EL MANICOMIO
DE MEDO : LA MÁSCARA DE NADIE
Helbert López
La enajenación múltiple
de este libro es un correlato de la sensación de historia que
tenemos hoy en día, y justamente esto hace que Manicomio venga
a ser una de las obras más transversales e importantes de la
poesía contemporánea en Latinoamérica. Aquí
se dan cita infinidad de poetas, tanto muertos como vivos, y esta
diferencia es un detalle menor, porque esta escritura hace contingente
la palabra como cruda realidad de una carencia que se desconoce, y
eso la convierte en una crónica de un maravilloso naufragio
donde pasado y futuro no son mas que presente.
Héctor Hernández Montecinos
Se ha dicho, y con razón, que a la poesía peruana le
tocó reiterar de un modo la tragedia ser en sí esa
tragedia y mostrarnos como ninguna otra en estos territorios, la historia
de una imposición y las marcas incanceladas de su violencia
(Zurita, La Letra en que nació la pena) Pese a que históricamente
la poesía peruana, la literatura peruana, debió de sufrir
este encarnar la tragedia, sus poemas trascienderon- y trascienden-
esta condición para constituirse en una de las más ricas,
plurales y heterogéneas de Latinoamérica y, por qué
no, del castellano.
El Manicomio de Medo,
que verá la luz gracias a Calabaza del Diablo no está
extento de ese dolor - tan presente en Vallejo como en Hinostroza-
pero su concepción tanto poética como ideológica,
hacen de esta obra una de las más singulares y radicales que
se hayan escrito en nuestro continente. Verá el lector que
para molestia de Maurizio Medo, me estoy permitiendo reemplazar el
título original: Manicomio por otro en el que el su artífice
se vuelve en parte del espacio que ha creado. Y es que Medo en la
forja de este espacio mental, que constituye el Manicomio, no asume
la postura ancrónica de un poeta, quien oteando desde el Olimpo,
describe los padecimientos, en este caso, de una tribu de seres desplazados
a un no-lugar, al margen de la margen, en donde cada uno de manera
dantesca pareciera cumplir los designios de una condena. El sujeto
Medo hace de sí mismo un signo, un sema, se sitúa entre
los otros aboliendo el concepto decimonónico del yo poético.
Lo cito:
mamma morte, mamma morte
por la parimpamputa repítole...
-¿hablando con las
moscas, medo?.
no me joda.
(mamma morte)
Esta aparición no es aislada. Volivitamente deja absorberse
por el entorno para concluir con el adiós de m.m. Es
decir, Medo ha estado presente explícita e implícitamente
en la secuencia de sensorialidades encarnadas en Gilda Brivio “esquizoide
y psicótica”, en los trances extáticos de Alicia Liddley,
en la voz del propio claro y todos aquellos seres a los que demitifica
(Narcisco, Ionás) o critica “el can Kant”. Más que en
ningún libro se hace perceptible que en la poesía ya
nadie habla. Es decir, el Manicomio, al ser de Medo, aspecto que
enfatizo, carece de ese yo, que es ninguno, al que las ciencias literarias
parecen aferrarse más allá de su abolición. MM
(Maurizio Medo) sigue la lección de Arturo Carrera quien en
1949 publicara un libro imprescindible para las letras latinoamericanas
Arturo y yo. ¿Quién es Arturo y quién
es aquel otro personaje denominado Yo? En Manicomio ese yo
encarna esa máscara de nadie, a la que se refería Seferis.
Manicomio es un poema con muchísimos aspectos por resaltar.
Yo es todos. Es Francesca (una antirepresentación de
aquella otra de Alighieri) Es tanto Liddley como Carroll. Las barreras
de lo real y de lo imaginario son sometidas a un dislocamiento basado
en un tratamiento del lenguaje (con elementos neobarrosos) en el que
versura y versificación se yuxtaponen, en el que se deifica
la farmacopea incorporando terminazgos del vademécum a letanías
y salmos del latín sacro.
Manicomio es eminentemente un poema desacralizante pero, al mismo
tiempo de refundación poética. Me refiero a una reflexión
poetológica desde la antipoesía, a poner en evidencia
un tiempo de apoesis, a volvernos concientes de que el poeta del Olimpo
descendió a un purgatorio (el Manicomio) desde donde paga tributo
a su amor por la belleza, por insistir en la poetización donde
pareciera haber terminado la poesía.