Maurizio Medo (Lima, 1965) es uno de los poetas más
extraordinarios emergidos en lengua castellana en los últimos
años y sin duda el más fuerte y radical. Autor de libros
como En la edad de la Memoria (1990), Limbo
para Sofía (2004) y El hábito elemental
(2005), su obra asume todos los signos del hibridaje, de la transculturización
y del arribo, creando un ámbito que nos muestra que la poesía
es a fin de cuentas el intento más conmovedor y desesperado
por llegar a una excepción deslumbradora. A aquella excepción
que le dé a la precariedad de nuestros cuerpos y a la angustia
de su desmembramiento, un relato que ya no requiera del lenguaje,
es decir, que ya no precise de la historia del malentendido. Los poemas
de Medo se rompen abruptamente, se tarjan de golpe para amarrase asfixiándose
al que sigue en un babelismo de voces, de jergas, de sonidos y lenguas,
porque la experiencia humana no admite al parecer sino una sintaxis
rota, un encabalgamiento que surge cuando ya todo parece perdido.
La impresionante concretud de esta poesía nos hace ver que
las palabras son los paliativos más dramáticos y tal
vez esplendorosos de la carne, pero que son únicamente paliativos.
Las palabras jamás son el dolor, pero no nos privan del dolor.
Pocas veces como en la obra de Maurizio Medo una poesía nos
muestra esa lucha sin cuartel que las palabras entablan con la concreción
impronunciable de la vida. Próximamente en Chile la editorial
Calabaza del Diablo editará Manicomio
del alma, que constituye la última obra de Maurizio
Medo, y en su sentido mayor, algo no registrado en la escritura de
nuestro tiempo. Los poemas que siguen forman parte de ese libro.
Raúl Zurita .............
Non sono pazzo, fratello. Non siamo pazzi quando troviamo
il sistema per salvarci.
Siamo astuti come animali affamati. Non c´entra la pazzia. È
genio, quello. È geometria.
Alessandro Baricco
rutina
repetir el gesto con aire matemático. repetir el sudor. la
ansiedad esbirra.
repetir los hábitos diarios hasta calcar en un día siete
vidas.
olvidar con qué zapatos uno descamina para tentar al fracaso
por rutina.
con el talento en arriendo. en compra y venta. sin hacer nada más
que repetirse.
con insomnio paquidérmico leer en élitros de moscas
pensamientos
que revelan la vil humanomalía. sí, leer y leer in abyectus
akademo
mientras la mente deambula, pobre diabla en andrajos,
sin saber nada de sí ni del vecino. no quise mi cardio misere
robótico
latiendo al son de orquestal maquinal. dónde deja uno el alma,
así corporativo.
no sé nada de del can kant del probo inútil pascal ni
de pitágoras. en vez
de paporretear docta teoría danzo danzón con balde y
los sentidos prestos,
mientras limpio el wc de la inmundicia que ata al hombre con la vida.
Pero a los demás hombres les pasa inadvertido cuanto hacen
despiertos,
igual que se olvidan de cuanto hacen dormidos.
hay un grito, un relincho y cien lenguajes de tambores. con mandil
blanco,
mandril y deshumano, enjuago la pena en un pasadizo donde la tragedia
anda de puntillas. un hombre desciende a su abismo
hasta tocar la raíz. otra, alada, se eleva por la cumbre animal
con inaudita furia. yo contemplo, contrito y lelo, como en su infierno
los alumbra la luz
del paraíso arcano.
gilda
maldito el sucio mandil de quien me cela. gnomo sin fábula
que exclama: fe ner gan pimpamperona,
cual extático mantra tibetano. lápiz en mano apunta
arrinconándome dentro de un círculo de moscas.
u goour erun bud, u goour erun bud. me concentro. ¿no
repara
el jijuna que los muros son de hielo?.
tiemblo.
gilda, gilda, reprende, y me brotan dos sangrientas vangogh
en vez de orejas. Ya no sé si soy ella
o una sombra atascada a medio espejo.
