Maurizio Medo, es un poeta anfibio, su corazón
late entre el Mediterráneo y el Pacífico. Escribe a
contrapluma de los discursos predominantes y se resiste a creer en
lo que denomina ficciones críticas. Precediendo la publicación
de su último libro con Calabaza del Diablo, Medo estará
próximamente en Santiago. Aquí sus perspectivas, al
pie de los volcanes del sur peruano.
- Ud. aparece en la poesía peruana con un libro de carácter
surrealista en plena ebullición del Posconversacionalismo.
- Así es. Y de la manera más irresponsable, lo que no
implica arrepentimiento. Muchas veces lo poético resulta de
un equívoco de la razón...
- Lo curioso es que muy poco tiempo después Ud. publica
un nuevo libro cuyo tono parece contradecir a Cábalas.
- No creo que en poesía pueda hablarse de contradicciones,
sí de desplazamientos. Mencionaba la publicación de
Cábalas como una irresponsabilidad. El siguiente,
En
la Edad de la Memoria tiene un tizne neobarroco, culturalista.
Creía que en el aprendizaje para llegar a ser poeta, el cual
nunca termina, debía de vivir mi propia historia literaria,
y sigo convencido de esto. Si en Cábalas brillaba Breton,
en En la Edad de la Memoria hay homenajes explícitos,
abiertos a otros colosos de la civilización occidental como
Apollinaire, De Chirico. Y otros como a La Rosa del poeta Martín
Adán, desde esa formulación poética.
- Y luego se lanza Ud. a las antípoda. En Caos de Corazones
encuentro como referentes a grupos musicales, todos dark o gothic.
- Es que la cultura existe en cuanto posea movimiento. Los homenajes
a los que hacía referencia constituían, paralelamente,
un viaje poético hacia el pasado. Pero ¿y lo que se
vivía? Para mí la música y el cine han sido capitales
en mis lenguajes. Fue ponerlo en evidencia. Yo crecí con The
Cure, crecí con el gothic y toda la movida postpunk, me deslumbré
tempranamente con Wim Wenders, con Greenaway. Pienso que en el Perú
se había una brecha entre lo culto- ahí está
la poesía de Eduardo Chirinos- con lo popular- ahí
está la poesía de Róger Santiváñez.
Aposté por un camino entre ambos. Pienso que si uno escribe
sin una conciencia crítica está sencillamente retorizando
y, a su vez, si esa conciencia no te conduce a un cuestionamiento
del lenguaje poético el acto de escritura es un facilismo.
- ¿La poesía es crítica?
- Evidentemente. La poesía trae consigo una perspectiva crítica
del entorno que trasciende el lenguaje. Ya no estamos para jitanjáforas
o los metaforones de Chocano.
- ¿ Y hacia donde enfila la crítica con Limbo para
Sofía?
- Sofía, la Sophia Perennis, ¿qué más
crítico que poetizar su muerte, apreciar el occidente desde
un yo representatorio, que es otro y enuncia y denuncia la profanación
y acabamiento de los grandes temas, de la Utopía, de la agonía
de lo poético?. Aquí es un reencuentro con todas las
lecturas que me marcaron más, Eliade, Guenon, Burckhardt. La
muerte de la Sophia Perennis conduce al yo representatorio primero
a la imposibilidad de amar y, desde este desgarramiento al silencio
y, finalmente, al extravío de aquello que entendemos como razón.
- Mencionaba Ud. a autores como Mircea Eliade y René Guenon,
los que son un tanto insólitos, más aún en alguien
de su generación, ¿cómo es que accede a ellos?
- He sido muy afortunado. Onorio Ferrero, mi abuelo, fue uno de los
precursores del estudio del Oriente en el Perú. Crecí
entre libros incunables escritos en sánscrito, entre ediciones
del siglo XVII. Ferrero era amigo de Mircea Eliade, quien estaba por
venir a mi país con el fin de estudiar el mundo chamánico.
