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Conversación Milan - Medo

conversaciones sobre poesía hispanoamericana


Maurizio -Eduardo, en tu artículo, Visión de la Poesía Latinoamericana del siglo XX, distingues dos líneas expresivas fundamentales, una proveniente de la incidencia que tuvieron en América Latina las vanguardias históricas y otra que suponía una vuelta al pasado, lo que podría constituir una suerte de resemantización poética. En los últimos años, ésta es una apreciación muy subjetiva, tengo la impresión de un desborde del discurso, de una desfragmentación del mismo hasta casi abolirlo. Es decir, la poesía latinoamericana parece haber perdido todo centro retórico desplazándose hacia la periferia. Si bien sobreviven las tendencias que tú vislumbras, ¿no crees que hoy por hoy Latinoamérica constituye una suerte de Babel poética?

Eduardo - Es cierto lo que dices. En los últimos años hay una especie de multiplicación de las vías al verso o al desbordamiento del verso. Aquel articulo que citas fue escrito en 1995 como texto de una conferencia que leí en la Biblioteca Nacional de Madrid. Esto importa, el contexto. Importa porque era una visión de la poesía que leía ante público lector español. Y en ese texto se cuestionaba a la poesía que seguía la tradición heredada de España -yo llamaba allí a esa herencia "la tradición de la lengua"-. De modo que era un texto abiertamente polémico, histórico para mí, en la medida en que respondía a una necesidad del momento: dar una visión de la poesía latinoamericana un poco diferente a la establecida que sitúa a la poesía latinoamericana como una suerte de "prolongación" (distinta, especial, con "tono propio", pero prolongación al fin) de aquella tradición. El ejemplo que daba allí era claro, al menos para mí: cómo algunos poetas: Mutis, Cervantes y otros- intentaban restaurar el modelo de la tradición hispánica en nuestra poesía volviendo a los clásicos españoles o a los motivos poéticos españoles. O más aun: fuera de lo propiamente poético, a la asunción dentro de su propia poesía de motivos históricos por alguna razón u otra "auráticos"de la historia de España. Tal es en buena parte de su poesía la aventura de Mutis. Hay un valor ahí: es el desencanto ante un presente "sin nobleza", "sin honor", que pierde ante el glamour victorioso del pasado donde hasta una derrota se convierte, a los ojos del presente, en victoria. Y no hablo de Walter Benjamín y de su rescate de los discursos postergados, que esperan turno para insistir, ni tampoco de un "lenguaje de los vencidos" como el que trata de recuperar en parte de su poesía Zurita, por ejemplo. No, hablo de discursos históricos redactados por la historia dominante que escribe con manos "nobles". No es la misma derrota la de la Armada Invencible que "El éxodo del Pueblo Oriental" o la "caída de Tenochtitlan".Que la vuelta al pasado formal es una vertiente de una cierta tradición occidental del arte es algo conocido. El presente "se refresca" en el pasado. Pero después de la experiencia histórica de las vanguardias del siglo XX lo que entra en juego es la "institución arte" en todo su conjunto. De manera que algo cambió.

- ¿Existe una conciencia en lo que respecta a este cambio?
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Si no procesamos ese cambio desbarramos. En varios libros críticos planteo eso: En Resistir. Insistencias sobre el presente poético (1ª. Edición 1994; 2ª edición 2004), en Trata de no ser constructor de ruinas (2002) y en Justificación material. Ensayos sobre poesía latinoamericana (2004). En mi caso se trata de una doble obsesión: un posicionamiento ante la tradición muy influenciado por el "make it new" poundiano, y una posición ante las formas artístico-poéticas a las que considero históricas, no atemporales. Por todo lo anterior coincido contigo en que en aquel texto se "cortaba grueso". Había también que intentar darle un cierto sentido a lo que estaba ocurriendo -esa desbandada poética hacia no sé donde a la que tú escrupulosamente llamas "desbordamiento". Había que plantear posiciones a asumir, deslindar terrenos y no ser tan abiertamente comprensivo como para terminar justificando a trasmano lo que es para mí a todas luces criticable. Criticable, puesto en situación crítica, necesitado de situarse críticamente, es el discurso plural de la poesía latinoamericana actual. Es un hecho. Pero los hechos exigen reconocimiento, no devoción. Si transformamos la realidad en manda nunca nos atreveremos a cambiarla.

