FILHO de LADRAO. Edición portuguesa de
1956.
WARTET, ICH KOMME MIT. Edición alemana de
1955.
IL
FIGLIO DEL LADRO. Edición italiana de 1955.
FIGLIO DI LADRO. Edición italiana de 1968
SON
TILL EN TJUV. Edición sueca de 1958
HIJO
DE LADRÓN. Edición de 1981.
HIJO
DE LADRÓN. Edición de 1968.
HIJO
DE LADRÓN. Edición de 1970. Con ilustraciones de Jorge
Délano
Última edición del libro de Manuel Rojas de
1998.
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..... Uno de aquellos
individuos era el escritor Alfonso Calderón, en aquel tiempo un
joven impetuoso que, en su calidad de admirador del estadounidense
William Faulkner y del francés Jean Paul Sartre, tenía la
esperanza de que la obra de Rojas fuera el hito urgente que
requería la novela nacional para renovarse. Su anhelo no se vio
defraudado. "Hijo de ladrón fue un acto revolucionario en
la literatura chilena tanto como la edición clandestina de Canto
General, un año antes", sostiene Calderón medio siglo
después. ..... En sus páginas halló
todo cuanto esperaba: un relato vivido que aplicaba técnicas
modernas a un tema criollo, consiguiendo de esa forma un libro
universal que a la vez, según el crítico Naín Nómez, se interna
lúcidamente en la chilenidad. Sin embargo, como suele ocurrir con
todas las obras que dejan huella, las opiniones opuestas se
superponen sin anularse mutuamente. Así, el cronista Luis Sánchez
Latorre afirma: "Hijo de ladrón le devolvió a la literatura
latinoamericana la comprensión personal, el testimonio humano, que
se había perdido con la supremacía de la técnica impuesta por el
conocimiento de autores de otras lenguas. Con los años uno se
aburre con las novelas de laboratorio, se aburre de leer a Joyce,
a Roberto Musil, todos muy interesantes sin duda, y valora más la
autenticidad, la tierra, la vida simplemente". ..... Este libro parece tener existencia
propia. Al conmemorarse el cincuentenario de su publicación, su
creador es, a juicio de colegas y lectores -como alguna vez dijo
el autor de Eloy, Carlos Droguett-, "el más grande novelista
chileno del siglo XX, aunque él opine otra cosa". ..... Rojas fue un hombre de carácter
reservado que no hacía aspavientos de sus triunfos. "Siempre
estaba a la defensiva -recuerda Luis Sánchez Latorre-, como
diciendo que él ya venía de vuelta, y por eso no se esmeraba en
ser atento con los demás. Y era verdad. Su juventud fue muy dura,
un día comía, otro no. En suma, era desconfiado". ..... A esa descripción, en cualquier caso,
habría que añadirle las palabras de la doctora Paz Rojas, su hija:
"Nunca hablaba demasiado de sus libros, pero sobre las personas
que conocía, sí. Demostraba su riqueza interior con una mirada
permanente sobre la gente; de hecho, podía estar horas dialogando
con unos campesinos a la orilla del Río Maule o con los pescadores
de El Quisco. Escuchaba antes que nada". ..... Esta cualidad de oyente se refleja, en
cierto modo, en su novela cumbre. La apropiación que hizo para la
literatura nacional del monólogo interior, la combinó con lo que
Naín Nomez llama "la narración múltiple de la historia". "Los
hechos -explica el crítico- los cuentan varios personajes al mismo
tiempo y en ese sentido fue un escritor que rompió con el relato
lineal que imperaba en su época". Dicha circunstancia, reconoce
Nómez como lector, al principio se le presentó como una
dificultad, ya que "es un libro bastante reflexivo y escaso de
acción, todo el trabajo consiste en una síntesis del pasado y el
futuro en tres días. Sin embargo, en mi segunda lectura me di
cuenta que el lector tiene que ser activo, acompañar al
protagonista, meterse en sus dudas". ..... El libro sutilmente se desplaza entre
la ficción y la realidad. Relata sin mayor orden cronológico las
desventuras de Aniceto Hevia (el alter ego de Rojas) en su viaje
desde Argentina a Chile. El desamparo es completo. Al llegar a la
pubertad se descubre abandonado por sus padres y hermanos y debe
buscar el sustento a cualquier precio, incluyendo el
delito.Comienza así un largo peregrinaje hacia las tierras
originarias de sus progenitores, ambos chilenos, aunque la
historia comienza después, cuando se halla en una cárcel de
Valparaíso. ..... En la vida real,
Rojas jamás practicó la delincuencia, pero sí conoció a fondo el
hambre. "Supe qué era el hambre -expuso en sus memorias de
infancia-, no un hambre cualquiera sino una que puede hacer llorar
a un niño, no porque no le hayan querido dar de comer sino porque
no hay nada que comer". Con su obra maestra, Manuel Rojas procuró
convertir en realidad su gran ideal literario: hacer que la vida y
la escritura fueran experiencias idénticas.