Lamentablemente la muerte le ganó por un paso y ese deseo no
pudo concretarse.
- ¿Esto influye de algún modo en su decisión
de vivir seis meses en una comunidad chamánica?
- Fue determinante. En el Perú el chamanismo es un fenómeno
fundamental para entenderlo a cabalidad. Podríamos decir que
hay tres ejes en donde uno encuentra este fenómeno; el fronterizo
Ayabaca-Sechura-Huancabamba, al norte, que es donde estuve; el del
Altomesayoq, que abarca el Cusco y uno tercero que está diseminado
por la Amazonía.
- ¿Y por qué esa decisión?
- Por un aspecto absolutamente mundano. Fue un trabajo que hice para
una institución. No soy antropólogo ni nada parecido
pero, a través de mi abuelo conocí al Maestro González
Tafur. Gracias a él es que tuve acceso a Salalá, una
comunidad chamánica que está al pie de Las Huaringas,
unas lagunas que, según dicen, posee poderes curativos. Estoy
curado del susto en lo que concierne al esoterismo. Desde niño
conocí toda una variedad de estafadores profesionales en este
campo. Lo que me alucinó en esta experiencia fue el lenguaje,
la capacidad metafórica del hablante. Recuerdo que cuando recién
llegué se me preguntó: ¿de qué cielo
te vienes? Al responder, por intuición, que venía
de la capital acotaron: ah, es de los tiempos. Ese día
me arranqué el reloj y no lo he vuelto a usar.
- En su poesía no se refleja esta vivencia.
- La palabra, decía Heráclito, es la sombra de un hecho.
Aparentemente no se refleja, es cierto, pero ¿dónde
crees que se gestó la idea de la muerte de la sophia sino ahí?
El ver otra forma de vida, diametralmente opuesta a la nuestra, donde
todo es natural, donde todo es manifestación simbólica.
Me rompieron los esquemas. Lo menos relevante fue saber si aquellas
lagunas eran milagrosas o no. Lo fundamental fue ver como, por ejemplo,
se contemplaba un arco iris. El cielo te está coronando.
¿Sí? Qué bueno, nada de flashes ni de turistas
japoneses sonriendo de acuerdo a la ocasión. Qué contraste
con la manera en que se vive en las capitales de nuestro continente,
en donde asistimos a la farandulización de la poesía,
al vedettismo de los míticos aedos con sus páginas WEB,
sus recitales de pasarela, con los Decretos Supremos que los nombran
como organizadores y promotores de eventos, de ferias internacionales
donde una delegación es la lastimosa muestra del apogeo del
amiguismo, con el que se vende gato por liebre. Es otro mundo. Hemos
perdido la sabiduría primordial, hemos matado el rito, los
símbolos. Somos unos depredadores de nuestra propia especie
con la falsa idea de progreso.
La Crítica
- Cuál es su visón de la poesía que se produce
en el Perú de hoy.
- Habría que preguntarse inicialmente que connota aquello de
hoy. Si hay algo bueno en el Perú es la poesía.
Siempre fue nuestro otro Machu Picchu pero, lamentablemente, como
bien sabes, la poesía es una gloriosa inutilidad. Jamás
fomentará el turismo ni el mercadeo del producto. Creo que
hay poetas peruanos notables, lamentablemente ser poeta en el Perú
es como vender sombrillas en el Gobi o Atacama. Hay un lamentable
divorcio entre creación y crítica. Aún cunde
lo efebolátrico, la confusión de lo novedoso con lo
bueno, la homologación entre Crítica y el decadente
reseñismo de las rotativas de confitería, la tendencia
a forjar ficciones críticas como poeta joven, poeta representativo,
poeta femenina, poeta del 70, 80, 90, post2000. Evidentemente
que hay una reacción contra esto. Hay libros de Crítica
como el de José Antonio Mazzotti, el de Birger Angvik, ensayos
como el de Luis Fernando Chueca, queda el legado de Westphalen y,
otro más reciente, el de Antonio Cornejo Polar que dan pautas
a los nuevos poetas sobre aquellos que les precedieron. ¿Cuándo
es la de hoy?
