Dialogo en La Habana
con Heberto Padilla
Viernes 19 de febrero 1971.
Cristián Huneeus
C.H. Heberto, permíteme disparar dos o tres cosas para iniciar esta conversación: me impresiona la onda de preocupación y responsabilidad moral en que se da tu poesía: es una poesía comprometida con el hombre en su situación social concreta en la civilización de hoy. En tus dos libros más importantes, El Justo Tiempo Humano (1962) y Fuera del Juego (1968), obra esta última a raíz de la cual, como se sabe, se suscitó el caso el "caso Padilla", hay una temática que veo esencialmente como la misma. Por ejemplo, el temor de la condena a nuestra época.
H.P. No, no siento yo esa condena; tampoco siento un orgullo especial por vivir en esta época y, además, es casi un tema retórico el que los poetas de cada época se sientan muy dichosos de vivir en ella. Todos exaltan la época en que viven y a pesar de que la sufren como nadie, se sienten dichosos de ser partes de esa época. Yo realmente no elegí esta época; es algo que asumiré o asumo a mi modo.
C.H. Pero Fuera del Juego es un libro puesto en la Revolución
H.P. Si, miran El Justo Tiempo Humano es una especie de antología, es un libro que resume, como dice en la solapa, libros que en algunos casos nunca se publicaron, porque eran tiempos en que no habían editoriales en Cuba. Es un libro ya viejo, un libro que llega hasta el año primero, primero o segundo, de la revolución, el año 60. El primer poema, Dones, es una especie de recuento de una vida vivida antes de la revolución, no muy larga porque yo no tenía sino 20 y pico de años cuando empezó la revolución, pero de algún modo, es un recuento de las experiencias de mi generación Por eso dice que "No te fue dado el tiempo del amor, ni el tiempo de la calma... Un viento de furia, etc.".
Estos libros, como tu dices, tienen un vínculo; es decir que si este primero se llama El Justo Tiempo Humano, segundo se podría llamar El Justo Tiempo Histórico, por ejemplo, porque el primero, este, El Justo Tiempo Humano, incide más sobre la experiencia personal, subjetiva, yo diría, del poeta.
Pero creo que en muchos sentido Fuera del Juego está contenido en ciertos aspectos de El Justo Tiempo Humano, en partes de El Retrato del Poeta como un Duende Joven, en infancia de William Blake, en donde quise establecer un diálogo entre dos épocas y justamente buscando un hecho ejemplar en un hombre como Blake, que es extraordinario para su época, que fue más allá de su época, y en otros, como en los poemas finales del libro, que ya directamente se referían al nacimiento de la Revolución Cubana, no hay duda que se planteen los elementos que aquí voy a desarrollar, pero con más intención y más obsesión, si se quiere, en Fuera del Juego.
C.H. En relación con esto, quisiera volver sobre esa preocupación y responsabilidad moral que me resulta patente en tu poesía. Cuando se piensa en Fuera del Juego yo diría incluso que tu poesía puede calificarse como poesía cívica. No sé si te guste el término, no sé si te parezca limitante. Por lo que a mí respecta, resulta un término de apertura cuando se aplica a tu poesía. Me explico. Es una poesía que asume el drama, no del individuo vuelto de espaldas al medio, como ha querido cierto crítico, sino del individuo en cuanto ciudadano, concebido en términos de esa palpitante intersección de fuerzas sociales y políticas que constituyen su exigencia mayor y su principal determinante en un Estado socialista.
H.P: Por eso yo quise decir que a mí fundamentalmente me interesa el hombre envuelto en problemas moral-políticos, digamos, y puede ser esto una limitación, yo no lo sé. Tu has hecho referencia a que ha sido mal comprendida en muchos aspectos esa poesía. El prólogo del libro donde se ataca Fuera del Juego se hace bastante obvio este problema. Se ha, diría yo, tergiversado lo que yo he querido plantear. El hombre envuelto en problemas morales y políticos, porque yo creo que ese es el hombre de nuestra época. Es decir, en estos libros hay desde el primero hasta el último una preocupación por la historia. En el mundo latinoamericano la historia ha aparecido como preocupación, pero de otro modo, de un modo muchas veces augural, profético, ético, en el sentido de que es previo al desarrollo de la sociedad. Entonces, yo estoy viviendo una experiencia desde hace muchos años, que no solo está reducida al hecho de vivir en Cuba una revolución, sino a haber vivido en otros países que hace muchos años han hecho esa revolución. He vivido en la Unión Soviética, he vivido en Checoeslovaquia, por ejemplo, en ambos países, años. Conozco casi todos o todos los países socialistas y a muchos de sus escritores. Yo diría que esta experiencia de más de 13 años ha marcado definitivamente mi formación personal.
C.H. La experiencia de vivir en el socialismo y la experiencia del contacto con los escritores socialistas...
H.P. Si, si, entre ellos hay muchos que han sido importantes para mí. No todos son poetas, por supuesto, pero también en su gran mayoría son poetas. Muchos de ellos casi desconocidos para nuestro continente, debo decirlo. Por ejemplo hay muchos poetas rusos, checos, polacos, húngaros, que son magníficos, y que a mí me interesan mucho.
