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Sylvia Plath: Una retratista trágica de la naturaleza

Emma Villazón Richter

“¡Una mujer que escribe siente demasiados trances
y arrobamientos!.
Como si bicicletas, chicos e islas
no fueran demasiado; como si duelos, chismorreos
y vegetales nunca fueran demasiado.

Piensa que puede amonestar las estrellas,
porque una escritora es esencialmente una espía”.
Anne Sexton

La poesía, a diferencia de las otras formas literarias, es la expresión subjetiva de la realidad psíquica de una persona, es una suerte de alambique a través del cual alguien dice su experiencia personal de una forma, también, particular. La poesía surge, por lo tanto, de las relaciones cognitivas y empíricas que el poeta establece con el mundo, y es el producto de un acto de reflexión que se propone rasgar el lenguaje cotidiano. Al menos, así se concibe la poesía cuando se lee a Sylvia Plath. En sus textos, se percibe el objetivo de hablar de una forma no idéntica al lenguaje coloquial, sino de una manera parecida a la coloquial, para detrás de ese barniz o lienzo manifestar una percepción arrolladora y brutal de una realidad personal.

Bajo esta concepción, podríamos decir –recordando a Pizarnik- que un poema, en general, es una carta que nos habla en un idioma raro, pero con palabras de este mundo, sobre una realidad que no precisamente se refiere a este mundo inmediato.

Acaso alguien le diría a su madre, después de cenar mientras se acerca a una ventana:

No es una noche para ahogarse:
luna llena, río negro
bajo un suave brillo de espejo(1)

Seguramente que no, nadie se comunica a nivel pragmático a través de versos. Un poema no se intercambia en una cocina, no tiene la finalidad de servirnos para pasarnos la sal, sino para algo que trasciende ese tipo de actos. Justamente aparece la inclinación poética debido a la necesidad de registrar una forma de hablar que rompa el lenguaje coloquial, porque éste ya no abarca lo que quiere decir el poeta. Ésta es una de las razones por las que el poeta es conocido como un loco que canta sobre sirenas o monstruos de otro mundo, o una de las razones (como diría Leopoldo María Panero) por las que la poesía puede resultar ininteligible para algunos o, en ciertos casos, aparentemente carecer de sentido para otros(2). De todas maneras, el misterio del acto poético subyace en que alguien está queriendo hablarnos más allá del lenguaje común.

Estos pensamientos nos vienen a la cabeza, cuando leemos a Sylvia Plath. La poesía como un testimonio de una incapacidad para vivir como el resto, o al menos para adaptarse a las circunstancias y fenómenos naturales que impone la vida. Comprendemos que a través de la poesía, Plath desea hablar sobre su fracaso para estar e integrarse con los seres y las cosas que la rodean, y que escribe porque le es difícil comulgar con ella misma y con su medio. A diferencia de otras poetas que buscan ser a través del lenguaje poético, Plath escribe para explicarse a sí misma por qué no puede coincidir con la vida:

“He cosido vida dentro de mí como un órgano raro,
y caminé con cuidado, precariamente, como si hubiese
algo raro.
He tratado de no pensar demasiado. He tratado de ser natural.
He tratado de ser ciega en el amor, igual que otras mujeres,
ciega en mi cama, con mi dulce ciego querido,
sin buscar, a través de la espesa oscuridad, el rostro de otro.” (3)

Las preocupaciones de la poeta están centradas en una visión trágica de la vida, pues es en ella donde recaen acontecimientos atroces, ajenos a su voluntad, como los cambios que experimenta su cuerpo a través del embarazo o la vejez, o el tener que vivir con la dualidad cuerpo- espíritu, en una disyuntiva entre culpa y pureza. Mientras que entre los aspectos del mundo exterior que la lastiman, están la uniformidad o vacío existencial de la gente que vive como autómata, y la naturaleza vegetal y animal que aparece en su obra como un elemento silencioso y perturbador.