- Hablemos de la última generación.
- El problema es que no se ha definido con certeza que es una generación.
Me resisto a creer que esta nace por generación espontánea
cada decenio. Yo hablaría de la poesía peruana en los
últimos veinte años y veo en ella, como una de sus virtudes,
la diversidad. Desde los ochenta hay una heterogeneidad discursiva
que podemos vislumbrar en poetas como Chirinos, Santiváñez
o Magdalena Chocano - me resisto a dividirlos de acuerdo al género
como buscaron equívocamente las mujeres que ahora denuncian
un Club de Tobi en la poesía peruana, ellas, en todo
caso, fueron las Lulús- esta diversidad se ha radicalizado
hasta llegar al fin de un discurso unitario y monolítico. Por
supuesto, queda una suerte de distingo entre poeta y el otro, de la
provincia. Como si la capital constituyera un plus y el resto tuviera
que sumirse a una subalternidad. Me parece que la poesía peruana
está en un período de transición hacia algo que
no podría definirse aún. Lo predominante tal vez sea
el discurso neobarroco que contrasta con la tendencia hacia un anacrónico
malditismo que, simplemente denominaría como maldichismo.
En definitiva, la poesía peruana anda en un estado de transición
y de asimilación de esa diversidad gestada desde los ochenta.
- ¿No cree en la existencia de una poesía femenina?
- La mujer tiene un modo de escribir particular, definitivamente,
pero ¿La adjetivación de acuerdo al género no
sería válida sólo si consideramos a su opuesto,
en este caso, poesía masculina? Jamás he oído
de ella. En el Perú, en los años ochenta apareció
un interesante contingente de creadoras. La crítica convencional,
aturdida con la pluralidad discursiva, no encontró mejor manera
de agrupar la poesía escrita por mujeres como si se tratara
de un apéndice del discurso oficial. Las escritoras fueron
quienes cayeron en esta emboscada y, casi como una secta, abundaron
los recitales y encuentros ¿de qué?, de poesía
femenina, algo muy similar a una junta de Lulús protestando
ante el Club de Tobi. El problema es que no habían ni Tobi,
ni club. Recuerdo aún una declaración de Rossella Di
Paolo, en 1989. Nos tratan - decía - como si fuésemos
un seleccionado de voleyball. Sólo falta que se nos
imponga un entrenador y nos manden a las Olimpiadas. En lo personal
coincido con la visión de Ana María Gazzolo, como nos
lo recuerda Erica Ghersi, Gazzolo sostenía que debería
hablarse solo de un "yo poético", más allá
de la sexualidad del productor.
- ¿Cómo es su relación con la crítica?
- Con aquella que entiendo como crítica, la que en el Perú
tiene un carácter extraterritorial pues, en su mayoría,
los críticos radican en los Estados Unidos, es muy buena. Con
la otra, la de reseñas prefabricadas, la que establece a los
escritores rankeables o no, la que marquetea el hit
del momento, se sobreentiende que no es de las mejores. Hay un espacio
que me parece importante rescatar, la Internet. Hay varias páginas
que han abierto nuevos espacios críticos en el Perú.
Por citar algunas, está El Hablador, que se hace en Lima y
Letras.s5, una página que se hace en Santiago de Chile y que
dedica un espacio a la literatura peruana, cuando pareciera que no
podemos ocuparnos ni de nosotros mismos. Creo que con la Internet
los comentarios se hubieran pluralizado. Ya no existe el prototipo
de poeta del momento.
- Pero Ud. también se desempeña en el terreno crítico.
- Esa observación nos la hacen a todos los poetas, y ya parece
conciliada la respuesta que daré. No soy un crítico.