EL HOMBRE
MONTAÑA
..... Cuenta
el escritor José Miguel Varas que conoció a Rojas, cuando sólo era
un niño, en una de las boleterías del Hipodromo Chile. En ese
tiempo, el autor ya había enviudado de su primera mujer, María
Baeza - a quien le dedicó su hermoso poema Deshecha Rosa
(LOM Ediciones)-, y se había conseguido el trabajo en el recinto
hípico para mantener a sus tres hijos, María Eugenia, Paz y
Patricio. Varas recuerda que se acercó a mirarlo y no pudo:
únicamente vio su abdomen. Rojas fue un hombre corpulento, de
estimable estatura, rostro tosco y hablar pausado. Parecía una
montaña. Y si bien toda su vida tuvo un credo anarquista, nunca
fue un hombre violento. "Cuando se encontraba con sus amigos
anarquistas de juventud -señala Varas-, ya viejos y generamente
míseros, los llevaba a su casa y trataba de ayudarlos de alguna
forma". ..... Para Varas, la
aparición de Hijo de ladrón fue "un acontecimiento literario como
se han visto pocos en Chile. Por primera vez a quienes en ese
entonces éramos jóvenes se nos mostraba el país real, con
personajes populares auténticos, con poesía, con verdad y garra
literaria". ..... El recuerdo que
Rojas dejó por escrito de su propia obra es menos entusiasta.
Según sostuvo en su Antología autobiográfica de 1962
(reeditada en 1995 por LOM Ediciones), tras la muerte de María
Baeza y agobiado por las dificultades económicas, de pronto le
surgió el anhelo de componer una novela. Cuando tuvo terminado el
texto, tras someterlo a acuciosas correcciones en su casa de El
Quisco, lo presentó en 1950 a un concurso de la Sociedad de
Escritores -de la que fue presidente en 1937- y lo perdió ante la
novela Infierno gris, de Joaquín Ortega Folch. El crítico Alone
reaccionó ante el dictámen y acusó al jurado de compadrazgo, más
aún después que se supo que sus integrantes (Carlos Préndez
Saldías, Alberto Romero y Eduardo Barrios) calificaron la obra de
Rojas de "procaz". ..... Pero no
estaba dicha la última palabra. Tras una nueva revisión, y luego
de cambiarle el nombre de Tiempo irremediable por Hijo
de ladrón a sugerencia de su amigo el escritor argentino
Enrique Espinoza, Rojas llevó su escrito a la editorial Zig-Zag,
donde se lo rechazaron. Por fin logró la aprobación en Nascimento
y a mediados del ´51 salió de las prensas. En la actualidad
Zig-Zag tiene los derechos exclusivos de la mayor parte de sus
libros y obtiene importantes ganancias con sus ventas. ..... El éxito de Hijo de ladrón se debió en
buena medida al rudimentario, pero vigoroso marketing con que
promovieron el libro los dueños de la editorial. Rápidamente
atrajo a los lectores y a estas alturas, a juzgar por las
innumerables ediciones ( 30 en español ), se puede afirmar que ha
sido leído por cientos de miles de chilenos y latinoamericanos (
ha sido traducida a 15 idiomas ).
LA NACIONALIDAD CONQUISTADA
..... La magia
del libro se cristaliza, en el caso del escritor Ramón Díaz
Eterovic, en una afirmación rotunda: "Es la mejor novela chilena
del siglo pasado. La literatura de Rojas me conmueve más que el
mundo de José Donoso. Para mí es un hito, un referente". Coincide
con Ramón Díaz el poeta y narrador Enrique Volpe, quien además de
concordar en lo concerniente a Donoso, destaca en Hijo de ladrón
"su virilidad constante, el fatalismo de raza, esa resignación
violenta que fácilmente se puede convertir en una rebeldía en que
no importa morir o dar muerte cuando sucede una
desgracia". ..... Con alguna mesura,
pero similar admiración, se expresa el novelista Carlos Cerda. "Es
muy sensato decir que es la novela con que Chile entra a la
literatura del siglo XX", afirma. "Manuel Rojas, además, fue quien
criticó en los narradores chilenos la ausencia de un mayor vuelo
de ideas, de una mayor profundidad filosófica. Este
cuestionamiento fue válido para los escritores viejos de su tiempo
y ahora es válido para los jóvenes actuales que tampoco
profundizan". ..... Por su parte,
Enrique Lafourcade detiene su mirada en el elemento autobiográfico
de la novela. Sus méritos irían por el lado de "lo coloquial, lo
confesional, el adolorido vivir de los hombres de abajo,
indocumentados, cesantes, solitarios. Me parece advertir en esta
obra una buena parte de las señales de identidad de nuestro ser
chileno". ..... Por su
parte, Enrique Lafourcade detiene su mirada en el elemento
autobiográfico de la novela. Sus méritos irían por el lado de "lo
coloquial, lo confesional, el adolorido vivir de los hombres de
abajo, indocumentados, cesantes, solitarios. Me parece advertir en
esta obra una buena parte de las señales de identidad de nuestro
ser chileno". ..... Este punto es esencial. En verdad,
Rojas nació en un barrio de Buenos Aires, pero desde niño tuvo
conciencia de ser chileno. Sus padres provenían de este costado de
la cordillera. En ese sentido, Hijo de ladrón se puede leer como
su particular batalla para alcanzar la nacionalidad chilena,
cuestión que lograría al hundirse en la misería de Valparaíso. No
por capricho el escritor dijo de sí mismo: "Nada se te dará
fácil". |