Un rasgo destacable en la obra de Plath es la persistencia de la primera persona del singular, toda su obra está regida por la fuerza de un yo que lucha contra las circunstancias que amenazan destruirlo. Los poemas se escriben como retratos de estados anímicos, como pinturas donde los seres están dotados de plasticidad y todos ellos sufren el proceso de devastación que interiormente sufre quien habla:

“Recuerdo un ala blanca y fría
y el gran cisne, con su aspecto terrible,
viniendo hacia mí, como un castillo, desde lo alto del río.
En todo cisne hay una serpiente.
Se deslizaba; su ojo tenía un oscuro significado.
En él vi el mundo –pequeño, negro y cruel,
cada pequeña palabra enlazada con otra pequeña palabra,
un acto con otro acto.(4 )

Para entender la calidad pictórica de la poesía de Plath, es conveniente que revisemos el concepto de naturaleza y luego pasemos a analizar los espacios de su poética.

Según, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la naturaleza, en el sentido que nos interesa, es equivalente “al conjunto, orden y disposición de todas las entidades que componen el universo”(5). Apoyándonos en esta definición, se pueden establecer como paisajes naturales y recurrentes en la obra de la poeta: los melancólicos y fríos campos ingleses donde se cruzan pájaros, abejas, faisanes, serpientes, perros, caballos y extienden sus ramas algarrobos, bayas e higos, entretejiendo un ambiente onírico, teñido de un intenso dramatismo y extrañamiento. La visualización de estas características, llamadas por algunos estudiosos como un rasgo gótico en la poética de Plath, se descubre en este fragmento de Poema para un cumpleaños:

“En la plaza del mercado amontonan ramas secas.
Un matorral de sombras no es un buen abrigo. Habito
mi propia imagen de cera, el cuerpo de una muñeca.
El malestar comienza aquí: soy blanco de las brujas.
Sólo el diablo puede con el diablo.
En el mes de las hojas rojas, me subo a un lecho de fuego.
  
Es fácil culpar a la oscuridad: la boca de una puerta,
el vientre de la bodega. Han apagado mi bengala.
Una dama vestida de negro me tiene encerrada en una
... .... ... jaula de oro                             
Intimo con un espíritu peludo.
El humo da vueltas desde el pico de este frasco vacío.(6)

Para comprender esta inclinación pictórica de la poeta, cabe mencionar y revisar los comentarios que vertió Ted Hughes sobre sus poemas. En el libro de poemas Ariel, de Plath,traducido y comentado por Ramón Buenaventura, tenemos algunas citas de Hughes. Sobre el poema Tótem, Buenaventura recoge estas opiniones del controvertido esposo de la poeta:

“Según Ted Hughes, Sylvia Plath explicó en una charla que este poema era una ‘pila de imágenes conectadas, como las de un mástil totémico’.

También según Ted Hughes: el alba dora a los granjeros. ‘Está imaginando a los granjeros del lado Oeste en el tren de primera hora de la mañana, camino de Londres, del gran mercado de carne de Snithfield, cuyas ‘blancas torres’ veía ella desde Primrose Hill durante su estancia en Londres.

            En el cuenco de la liebre… ‘Un cuenco pirex que usó tanto para la placenta de su hijo como para el cuerpo despellejado de una liebre”.(7)

Otro fragmento de Buenaventura que apoya nuestra posición es aquél sobre el poema Gulliver, en el que Sylvia Plath menciona al pintor Carlo Crivelli, y Buenaventura señala a éste como un pintor veneciano en quien los críticos hallan un expresionismo insólito, añadiendo además la poeta pudo ver el cuadro, al que se refiere en el poema, en el Museum of Fine Arts de Boston.(8)  

Si bien como se ha mencionado tantas veces, la poesía de Sylvia fue influenciada directamente por la propuesta estética de Robert Lowell, la obra de Plath se aparta del confesionalismo de Lowell en el periodo artístico en que su yo poético se transmuta en paisajes imaginarios y habla a través de una naturaleza llena de raras y poderosas imágenes, que parece surgir desde las raíces mismas del inconciente de la autora. Como lo vemos en El Coloso y Carta de amor:
                                   
“…Abro mi almuerzo sobre una colina de cipreses negros.
Tus huesos aflautados y tu pelo de acanto desbordan
                       
su antigua anarquía hasta la línea del horizonte.
Haría falta más de un rayo
para crear una ruina así.