- Dentro de la herencia que nos legó la vanguardia, fundamentalmente con las perspectivas de Lezama Lima, Parra y Paz, ¿distinguirías a alguna de ellas como predominante? ¿Crees que la nueva poesía latinoamericana mantiene aún esa conciencia crítica del lenguaje, o esta conciencia se ha desplazado, más bien, hacia el cuestionamiento del quehacer poético hasta romper con sus fronteras? ¿Estamos frente a nuevos modos de expresión que marquen una diferencia entre lo que se viene gestando con lo que prevalecía unos años atrás?
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Yo no sabría decirte cuál es la predominante en cuanto influencia de esas presencias mencionadas. Pero para mí, el poeta más importante de los nombrados es Nicanor Parra. Por una razón muy simple: fue el único de los tres que mencionas que afectó realmente a la poesía latinoamericana. Generó una incomodidad tan grande en la concepción del "poeta como vate" que escribir poesía después de "Poemas y antipoemas" era una cuestión de replanteamiento constante. Además, lo que hace Parra con la materia prima poética, el habla cotidiana, es altamente arriesgado siempre. Es trabajar con lo gastado sabiendo que está gastado. En ese sentido Parra está más cerca de Mallarmé que toda esa banda de poetas neo-órficos que se la pasan renaciendo. En cuanto al desplazamiento de la conciencia del lenguaje al cuestionamiento del quehacer poético hasta romper fronteras, pues, esa es una manifestación de la conciencia del lenguaje. Creo que sí hay nuevos modos de expresión. Se "dice" más. Se rompió la frontera que marcaban los "lenguajes exclusivos" como decía Haroldo de Campos. Cualquier vocabulario es el indicado. Ahora, eso no quiere decir que los poemas sean buenos. Ni tampoco que esta poesía que escribimos sea mejor que la anterior. Si metemos a Harold Bloom a juzgarnos nos deja a todos afuera, no del canon,: de la poesía misma. Aunque el otro día leí algo que me reconcilió momentáneamente con Bloom: reconoció que Nicanor Parra era sin duda un gran poeta.

- Es sabida tu admiración por César Vallejo. Inclusive tú citas un verso suyo, en el libro "Centuria". Me refiero en el que Vallejo irónicamente proclama: "quiero laurearme pero me encebollo", ¿No estamos viviendo un tiempo en que la oposición laurel-cebolla ha venido estrechándose, en donde el poeta encontrará los laureles en la despensa? En suma, ¿no es una época de "despoetización"?
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Si esta no fuera una época de despoetización la poesía de esta época sería falsa. Esa es la lucha que he tratado de dar a través de mi escritura tanto crítica como poética: que la poesía no mienta el carácter de la época, que reconozca su precariedad (o su fortaleza en la precariedad dada por el reconocimiento) sin por eso negarse culposamente a sí misma. "Quiero laurearme pero me encebollo" es una cifra de esta época, en efecto.

- Hay una apreciación tuya, en una entrevista con Eduardo Aguilar, que me parece muy aguda: "no incluiría a la poesía latinoamericana dentro de la poesía de la lengua, me refiero a que no haría una asimilación España-Latinoamérica por el simple hecho de hablar la misma lengua, o porque somos un continente conquistado por España. Yo creo que la poesía está un poco al margen, o salida del territorio de la lengua". ¿Hasta qué punto existe ese "territorio de la lengua?" ¿No te parece como que esa marginalidad del poeta latinoamericano se hubiera extremado hasta tal punto que las influencias, bien asimiladas o no, de la poesía francesa, de la británica o de la italiana hubieran generado un nuevo tipo de expresión que abre la brecha entre España y Latinoamérica?
- La influencia poética española ya no es la influencia dominante en la poesía latinoamericana. Las excepciones que he mencionado arriba -poetas que retornan voluntariamente a la tradición de la poesía española (sin olvidar, tampoco, que el siglo de oro es un siglo absolutamente magistral desde el punto de vista de la tradición de la poesía española) señalan una tendencia. E insisto, no sólo poética: hay valores ideológicos jugando allí. La influencia de la poesía norteamericana en áreas donde se da -en Nicaragua, por ejemplo, en Brasil, para seguir en América Latina aunque en otra lengua y, por tanto, ante otra tradición- produce un resultado notable. La poesía norteamericana tiene ese aire de "primera mano" como si antes de la poesía norteamericana -al menos de cierta poesía norteamericana- no se hubiera escrito poesía. Es poesía escrita sobre lo inmediato, sobre los hechos vividos. En América Latina se inventó mucha poesía en el mal sentido del término: se inventaba en sustitución de la vida. El poema, más que un acontecimiento de lenguaje, era una especie de fábula. La facilidad con que la poesía norteamericana transforma lo vivido en acontecimientos de lenguaje es para mí la clave feliz de esa poesía. Los poetas latinoamericanos que aprendieron eso se quitaron un lastre importante de encima. Se quitaron el lastre de tener que huir siempre hacia un pasado que represente tierra firme debajo de lo que están diciendo. Más fácil -y más auténtico- es asumir el tembladeral sobre el que estamos parando. Me viene a la cabeza el ejemplo ético de Perlongher: "neobarroco", no: "neobarroso" es lo que nos corresponde dada nuestra realidad.