Es cierto que con Raúl Zurita editamos una muestra de
poesía peruana muy polémica, lo que me halaga. Pero
la crítica, como tú la denominas es parte del ejercicio
poético. No podemos restringir el proceso de eso que llamamos
poesía a la escritura de versitos. La lectura, la visión
que tenemos de aquello que se está escribiendo, la reflexión,
en función de los textos leídos, que va más allá
de la rúbrica, pues pueden ser tanto propia como ajena, son
parte de lo que, al menos yo entiendo como aprendizaje. Si escribo
reflexiones, prefiero denominarlas así, es para aprender, pese
a ello, lo confieso, las últimas están fuera de la parcela
localista. Si es que creyera en las fronteras te diría que
estoy lejos de aquello que entendemos como lo peruano.
- ¿Desde el Perú existe un acercamiento a la poesía
que se escribe en el ámbito latinoamericano?
- Básicamente se está iniciando algo con Chile. Hubo
un encuentro entre jóvenes poetas de ambos países, la
muestra que editamos con Zurita y el encuentro de ambos en Arequipa.
Creo que esta relación Perú-Chile debiera de consolidarse.
Tal vez sea una coincidencia de hechos aislados. Si se pregunta a
un poeta de veintitantos años qué piensa de la poesía
latinoamericana su silencio es algo que resulta estremecedor. Tengo
la impresión de Latinoamérica como un grupo de aldeas
que vive de espaldas, una a la otra por el carácter localista
que impera en el continente. Yo responsabilizo de ello a la crítica.
Creo que cada una tiene sus propias taras. Por ejemplo la chilena
me parece antropófaga, mientras que la peruana es tan
perricholista, apañadora y alcahuetera, nada que ver una
con otra.
- ¿Por qué ese desdén hacia los estamentos
críticos?
- Tal desdén no es hacia lo que definía como crítica,
es a lo acrítico disfrazado de su opuesto: el reseñismo
inmediatista de las rotativas. Evidentemente no van a pagar justos
por pecadores. Existen honrosas excepciones en cada una de las aldeas.
De lo que se trata es que lo bueno no se constituya en una excepción,
¿no te parece?
- Permítame una observación, Ud. critica a lo que
denomina reseñismo inmediatista pese a desempeñarse
algunos años como editor de un suplemento cultural.
- Eso es cierto, como es cierto también de que el suplemento
que editábamos Antonio Cisneros y quien suscribe en primer
lugar tenía catorce páginas y toda una estructura, en
segundo lugar se contaba con un calendario, los libros esperaban a
veces hasta dos semanas para salir en una reseña de veinte
líneas, eran leídos. Y no solamente, muchas veces contábamos
con colaboradores para las reseñas. Es de ahí que se
origina mi molestia. Ahora, a excepción de la revista Hueso
Húmero y algunos aportes de Ajos y Zafiros, ¿existe
algún espacio cultural en la prensa peruana que pase de las
5 páginas?¿Existe una prensa cultural? Sí, evidente,
pero ésta se circunscribe al ámbito de la plástica,
donde hay un mercado, compra y venta y sólo Dios sabe qué
otros intereses. Pese a ellos la crítica del arte tiene una
renovación. En lo literario, amén de los aportes que
te señalaba ¿qué otro nuevo asoma que no sea
el trabajo de un Ortega, de un Oviedo? Ahí hay un estancamiento
crítico, no encontramos una renovación.
Poesía
- Volviendo a su obra poética, por los discursos que Ud.
plantea ¿se reconoce como integrante de alguna generación?
- Es complicado creer en las generaciones poéticas. Mi promoción
creció en los momentos menos propicios. Por un lado, el país
se nos venía encima con la guerra interna que dejó 60,000
víctimas, entre muertos y desaparecidos. Por otro, como una
reacción ante un fenómeno de esta naturaleza es que,
en la poesía, el Movimiento Poético Kloaka detona como
un dinamitazo. Con este movimiento cayó el muro posconversacional.