De noche, me acurruco en la cornucopia
de tu oreja izquierda, al abrigo del viento,

y cuento las estrellas rojas, y las de color ciruela.” (de El Coloso) 9
     
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“…El árbol y la piedra brillaban, sin sombras.
Mi dedo se alargaba y rutilaba como cristal.
Comencé a brotar como una rama en marzo:
Un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.
De piedra a nube, así ascendía.
Ahora parezco una especie de dios
y floto en el aire con el rumbo del alma,
pura como una lámina de hielo. Es un don.” (de Carta de amor) (10)

Su gusto por describir, casi pictóricamente, estados anímicos no es casual cuando descubrimos en el poema Dos vistas de una sala de cadáveres una descripción de un cuadro de Brueghel. Al parecer, Plath concebía su creación poética como la de un dibujante de cuadros expresionistas, en los cuales se planteaba crear con fuerza y originalidad imágenes extraordinarias y no necesariamente ligadas a su biografía, pero que impactaran por los colores, las formas y el tono agudo y dramático, ese tono característico de su voz que fluctuaba entre la búsqueda de una afirmación existencial y un sentimiento de pérdida y rechazo.

Este último aspecto, el tema de la dificultad por integrarse a la vida, mencionado a un comienzo del ensayo, se nota especialmente en Tres Mujeres, obra que Plath presentó para la BBC de Londres como un texto para ser representado. El tema trata la escisión de la identidad femenina durante el proceso del embarazo y el parto. En este poema - drama los versos de la autora brotan turbulentos compaginando una visión aterradora de la vida, en la cual la mujer después que ha sufrido los fenómenos naturales de la fertilidad y el alumbramiento sólo puede respirar un aire de muerte. El tono de voz de las tres voces femeninas que integran la obra no admite posibilidades para la mujer de salir ilesa de la experiencia del parto. En este trabajo, pareciera que la flauta mágica de la poeta nos revela la vida como un violento e invisible proceso de destrucción. 

“He visto la muerte en los árboles desnudos. Una privación.
No podía creerlo. ¿Es tan difícil
para el espíritu concebir una rostro, una boca?
Las cartas proceden de estas negras teclas, y estas negras teclas
proceden
de mis dedos alfabéticos, ordenan partes.

Partes, fragmentos, engranajes, brillantes mecanismos.
Me muero al sentarme. Pierdo una dimensión.
Rugen trenes en mis oídos, ¡salidas!, ¡salidas!...

Me descubro deficiente.
Esta es una enfermedad que me llevo a casa, es una muerte.
De nuevo, esto es una muerte. ¿Es el aire,
las partículas de destrucción que aspiro? ¿Soy
un pulso que disminuye y disminuye, enfrentándose al frío ángel?
¿Es éste mi amante, entonces? ¿Esta muerte, esta muerte?
De niña, amé un nombre mordido por el liquen.
¿Es éste el único pecado, este viejo amor muerto
de la muerte?” (11)

Indudablemente la maestría de Plath  trasciende el mito de su muerte y de su personalidad, se encuentra en los brillantes versos prosaicos que compuso a manera de pinturas, y que tocan con desconsuelo y furia las tragedias de la vida contemporánea y la experiencia íntima de una voz femenina. La voz de Plath pareciera querer decirnos a lo largo de su obra, en un susurro perturbador, que nunca estuvo preparada para la vida. Pareciera querer contarnos que ése es su problema, pero tiene el talento de hacer incluso más: mostrarnos su voz como la de un ángel desarraigado.

 

 

Bibliografía:

(1) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema Lorelei, pág. 29.

(2) PANERO María Leopoldo, Y la luz no es nuestra, editorial Libertarias/ Prodhufi, Madrid España, del Ensayo Entender la poesía, pág. 15.

(3) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema Tres Mujeres, pág. 10.

(4) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema Tres Mujeres, pág. 9

(5) Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, editorial Espasa Calpe S.A., Madrid España, 1970, pág. 912.

(6) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema para un cimpleaños, pág. 38.

(7) PLATH Sylvia, Ariel, editorial Ediciones Hiparión, Madrid España, 2003, pág. 188.

(8) PLATH Sylvia, Ariel, editorial Ediciones Hiparión, Madrid España, 2003, pág. 184.

(9) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema El Coloso, pág. 45

(10) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema Carta de amor, pág. 58

(11) PLATH Sylvia, Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal, editorial Mondadori, Madrid España, 1999, Poema Tres Mujeres, pág. 8 y 9

 

 

 

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