- Otro aspecto que me parece característico de la poesía latinoamericana, en estos últimos años, es su extraterritorialidad. Son muchos los poetas que abandonaron su lugar de origen en búsqueda de las condiciones básicas para la subsistencia, lo que no me parece de ningún modo reprochable. Los otros, que resisten el día a día- lo que ya es heroico - en los Chiles, en los Perús o los Ecuadores, ¿crees que tienen la posibilidad de reinventar el pasado desde el presente, o más bien todo se reduciría a sobrevivir al presente?¿Cuál es la actitud que, desde tu visión, los caracteriza?
- La escritura poética bajo el signo de la necesidad es un tema tan brutal -y tan soslayado porque es difícil de tratar sin arruinarlo todo- que marca, en efecto, escrituras de muchos paìses latinoamericanos, como los del sur, por ejemplo. Escribir poesía tiene algo de doble sobrevivencia: una, la normal, de ciudadano más o menos jodido, ya que no todo poeta latinoamericano es un aristócrata al margen, económicamente hablando. La segunda es la propiamente poética: escribir para sostener el desafío de la escritura poética en este tiempo histórico. Tampoco se trata de dramatizar. La poesía salva la vida a cierta gente. De manera que es un acto generoso en ese sentido. No es un chaqueteo narcisista que termina ahí, dialogando en lo oscurito con Petrarca para ver cómo se ingresa a un Renacimiento. Cierto: la poesía es una elección personal, a uno no le piden que escriba poesía. Pero una cosa es correr con los gastos de la propia escritura y otra es escribir en sociedades donde la realidad mayoritaria es la indigencia. Lo peor que se puede hacer cuando se está en esa situación es fingir riqueza, esto es, investirse de "derrotado heroico", mentir la pobreza. Esa indigencia no tiene por qué no quedar registrada en el poema. Si uno quiere, por supuesto. Y sin olvidar que la pobreza DEBE tener solución, como el hambre. Alguien dijo que la diferencia entre él y Teresa de Calcuta es que ella estaba a favor de los pobres y él contra la pobreza. No conozco mayor claridad sobre el tema. Si uno no está de acuerdo con esta realidad en términos materiales es porque uno está contra la pobreza. Al menos eso creo. Quiero decir: escribir poesía es también un acto contra la pobreza.

- Hay un pensamiento de Ibn Harabi cuando se refiere a Henry Corbin que, personalmente, considero idóneo para aplicarlo a la abstracción que denominamos "poesía". Harabi habla "de un lugar que no tiene donde, el cual transcurre en un tiempo que no tiene cuando pero, que en revancha contiene todos los lugares y todos los tiempos".
- Totalmente de acuerdo, aunque, como sufi, Ibn Arabi creía en verdaderas topologías imaginarias. Yo creo en lo que él dice sin conocer el mapa. Esos mapas imaginarios son deslumbrantes, como también es el caso de Lulio. A nosotros -o a mí, en particular- me sirve la consigna. Lo demás es lo que puedo hacer con ello en el lenguaje. Algo importante: no dar por sobrentendido al lenguaje poético, como algo que "así es". Ante esa afirmación la pregunta que cabe es: "¿así cómo?"