¿dónde quedó tu aura enamorada?, susurro blancanieves.
mas, no sé quién es gilda, quién el reflejo.
quién quedó dentro de un pluscuamperfecto. ¿pero
mora alguien aquí
sin ser máquina o espectro? fe ner gan ner gan ner gan.
escucha gilda. el de a lado estrella sus huesos en la piedra y
le rechina con mudo estruendo el esqueleto. el de a lado,
piantao como benteveo en La Boca con seis gardeles en la voz
exclama desde un megáfono invisible un nombre de mujer
temiendo que lo truequen por otro impredecible. algo, algo
así como el amor.
bichofeo, tristefín, quintobé.
que vengan los mandriles.
que le hagan sudar perladas lágrimas.
que trituren en silencios el agudo eco de su voz.
los decibeles de su garganta migrañean esta testa
como sulfato en mi psicotransistor.
¡ner gan ner gan¡
¡ mandil, mandril. embóbalo con rohypnol¡.
zarandéalo hasta poner sus videojos en rewind
o coloca mil sordinas
a su delirium di tenor.
el falso ginsberg 1
he visto las brillantes mentes de mis predecesores perdidas en
lo que pareció ser episteme. al negro in electrocutado en la
conexión celestial del día con el dínamo del
cosmos; al poeta desterrado irguiéndose supranatural en la
falacia creyendo verdadero las notas del saxo entre las tribus aguarunas
de bongoé sin pentagramas; al caudillo de las hormigas cavando
su humilde sepultura en un avispero; al rebelde con las armas y los
pensamientos molidos halando de una soga pensamientos subterráneos
hasta alcanzar la mezquina altura de las calles.
Lo sé, esto evoca actos perniciosos, carece de estilo y revela
mi intimidad. Es que todo me resulta lícito. Yo no soy un budista
ni un asceta místico. Atiende en cambio a
quienes arrendaron sus cerebros a utopías impensables hasta
el control enajenado de las telecomunicaciones. de lo que se debe
y no, de acuerdo a los sacros poderes de una milicia disfrazada de
huérfana.
quienes pasaron por las universidades estatales con ojos de mil falansterios
alucinando con lima la dorada y la tragedia luminosa de ser expulsados
por creer en las hipócritas odas con las que obscenos se lucían.
Cuando yo era nene miraba como caminaban con el cerebro en los talones,
tan dichosos de saber nada, tan felices de ser nada. Y aún
siguen anestesiados por románticos please comercial here.
Jajaja es lo más cerca que estarán al amor. Contempla
a
quienes se encogieron sin afeitar y arrojaron piedras al inocente
quemándose en las brasas de su injuria, aterrados por el éxito
redoblando como una manada a través de las paredes.
quienes se jodieron sus pelos púbicos al venderse a norteamérica.
quienes comieron caviar en hoteles estrellados o bebieron champagna
en los parises de la gloria efímera para volver al terruño
paranoicos, con pesadillas tal una ceguera incomparable; calles en
la mente saltando con la ebriedad del vino bajo el neón bisoño
que abrió tarros de basura en búsqueda de la iluminación
de la mente.
Mamá mi corazón se quebró como una taza donde
destila la verdad. Ya nada me resulta distinto, comparte conmigo un
té, ya no quiero volver a casa.
No pertenezco a ninguna. Si no me crees escucha a
quienes se liberaron encadenados a sí mismos en los subtes,
prestos al viaje infinito desde jirón chincha al sancto Killca
en benzedrina.
quienes se hundieron toda la noche en la luz escuchando el crujido
del destino en la caja de música de hidrógeno.
Si no me crees interrúmpeme y mira a
quienes hablaron setenta horas seguidas de sí mismos desde
el malecón cisneros al museo de arte, vomitando susurrando
hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo
y traumas de hospitales.
quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía
y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en
sus pies..
Si no me crees interrúmpeme, y sé tú quien me
lleve por el ande, junto a
quienes desaparecieron en los volcanes dejando tras suyo nada excepto
la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía
quemada.
quienes reaparecieron en la costa verde investigando la PNP con grandes
ojos pacifistas entregando incomprensibles manifiestos.
quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos
frente a la maquinaria de otros esqueletos
¿quiénes? ¿qué me decías mamá?
anotación de enzia verduchi. Expediente 241167
madre efedrina, rescátame.
madre de todas las anfetaminas,
devuélveme la voluntad por un instante.
escucharé cien gritos y cien gritos
más se anidarán en la cabeza.
señora adrenalina, devuélveme
la paz alterada de quienes viven
sin saber de éstas paredes,
y barrotes que me resguardan.
enzia verduchi
¿a quién resguardan los barrotes, clotiapina.
