1.
VOCES un orfeón fluye barítono y rompe en staccato
entre la manzana y el hambre todo el báratro canta en contralto
la voz del niño susurra -apenas- "árbol",
ella, lánguida, escucha "triglicéridos" y
yo repito "azules", como el manzano
hacia donde empina el niño para alcanzar
el fruto, entre el follaje en bruma
tacto espinos
-la poesía está un poco más alto.
2.
el niño bajo el manzano -si el manzano, cerezo
y a su orilla el estanque-
urgen a la manufactura de un hermético haiku
todo aquí en distopía,
el lenguaje en vorágine farfullea lodoso
(dios debe tener una oreja muy grande para oírlo todo)
del melindre -al balcón la golondrina- hasta el légamo hediondo
en miles de capas y superficies casi hasta la altura del manzano
soy el niño que empina susurrándole "árbol"
(hace cuarenta y pico años insisto en ello)
y, al mismo tiempo soy
quien lo imagina.
3.
en bruma el sol escura magro ahí
empino imaginado
-también yo- por el lenguaje
-uno azumbrado-
al cual un pito importan los trajines
o reducirse apenas al abrojo
-o rose thou art sick- prosigue céfiro
del ave huída
por la rama del árbol
a su sombra
levantamos castillos con el pasto.
4.
aquí transtierro construyendo torrecitas
con las hojas de un fresno
grava, escombros
antes otros
demiurgos -creímoslos-
pero cuando sus torrecitas se erguían ya
en altura humana, el gran derrumbe:
eran simplemente torrecitas.
5.
pobre poesía
arriba asola en azules fatuos
el resto es ornamento
ya no es más la flor de musarañas,
oír a darío
o tonta charada para dejar al ascua el corazón
es o no
-fuera de todo reloj y pentagrama- es
un do de sí, su sol
reverberante
mientras la urbe cháchara su ripio
como expirando en el último ay
apenas luego del auroral grito
-entre uno y otro do una eternidad-
como por una escala
en órfico descenso
6.
miserables torrecitas -sin quién vislumbre
arriba su fúlgido alboreo- que construyo
(calibán frente al espejo)
cuando no hipo exhausto en procura de frejol
- alguien viene de pronto y... -
poemas con la palabra alqabála
si ícaro, ¿en qué cielo?
otros en anacoluto con predio
si orfeo, ¿dónde infierno?
terrestre las torres, hasta el tuétano y
acrofóbicos los poetas
temiendo cumbres
pobre poesía:
los pixeles de un verso virtual de consumo masivo
-sus falsos exégetas-
pornografía teen en el desbunde del eros
reseñas laudatorias con profundo olor cebolla
something rots
mascarillas benetton gucci de la renta oh
pandemia azules esmeraldas blancas
o canjeables por vacunas
mascarillas en cobalto otras rúbeas en carmesí
y en cárdeno el prêt-à-porter enmascarado
bacterias
-alguien viene de pronto
y tala el árbol-
7.
ya no habrá un solo pájaro
en el poema
no habrá candor
(qué tiempo yerma apacible
para empinar al niño) hacia el cerezo
o manzano
vuelan frías yescas de polvo y por ende
no habrá tampoco
la hondura azul de epifánicos cielos
sí la bulla de las torres en derrumbe
apenas levantadas
si el niño se situara -en el poema- creería
a la poesía un mero juego de dados: uno sobre otro
superpuestos al azar, sin un álgebra y
si empinara -hacia su engañosa simetría
¿qué fruto?
melindres, en otra margen
el lenguaje
en vorágine farfullea lodoso