El Sur también existe

- Hasta la década del Setenta percibo una predominancia de lo posconversacional en poéticas fundamentales como, por ejemplo, en las de Rodolfo Hinostroza, Enrique Lihn o Antonio Cisneros. Posconversacionalismo que, de alguna manera "deshispaniza" el decir, que es también, el sentir latinoamericano. Luego de este discurso, al que podríamos "forzar" como homogéneo, mi percepción es la de una ruptura, la que deriva en dos tendencias, hablando siempre desde la generalidad. Por un lado una, inmediatista, encarcelada en la urbe (y contra) la urbe; pienso en un Enrique Verástegui, quien paulatinamente se libra de lo inmediato apelando a nuevos referentes con los que pluraliza su discurso, con los que lo atemporaliza. Por otra, está la aventura mitopoiética en donde poetas como Raúl Zurita emprenden la aventura de devolverle a la poesía aquellas grandes palabras - como alma, espíritu, amor -. Paralela a estas dos manifestaciones creería en una tercera, delirante e inclasificable, encarnada en la voz de Diego Maquieira. Por supuesto, hablo de estos poetas como referencias, tal vez las últimas referencias, porque luego lo plural y heterogéneo se convierten, contradictoriamente, en el gesto característico que unifica una identidad, una manera de ser, ¿cuál sería tu perspectiva Eduardo?
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Está bien formulado. En la medida en que no se olvide que la poesía se urbanizó -o sea se secularizó, se retiraron los dioses en términos de Holderlin- desde el siglo XIX. Ahí entra en crisis la modernidad. Considero que no se debe generar tópicos al margen de la discusión central: lo que colapsó fue el mito del progreso, clave del proyecto moderno. La vida en la ciudad -o sea, la vida sin Naturaleza- es la vida en prosa, antipoética por definición. Otra vez la importancia de Parra, aquí. La mitopoética, el señalamiento hacia una "nueva mitología" como dice Frank, es el planteo de muy pocos poetas. Esa nueva mitología está, en forma latente, en el lenguaje poético. Uno puede desenterrar la mitopoética del lenguaje sin desertar del presente histórico. Generará una tensión. Pero este no es el mejor de los mundos posibles ni tampoco la mejor de las vidas. Es lo que hay. Lo que le da fuerza a Zurita es la transformación de la ausencia de la Naturaleza como presencia activa en la existencia humana en movimiento épico mediante un uso del lenguaje totalmente transgresor a lo que se considera lenguaje poético, tanto moderno como pre-moderno. Hay una tensión entre el aliento épico que da cuenta de la ausencia de Naturaleza -aquí se incluye la derrota humana por la tecnotecnología: no se olvide que los vencidos fueron vencidos por la tecnología y sólo luego sometidos por la religión- y el lenguaje que Zurita utiliza para decirlo. Es un lenguaje que resalta abiertamente su no-lugar ante lo que está proponiendo como proyecto. Maquieira es brillante también. Pero es otra historia. Es ironía y es parodia.

- En los últimos años, aunque como Pound soy partidario de los "valores probados", la poesía latinoamericana, esa vasta pluralidad, radicaliza la idea de incorporar al lenguaje ciertas expresiones del habla callejera, claro está, sublimándolas. La frontera entre lo tradicionalmente poético y su opuesto se estrecha, tal vez desde el nadaísmo, el cual olvidé mencionar. Esto conduce a un renacer del neobarroco, por un lado, por otro a la apuesta por un trascendentalismo y, simultáneamente a la apuesta por un maldichismo, aunque estos caminos en muchos momentos parecieran encontrarse pero, lo creo así, sin una conciencia crítica del lenguaje. ¿Cómo ves el panorama de la poesía latinoamericana, aunque también me pregunto si es válido o no hablar de ella, más reciente?
- Creo que sí es válido hablar de lo que ocurre ahora. Noto una falta de conciencia crítica expresa, esto es, hay que deducir que el lenguaje poético está en crisis más allá de los "vuelos de libertad" que los poetas se permiten en su decir. Una situación crítica da para cualquier cosa. No necesariamente es auspicio de rigor. Más bien todo lo contrario: hay una irresponsabilidad flotando permanentemente sobre los poemas. Y la cuerstión es teórica más que práctica. Te diría que los poetas más jóvenes no quieren saber dónde va lo que hacen. Cuando mucho querrán saber de dónde viene. Querer saber dónde va lo poético es tener que ponerse a pensar. Yo sostengo una y otra vez que la tarea del poeta no está cumplida si el poeta no piensa no sólo en la poesía sino en el mundo. Pueden proliferar "ismos" más o menos fieles a lo que ocurre en la realidad. Ese no es el problema. El problema no es detectar la sintomatología del mal -que cuando está detectada ya es mucho- si no enfrentar la enfermedad. No sólo hay que escribir poesía: hay también que generar un pensamiento poético que no excluya al mundo aunque al mundo en su estado actual de cosas le importe un carajo el pensamiento poético.