es a nosotros, los bautizados como los de la psiquis
in merdis, lepra in mentis. sanctesquizoides sumidos
aeternum in digrazia?. levopromenazina, levo, levo,
razón de ancla hipodérmica que hiéndenos la idea.
acuclillado con los testículos al aire, ruego sulpiride,
libera nos semper,de onirismo agiótico, libéranos
de sedes barbitúricas. a la que no discierne il corpo singolo
de los chinescos plurales sombreados
que chirrian óxidos in sua mente.
tare tutare ture svaha.
perfuma con almizcle e inciensos estos crepusculares urinarios.
compasión chiedo a voui tara, negra, verde y apócrifa
que constituis la sancta triada con élitros de mosca por corona.
non più scualo dietro lei, non piu adrenalínicas vigilias
ni la mirilla extraviada. clopentixol opem fer. o pimpamperona
pim pim desciende hasta mi boca.
triste es el crepúsculo en los urinarios.
expediente 0007632: animalia
(anotaciones compiladas por el dr. ramos)
yo soy la yegua que con el clítoris relincha ensombreciendo
a las manadas.
(prescibir tricalma 0.25, tres dosis al día)
mi voz es dulce como el reverbero de mil flautas traversas, intensa
como el saxo, lacónica como cien quenas que embellecen
las tristes cordilleras. madre efedrina, ¿es que no reparan
en mi
mayéstica voz?. potros y padrillos acongojados pedorrean, bufan
zafo zafo, zafo zafo, tal como si mi cantar fuera
graznido rapaz de obscuro gallinazo.
(nótese sensaciones auditivas. el uso del verbo zafar en
primera persona singular es ambiguo. bien podría referirse
a la poeta safo de lesbos)
soy inmensa, tanto que al verme ejércitos de hombres
palidecen gimiendo: es el de troya,
è la troia adrenaliníca que viene a exterminarnos.
(dicha declaratoria insinúa brote andrógino. consúltese
con méndez)
¿quién yo, si no en la historia? ¿rocinante?
¿silver? ¿bucéfalo?.
tristes mascotas oprimidas por sus montas.
(constátese declaración ante la biografía
del paciente. probables brotes de egolatría. visión
trastornada de la realidad)
yo soy implacable. nadie me arredra (aunque murmuren
que mi amo azótame en alba gélida). ¿gárgola?,
¿quién dijo gárgola?.
bromperidol, una lengua impía silba,
confundiéndome con mosca entre el rocío.
jamelga cobardía de la envidia al nombrarme asémila.
es la envidia. es la envidia.
miradme, soy gigantesca.
que los psiquiatras lo constaten observándome, si no, bajo
su lupa.
la mala hierba
docdoc docdoc
de niña yo creí ser hija de la flor.
mariposa chuang tze lloraba tornasol sin saberse mariposa
alhajando los pétalos de madre. ella
acunaba el tallo exorcizando samsa pesadillas y espinaba al jardinero
que nos regaba obsesionado con forzarle la belleza.
cuánta tibieza in uterus di madre, incaricia pistilar dolce
polénica.
el paraíso, dirá usted, qué hace aquí
si creció en el álgebra arcana de lo eterno.
benzodiazepaína 0.25
mas no se inquiete. la eternidad no es fugaz,
tratábase de un sueño.
al despertar, otra vez, madre, la cerda de ruleros
que contenía océanos de llanto, otra vez su cantinella:
no crezcas mijita, no crezcas.
regístrese: rasgos esquizoides, amada por la madre
denomínala la cerda.
me infligió cien latigazos por menstruar. cada golpe
estrellaba en mi piel las cuentas del rosario
como si en este diezmado cuerpo ajusticiará
a quien cobarde un día la ultrajó.
tras cada miga su garra abría mi garganta.
me arrancaba el vómito entre espasmos.
no crezcas mijita, no crezcas. luego la dextrosa,
el vértigo, la ausencia
y sentir la migración del pensamiento hueco . la cerda susurraba:
muera mijita, muérame. cuántas veces docdoc
vi su sombra rechoncha ante el oráculo piafando: soy joven,
¿soy joven?,
ofrézcote su sangre por nunca marchitar. por ello huí
de casa.
cada noche me asfixia en su pistilo.
cada noche ella se abre al jardinero que repite: mátala
mátala.
es la hierba mala del jardín.