El escribir poesía era a la sombra de la cultura K o
negándola. Valoro mucho la sensibilidad de este Movimiento,
tengo una profunda amistad con su fundador, Róger Santiváñez
así como sus aliados estratégicos, fundamentalmente
con José Antonio Mazzotti pero, aunque muchos me adscriban
a este movimiento, mi búsqueda personal iba por otro camino
-tal vez por mi desconfianza hacia los colectivos-. Desde esta perspectiva
mi promoción, insisto en el uso del término, creció
en un estado de confusión generalizada. La mayoría de
quienes empezaron a escribir conmigo abdicaron del oficio antes de
cruzar la treintena de años para dedicarse a labores más
respetadas. Creo que hasta principios de los ochenta, sea por el MK,
sea por el activismo universitario que sacó a luz publicaciones
como SIC, Trompa de Eustaquio, Calandria, cabía el término
de generación, luego ya no. Hace años causó
gracia que me calificara como degenerado, ahora compruebo que
algo de razón tenía. El abigarramiento del lenguaje
crítico me califica como entregeneracional, transgeneracional
y otros apelativos surrealistas. Con esto quiero decir que no creo
en una generación, salvo como la de Los poetas-a-puerta-cerrada
o No-me-junto-con-nadie.
- Pero definitivamente Ud., tuvo una vida literaria, compartió
con otros poetas.
- Lo que me hace aún más degenerado. El más
entrañable compañero que pude tener en mis inicios fue
Javier Sologuren. Nos veíamos a diario, veraneábamos
juntos en una playa del sur de Lima, San Bartolo. Javier era tan poeta
que no establecía una relación maestro- discípulo,
era cómplice. Tenía tal capacidad de abstracción,
diría que vivía en estado poético. Luego, hablaba
de antes de Róger Santiváñez, con quien pasábamos
tardes enteras entre los libros, aquellos viejos incunables.
- Pero, ¿nunca participó de un grupo o movimiento
poético?
- Lo más próximo a la vivencia de una colectividad fue
con Asaltoalcielo, por José Antonio Mazzotti. Por supuesto
que mantengo un vínculo con algunos poetas que asistían
a las veladas poéticas (Mendizábal, De Ramos, Frisancho,
Quijano) Pero al pan, pan, y al vino, vino, existen también
de los otros que representan ejemplarmente los motivos por los que
dejé la capital.
- Es cierto, si el punto fundamental de difusión poética
está en Lima ¿por qué se fue a la provincia?
- La provincia no es el resto de, en este caso el Perú. Estoy
a mil kilómetros de ese pueblo con complejo de metrópoli.
Me fui, en primer término por hartazgo y en realidad, nunca,
pero nunca, creí quedarme, y mucho menos en Arequipa- siempre
he preferido el norte peruano-. Pero el amor me ganó. Aquí
me casé, aquí, y aquí es Arequipa, aunque podría
llamarse Yucatán, Calama, o Bahía Blanca. Todo lo que
buscaba está escondido en esta ciudad, me refiero a ese ser
maravilloso que es para mí Ludy, mi esposa, por quien deje
atrás todo y, si tuviera la opción de volver a elegir,
mil veces volvería a dejarlo. Me siento bendito, afortunado,
único y no declaro esto con tufillo egolátrico. Me refiero
a quién soy a lado de Lu, quien posee la mágica facultad
de hacerme ser (y hacer) lo mejor que puedo, que podría ser.
- ¿Es aquí desde aquí que junto a Raúl
Zurita editan la Letra en que nació la pena?¿Qué
tal la experiencia?
- Eso fue otro de los inesperados- bien lo decía Heráclito
¿no? : Esperar lo inesperado-. Jamás pensé
que una muestrita de poesía generará todo este revuelo.
