes tanto en los encuentros Poquita Fe, Salida
al mar y Estoy afuera como en esa nueva Biblioteca de Alejandría llamada
Google, transcurren en el presente como devenir. Su espacio
parece desplazarse del lugar asignado por la historia para reconstituirse
a la margen del especulum literario, en otro campo, agonal y rizomático.
Hoy en Latinoamérica contamos con títulos que han sabido ir más allá
de sus fronteras. Este es el tiempo de libros como Litane,
Coma, Síncopes o el de Caín. Es el tiempo de las
editoriales jóvenes y autogestionarias, de Invisible, de las
Mantra, de las Casa de las Iguanas, de los esfuerzos
que haces frente a Zignos. En lo que respecta al Chilepoesía
hay muchísimas cosas que son de lamentar y no precisamente en quienes
estuvimos allí. No diré nada sobre el Huáscar, me parece que se ha
convertido en algo poco original. Cuando nos dijeron que los peruanos
estaríamos todos en un mismo hotel llegué a pensar, lo confieso, en
que llegaríamos a arrojarnos tomatazos fratricidas. Pero la convivencia,
pese a los inconvenientes como la ausencia de viáticos – lo que es
de prever en este tipo de eventos, y más con todas las polémicas originadas
- no pudo ser mejor. Hubo mucha solidaridad entre todos y se inició
un diálogo que, ojalá, prosiga ya en nuestros territorios. Dejamos
una gran impresión. Yo me felicito de haber sido parte de la delegación
peruana.
- ¿Fue en Chile que te llega la noticia
de estar entre los finalistas para el Premio de poesía hispanoamericana
del Festival Lira?
- Eso fue al regresar. Un email de Ernesto Carrión me dio la noticia.
Me honra estar junto a poetas (y amigos) de la talla de Carlos Germán
Belli, Mario Campaña o Rafael Courtosie. Esperemos, ¿no? Me alegra
muchísimo que una editorial peruana, como la que diriges, y una colección
como la que concebimos, saque la cara por nuestro paisito. Pero creo
que lo fundamental es continuar, ¿no te parece? Hay libros como los
que aparecerán este año: Síncopes, de Alan Mills, Niño Dios,
de Pablo Paredes, Democracia, de José Manuel Barrios, La
trágica historia de la truchísima del cuarteto mexicano Tarrab-Solís-Peralta-Flores,
que requieren urgentemente de un espacio, tal como ocurrió con Manicomio.
Estos libros dan cuenta de que hay un nuevo mapa latinoamericano que
se viene dibujando merced a estas escrituras.
* * *
NOTAS
(1) Comisión
de la verdad y la Reconcilación
(2) Hidalgo,
Ángel Emilio: Entrevista a Maurizio Medo.
www.casa-delasiguanas.blogspot.com
(3) Fue
publicado en El hábito elemental, Latino Press, Nueva York,
2004.