Estos jóvenes, cuando les conocí, específicamente a Vozneshenski, Evtushenko, en la Unión Soviética, alrededor de los primeros años del 60,61,62, empezaban en la literatura, eran jóvenes que se iniciaban pero que tenían una madurez sorprendente en relación con la que yo en aquel momento tenía. Yo había vivido en EE.UU, en muchos países capitalistas, nunca en un país socialista, como la Unión Soviética por ejemplo. El conocimiento que ellos tenían de la responsabilidad moral del escritor en su sociedad era extraordinario, a tal punto que en tal momento yo no pude calibrar a fondo lo que esta responsabilidad significaba en la literatura. A veces la tildaba a esa literatura de demasiado obvia, demasiado, como dicen ellos, demasiado pragmática o publicista, queriendo decir cívica, como tú has empleado, a punto de que, por ejemplo, recuerdo que en muchas ocasiones-discutiendo una noche con un grupo de escritores rusos en el año 62, mas o menos, ellos decían que si tuvieran que escribir un libro- ya no recuerdo quién decía esto exactamente, pero era uno de ellos, tal vez fue Evtushenko, tal vez Vozneshenski, decía que si tuvieran que escribir un libro de poemas políticos lo llamarían Poemas Privados y si tuvieran que escribir un poema, un libro en que intervinieran las pasiones del amor, lo podrían llamar Poemas Públicos; a tal punto está imbricada la situación social, las responsabilidades, las instancias exigentes, insistentes, de la vida social en el mundo socialista, con las pasiones personales del hombre.
C.H. La cosa está precisamente allí y yo debo precisar, en parte repitiéndome, que para mí Fuera del Juego es uno de los ejemplos más brillantes y más luminosos que conozco de poesía responsable, de poesía informada por uno propósito moral, directamente dirigido, directamente vertido, hacia la vida social: hacia la vida colectiva.
H.P. Eso pienso-en el sentido de la intencionalidad. Pienso que en ese libro la historia es una obsesión, pero quizás este libro no sea tan claro para otros mundos, para otros piases que no tengan nuestra misma experiencia; es lo que me he preguntado en muchas ocasiones. Si esto que yo escribo puede ser claro para el mundo, digamos latinoamericanos. Los latinoamericanos viven todavía una fase épica en su literatura, es decir que el socialismo es para ellos un propósito a cumplir, pero que en modo alguno exigiría una reflexión sobre su práctica, sobre su existencia. Pero nosotros, a 13 años o a 10 años, de haberse creado en Cuba una sociedad socialista, no podemos escribir ya en la misma forma. A tal punto la experiencia histórica nos ha marcado. Es decir, en algunos de estos poemas hay un momento, digamos de angustia, de reflexión angustiada, en esa práctica. Y yo lo he hecho porque no he querido falsearme. Yo creo además, por experiencia personal, por el contacto que he tenido con los poetas que he conocido, en todos los piases, en el mío propio, que todos viven en alguna medida fluctuando entre la desesperación, la angustia, el entusiasmo, el proyecto. Todo, todo, lo que puede constituir la naturaleza del hombre, se hace tan evidente, se hace tan extremo, tan límite. En nuestras sociedades, que proponerse políticamente, digamos, una finalidad persuasiva o de difusión de entusiasmo revolucionario por ser, me hubiera parecido injusto, me hubiera parecido un modo de traicionarme. Tal vez no sea ésta una poesía "útil", en el sentido en que habitualmente se entienda; tal vez se espere de la poesía cubana, como siempre se esperaba o casi se exigía de la poesía y de la literatura rusa, que reflejaran, más que la realidad que vivían, el proyecto de realidad por el que luchaban.
C.H. A mí personalmente me parece que cuando se quiere hablar de "utilidad" en el arte, hay que hacer una revisión total de los conceptos. Puesto que si el arte, a mi modo de ver, el arte verdadero, el arte autentico, es siempre útil. Aunque la palabra arte y la palabra utilidad se repugnen mutuamente, el gran arte es útil. Pero en un sentido muy especial, muy peculiar, en el cual solo puede serlo el arte. ¿Cómo definido ese sentido?. No es fácil: pero se trata de que el arte penetra en aquella zona de lo propio, lo esencial, lo definitivo del hombre, que es el punto único de entrecruce de todas las relaciones, expresa todo eso y lo redime.
En ese sentido tu poesía me parece inmensamente mas "útil" para una revolución que aquella otra, la que canta el proyecto. Porque una revolución, si bien se da como un hecho externo, es fundamentalmente, creo, un hecho interno: un proceso de conciencia
H.P. Yo creo eso. Una sociedad está llena de contradicciones y de dificultades. Yo digo, por ejemplo, que la alienación persiste durante una etapa del socialismo; que no existe en la sociedad socialista todavía el agrado de participación general del pueblo, de la masa, en las decisiones. No existe. No existe todavía una articulación social que exija ésta participación, que la exprese como una necesidad. Entonces, este punto es muy importante porque hay una fase todavía de alienación que el poeta, no me queda mas remedio que decirlo, está obligado a reflejar. Yo creo que además de estar obligado a reflejar esa situación, si es consciente, tiene que escribir también una poesía de estímulo para la transformación. Existe un mundo al cual hay que persuadir de alguna manera, llevar de alguna manera por el camino que nos interesa. Pero también existe un mundo al que hay que decirle cómo es ese camino. Esto me lleva a tratar de aspectos políticos específicos que, por una serie de razones de los últimos tiempos, ni siquiera me gustaría tratar. Es tan complejo, tan difícil el problema, que podrían contra mis posiciones y argumentos levantarse otros tan válidos como los que yo puedo tener.
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