Con Raúl Zurita compartíamos textos de esa abstracción
que es la poesía peruana y así se fue dando,
como la experiencia de dos lectores aplicados a. En el entretiempo
Zurita había sacado a luz Cantares: nuevas voces de la poesía
chilena. Ese libro, que en Chile generó urticantes polémicas,
fue la semilla de amistad que tenemos. Posteriormente la bendita Letra,
el encuentro El Sur también existe, en fin son anécdotas
que considero personales, muy personales. Recuerdo un pasaje de El
Juego de los Abalorios de Herman Hesse, en donde el autor sostiene
que no hay mejor manera de que dos seres cultiven la amistad sino
a través de la música. Podría rubricar esta frase
si cambiamos música por poesía. Con Raúl
Zurita descubrí lo, que en su momento, la falta de una generación,
de compañeros de ruta me impidieron vivir: la fraternidad,
la lealtad, la solidaridad y todos esos valores, que para muchos serán
arcaicos. Si vuelvo a Hesse, Zurita es un Maese Luden y no
dudo un instante en considerarlo como uno de los poetas más
importantes del nuestro continente. Lo evidencia en la compilación
Mi mejilla es un cielo estrellado, y esto se confirma con
La Vida Nueva. El problema de Raúl es que vive, como un
Maese Luden, en un país donde ya nadie parece dedicarse
en cuerpo y alma a este Juego de los Abalorios.
- ¿El estar en provincia, que la entiendo como margen es
lo que le permite aproximarse a la poesía latinoamericana?
- Aquí hay dos relativismos. Estar y poesía latinoamericana.
Inicialmente, y eso me da paz interior, di lo mejor que podía
a esta ciudad, talleres, poetas que venían desde Lima o el
extranjero, todos amigos, conversaciones diarias con los críticos
y los escritores de la región, pero luego, me fui dando cuenta
de que en realidad, no estaba en Arequipa, sino con mi esposa
y que esto, inútil en los estamentos productivos, que es la
poesía y es mi vida, para quienes me rodeaban constituía
una afición refinada. Esto me acercó más
a Chile, cómo no, a México. La provincia es un no-lugar
y en cuanto a esa otra catalogación, poesía latinoamericana,
más que acercarme a ella, eso implicaría toda una vida,
se dieron encuentros fundamentales para mí con algunos poetas
chilenos, con otros mexicanos, con alguien tan lúcido y particular
como Eduardo Milán. Me encontré con seres humanos
los que me hicieron comprender del todo que, en poesía, las
fronteras se constituyen como otra ficción.
- ¿Qué expectativas con el próximo viaje
a Chile y la publicación de "Manicomio del Alma?"
- En lo que respecta a Manicomio del alma sólo puedo
hablar de gratitud, de una enorme gratitud que siento hacia Gabriel
Silva y Marcelo Montecinos. Manicomio abrirá, con Calabaza
del Diablo una colección de poesía latinoamericana,
idea que me parece fundamental y coincide con la aparición
de la revista Pelícano, en Lima, con esa perspectiva
integradora. Creo que hay que tener conciencia de nuestros lenguajes,
de nuestras hablas pues, todas unidas, conforman un idioma latinoamericano
para el que un español necesitaría de traductor. No
siento que voy a un lugar ajeno. Tengo buenas amistades en
Chile que le vuelven tan casa como Arequipa o Lima.
- ¿Dice esto a pesar de los conflictos entre ambos países?
- En ese sentido me debo únicamente a la poesía. No
creo que poetas, llámense Germán Carrasco, Felipe Ruiz,
el mismo Gabriel Silva, Héctor Hernández o Raúl
Zurita, escriban desde un territorio. Las fronteras en la poesía,
lo dijimos con Zurita en Arequipa son ficciones.
- ¿Está al tanto de lo que se viene escribiendo
en Chile?
- Con el mismo interés que de lo que se escribe en Perú
o en Sri Lanka. La poesía chilena vive un momento interesantísimo.
Se percibe en Cantares, la polémica antología
de Zurita. Pero fundamentalmente en los libros que he podido leer.
Me llena de alegría compartir una lectura con Ruiz y Hernández,
quienes podrían llamarse Memet o Sandoval.