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“Lo importante es que los países de América Latina se unan y se organicen para darle de comer a su continente, a su gente”

Estas fueron algunas de las palabras que la escritora mexicana Elena Poniatowska Amor expresó en diálogo con escritores que participaron del Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos celebrado en la ciudad de Tulancingo, Estado de Hidalgo, México, en Octubre pasado.

Por Rodrigo Landaeta

            En el marco del Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos realizado en Tulancingo, Estado de Hidalgo, México, se rindió un homenaje a la escritora mexicana Elena Poniatowska. En este encuentro participaron aproximadamente 80 escritores de diferentes estados de México y algunos países de Latinoamérica, como Argentina, Uruguay, El Salvador, Bolivia y Chile, además de un representante del mundo hispanoparlante en EE.UU. Dentro de las actividades contempladas en el homenaje a la escritora, se concertó un encuentro entre la destacada artista y los escritores extranjeros y mexicanos. En un tono coloquial y tocando diferentes problemáticas que Latinoamérica ha enfrentado a lo largo de su historia, los escritores tuvieron la oportunidad de compartir experiencias sobre sus lugares de origen y reconocer el profundo vínculo entre los países del continente, en cuanto a la similitud y gravedad de sus problemas, como también respecto a los desafíos que nuestra cultura debe ir asumiendo.

            A propósito de la tarea del escritor latinoamericano en este panorama continental, Luis Alberto Ambroggio, quien vive en Washington y es miembro de la academia norteamericana de la lengua española, señaló que era importante hacer valer ante la comunidad de EE.UU los valores propios de la cultura latinoamericana, notablemente distintos a los valores del etnocentrismo anglosajón. Refiriéndose a la percepción que el país del norte tiene de la comunidad latina en EE.UU, planteó: “Es el gran debate allá en EE.UU, por ejemplo, se quejan porque yo hablo de hispano, pero lo hablo porque es un concepto político, no es un concepto étnico. Si nosotros vamos a hablar de latino o de azteca o tolteca, no tenemos ningún poder político, en cambio cuando digo que somos 60 millones de hispanoparlantes eso tiene peso”. Situándose en el tema, Elena Poniatowska dijo: “Lo que sucede también es que América Latina en vez de unirse camina hacia los EE.UU, todo es una lenta marcha hacia los EE.UU. México está recuperando los territorios perdidos a través de tácticas migratorias, siendo los más pobres los que recuperan esas tierras”. La escritora también se refirió al fenómeno de las remesas que los inmigrantes envían a su país: “Estados enteros en México viven de las remesas de EE.UU, Zacatecas por ejemplo, y el ex-presidente Fox tuvo la desfachatez de declarar lo bueno que era que una de las principales fuentes de ingreso después del petróleo fueran las remesas de los migrantes”. A modo de conclusión preliminar en este diálogo, Elena manifestó que “lo importante es que los países de América Latina se unan y se organicen para darle de comer a su continente, a su gente”.

            Tomando la palabra y en el tono de la discusión sobre el papel del intelectual latinoamericano en el debate social, el poeta chileno residente en Valdivia, Miguel Ángel Rojas Novoa, compartió con la mesa la experiencia que hace pocos años vivió y vive la Región de los Ríos a propósito de la contaminación de sus aguas por parte de la Celulosa Celco y la muerte masiva de cisnes de cuello de negro que esto provocó. En su intervención explicó a los presentes el proceso vivido por la ciudad y destacó la cohesión ciudadana que se produjo, expresada en multitudinarias marchas de protesta, debates, publicaciones, demandas interpuestas en la justicia y otras actividades tendientes a frenar los trabajos contaminantes de la industria. Sin embargo, según su opinión, estas fuerzas sociales pierden su potencia al no estar abaladas por una reflexión más consistente respecto de nuestra historia y nuestra cultura, haciéndose patente el papel que aquí le cabe al intelectual o al escritor latinoamericano en su contribución al espíritu de estos movimientos.

            A partir de esta intervención, el diálogo se orientó principalmente al repaso de otros casos de industrias contaminantes en Latinoamérica, como la construcción de una celulosa en la frontera uruguayo-argentina y el proyecto minero Pascua-Lama en la frontera chileno-argentina, así como casos de organización social que impidieron proyectos de este tipo, como el señalado por la poeta salvadoreña Marisol Briones en relación a un anulado proyecto minero en su país.

            Al consultársele por este panorama, Elena Poniatowska citó el título de un libro de Frantz Fanon, “Los condenados de la tierra”, para preguntarse por la condición de América Latina y el enorme poder que las transnacionales tienen en la región, pasando incluso por encima de los gobiernos. Para ella, en todo caso, el problema más terrible se presenta hoy en día con el hambre y la falta de oportunidades para la gente más pobre.

México: pobreza y periodismo en los inicios de la escritora

Instada por una pregunta de la ensayista valdiviana Claudia Gómez Cañoles, la escritora homenajeada habló sobre lo que la moviliza a escribir, indicando en este sentido que fue esencialmente su condición de extranjera la causa de su apertura a la realidad social del país que la recibía. Hija de madre mexicana, Laura Amor, y padre francés de origen polaco, a los 9 años llega a México y descubre el escándalo del hambre y la pobreza en este país, iniciándose más tarde, muy joven aun, en el periodismo. De sus comienzos en el periodismo contó que por aquel tiempo en México no se podía hablar de pobreza, ilustrando lo dicho con la siguiente historia: “Carlos Fuentes fue censor de películas, las películas que filmaban los norteamericanos en México…por ejemplo, si atravesaba el set un perro flaco, lo único que tenia que hacer Carlos Fuentes era decir: ‘corte, corte, este perro denigra a México’ y entonces rápidamente sacaban al perro para que no apareciera”. Luego se extendió en sus evocaciones, diciendo: “Eso yo creo que era una actitud de presentar una imagen que no era la realidad y en los periódicos tú nunca podías hablar de la pobreza, podías entrevistar a alguien que tuviera un oficio pobre, afilador de cuchillos o camotero o la señora que hace quesadillas a flor de acera. Todo eso me marcó porque no era mi mundo, no lo había yo visto. Entonces apenas pude empecé a escribir sobre lo que hacia la gente más pobre los domingos, cómo pasaban su domingo, por ejemplo, las que trabajan en el servicio, las muchachas, que algunas tenían tan poco dinero que se iban a sentar al camellón, a una especie de pasto verde, a ver pasar los automóviles, se ponían su suéter color salmón, su suéter de dibujitos, su suéter lila, y ese era su domingo, porque no tenían con qué hacer otra cosa. Y todo eso yo creo que finalmente tuvo que ver en que después dijera, bueno, voy a escribir un libro, que se llama “Todo empezó en Domingo”, que lo hice con un grabador que se llama Alberto Beltrán, y luego empecé mucho a ir a la cárcel, ¡porque me escribieron!, todo fue como casual, como que yo no tomaba decisiones, finalmente uno no decide tanto en la vida, creo, las cosas se van hilvanando, van sucediendo”.

 

 

 

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“Lo importante es que los países de América Latina se unan y
se organicen para darle de comer a su continente, a su gente”.
Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos.
Tulancingo, México, Octubre de 2007.
Por Rodrigo Landaeta.