- Hay otro factor que me parece no se hubiera considerado y me parece importante. En esa Babel poética, permíteme denominarla así, que es la poesía(s) latinoamericana hay autores novísimos de procedencia europea, mayormente nacidos al borde del 70 quienes, desde sus discursos- y no sé si tenga algo que ver sus procedencias- constituyen un nuevo aporte. Pienso en Vanna Andreini, en Montserrat Álvarez y Jorge Frisancho, sólo por citar tres casos.
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Eso es cierto. Pero la cuestión multicultural es una constante poética. Desde el comienzo de la modernidad más reciente -la que comienza en el siglo XVIII- escribir poesía nada tiene que ver con la nacionalidad geográfica.

- Desde la década del Ochenta, siguiendo los preceptos del "generacionalismo", muy propio de la crítica peruana, hay una presencia más fuerte de la mujer en la poesía. Ya dejan de ser casos aislados, ya no hay UNA Orozco, UNA Pizarnik, UNA Varela. La mujer tiene una participación activa pero cuando ocurre este fenómeno, por una falta de conciencia crítica, tanto de las autoras como de la crítica literaria, sus discursos, completamente diversos, son reunidos en el producto "poesía femenina". ¿Crees tú válida la existencia de tal?¿Existe una "poesía femenina" o el término adecuado sería el de "feminista?"
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Yo creo que existe una poesía escrita por mujeres y una poesía escrita por hombres. No son iguales si te fijas. El valor lingüístico no está en consideración. Me refiero al modo de expresión.

- Hay una frase que cada vez es más común en los poetas. "Frente al desinterés de la crítica me veo obligado a comentar X libro". ¿Cuál es tu percepción de la crítica literaria en nuestro continente, Eduardo? ¿Existe un correlato entre ésta y la creación o, por el contrario un divorcio por aparente "incompatibilidad"?
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La crítica literaria en América Latina o está restringida a las universidades o es un acto que tiene que ver con quien lo escribe. A eso me refería hace poco en estas páginas. No hay necesidad de pensamiento en los jóvenes poetas, o sea: no hay poetas pensadores como en la generación de Lezama.-Parra.- Paz. Una de las razones, entre muchas otras, es la siguiente, al menos para mí: se trata de intentar deslindar la poesía de la inteligencia. Valió un pepino la insistencia de Valery en el pensamiento poético. El poeta actual no sale de la frontera trazada por el hedonismo. Y no se trata de no sentir. Se trata de no complicarse la existencia. A muy pocos poetas les importa lo que hacen sus compañeros "de tiempo". Nadie "padece" la situación poética como todavía solía suceder en mi generación. Hay una conciencia superficial de la realidad y la energía cargada hacia lo artístico como si lo artístico sobreviviera al margen de la realidad. Estamos al borde la práctica poética como ante el acto de "no saber". Criticar un libro se reduce a poco menos que contar una historia. En mi generación escribir era no sólo hacer versos -que podían no serlo- sino estar preocupados por el estado de la poesía y también por su relación con el mundo. Creo que nadie escribe sobre nadie porque a nadie le importa lo que el otro escribe. No hay conciencia de que una obra realmente importante modifica su contexto. Creo que hay un cierto despiste: convendría a las nuevas promociones estar un poco más preocupados. Finalmente el destino de la poesía es su destino como poetas.

 

 


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