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ACERCA DE “LAS MEMORIAS DEL BARUNI” DE JOSÉ LEANDRO URBINA

Por Rodrigo Hidalgo M.

 

José Leandro Urbina es un autor de esos que cabrían dentro del catálogo de los “escritores desconocidos”. Lo que puede leerse como elogio y como una ofensa, según. Lo cierto, me parece, es que en un país en donde los lectores somos una especie en extinción, y los escritores una elite intelectual, ser un autor desconocido no debiera tomarse sino como una constatación de la realidad, un dato de la causa.

Sin embargo lo que quiero decir es que Urbina pertenece a la casta de escritores que de manera conciente, como gesto político y como reafirmación en un cierto modo de entender el oficio, se ha mantenido al margen del mundillo literario, fuera de la escena y sus polémicas.

Editorial La Calabaza del Diablo acaba de lanzar el último libro de Urbina, titulado Las memorias del Baruni (Tomo I). Urbina tiene 2 libros anteriores: el volumen de cuentos Las malas juntas, y la novela Cobro revertido, con la que fue finalista del Premio Planeta Argentina en 1993. Desde entonces que no publicaba: 16 años han pasado como testimonio de lo que estaba señalando. Urbina no está ni ahí con el star system literario. De hecho, con ocasión del lanzamiento de Las memorias del Baruni, señaló ser “un escritor aficionado. No siento la compulsión de andar regando de papel el mundo."(1)

Ahora, entrando al libro, Las memorias del Baruni (Tomo I) nos propone un juego estructural que sin ser novedoso, resulta ameno y lleno de un vitalismo notable. Me refiero a lo siguiente: Urbina se plantea en el rol de escritor-editor. Asegura haber conocido al Gordo Baruni, un diseñador de modas con pretensiones literarias que al fallecer le dejó sus memorias como legado. Urbina, a través de notas al pie, y en la introducción al libro, va saboteando a su amigo, dudando de la calidad del material que ha tenido que ordenar y editar. Con una diferencia significativa que lo favorece en términos de sentido del humor, este ejercicio de desdoblamiento hace que recordemos al Germán Marín de Círculo Vicioso, Las cien águilas y La ola muerta, donde el autor también inventa a un editor, Venzano Torres, quien desde México le va tirando líneas al escribiviente. Obvio: la similitud es aún más notoria si se toma en cuenta el otro eje de esta propuesta estructural: estamos ante obras autobiográficas, que declaran abiertamente su intención de narrar una vida con su correspondiente genealogía familiar. Cada volumen de la trilogía de Marín lleva el subtítulo de “Historia de una absolución familiar”. Del mismo modo, estamos ante el Tomo 1 de las memorias del gordo Baruni; y Urbina declara que quedan otros 4 tomos más. Así que tenemos Baruni para rato. Enhorabuena.

Enhorabuena porque luego de iniciar la lectura y detectar todo lo anterior, a uno no le queda otra que hacer la concesión y dejarse llevar, tomado de las solapas. Urbina o Baruni, quien sea que escribe, lo hace con desenvoltura, es ameno, de pluma simple y directa, con pequeños vuelos poéticos intercalados que no sobran, como para recordarnos que es un muchacho el que protagoniza la historia. Lejos de caer en una reconstrucción paisajística, poblada de datos arqueológicos o de precisiones históricas, las memorias del Baruni nos llevan al despertar sexual de este adolescente antes de y durante la Unidad Popular. Un muchacho que comienza a buscar claridad respecto de su futuro en medio de un país convulsionado, pero sobre todo que ha crecido en el seno de una familia común y corriente del barrio Independencia, en la tradicional calle Maruri. Asistimos a un retrato humano del arribismo propio de la clase media emergente, salpimentado por una cómica diversidad de personajes que se multiplican entre la numerosa parentela, entre quienes el protagonista se abre paso, rodeado principalmente por sus tías costureras, que a la sazón son el móvil y objeto de sus deseos sexuales: el ímpetu que gobierna al gordito Baruni, más allá de sus incipientes convicciones filosóficas o políticas. Resumiendo, digamos que el tono picaresco le queda a este paisaje de vidas mínimas, como el parmesano a las machas.(2)

He hecho un ligero hincapié en el aspecto humorístico del libro porque me parece acá, y para finalizar, que hay una posición escritural clara y meritoria. Urbina pertenece al tipo de escritores que lejos de buscar la invención de la pólvora a través de combinatorias entre la manoseada metaliteratura o el recurso del hipertexto, se mantiene en el registro anecdótico del relato. El origen del placer de contar cuentos. Urbina quiere contarnos su historia. Y punto. El juego del desdoblamiento como editor es un juego simple, una máscara legible hasta para el más lego. Reordenando las letras de Baruni tenemos a Urbina. Un anagrama más claro que echarle agua. No va por ahí la cosa, parece decirnos con sorna. Y sobre la misma, te suelta una serie de escenas alegres y conmovedoras. Qué más se puede pedir. Nada de fórmulas de laboratorio. Experiencias vívidas y vividas. Literatura viva. Salud por eso.

 

Una versión de este comentario se emitió el sábado 30 de mayo
por Radio USACH, 94.5 FM, 
en el programa ACCESO LIBERADO ( 14:00 a 15:00 hrs.)

 

(1) La Tercera, 29/04/2009, artículo y entrevista de Roberto Careaga C.
http://latercera.com/contenido/727_123401_9.shtml

(2) La alusión al libro de González Vera la hizo en primera instancia Camilo Marks en su comentario en el diario El Mercurio. http://diario.elmercurio.cl/2009/05/24/al_revista_de_libros/por_camilo_marks/noticias/a34f6b34-faf2-47a2-8eea-732f8f613691.htm

 

 

 

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